Y el ministro de Economía es...

Cabe la posibilidad de que el presidente aproveche esta oportunidad para efectuar la remodelación de su Gobierno que le piden desde su partido para ver si con caras nuevas el PP remonta en las encuestas

Curri Valenzuela
MadridActualizado:

Que Mariano Rajoy no vaya a nombrar a su nuevo ministro de Economía antes del viernes, como dijo ayer, alienta las esperanzas de los dirigentes de su partido que esperan que la designación vaya acompañada de una remodelación del Gobierno para ver si con caras nuevas su partido remonta en las encuestas. Pero todo es especulación, con mucho secreto. Nadie sabe hoy lo que va a hacer. Incluso, es posible, él mismo.

El presidente no tiene cuaderno azul, pero es predecible. Incluso presume de serlo, así que lo más probable es que acabe eligiendo a una persona con experiencia y con la que mantenga una buena relación personal. En su entorno señalan que no parece que tenga ganas de hacer cambios, que Rajoy se encuentra cómodo con el Gabinete actual y con el equilibrio de poderes que ha conseguido después de varios años de tensiones internas y, sobre todo, que la crisis catalana le impide someterse a ningún riesgo. No va a cesar a Soraya Sáenz de Santamaría, por poner un ejemplo, mientras desempeña el cargo de presidenta de la Generalitat. Ni sería lógico que cambiara de cartera a Álvaro Nadal, inmerso en una guerra contra las eléctricas.

Muchas han sido, sin embargo, las presiones del partido y los consejos de la gente con la que Rajoy habla. En las últimas semanas le han venido animando a que dé un golpe de timón e incorpore al Gobierno alguna figura relevante para dinamizar el PP, que ya prepara las municipales y autonómicas (quizás también generales) del año que viene y que tiene a Ciudadanos pisándole los talones en la intención de voto que recogen los últimos sondeos. El nombre que más suena en estas quinielas es el del exministro Josep Piqué.

Pero también se baraja la posibilidad de que Rajoy repita la jugada con la que sustituyó a Ruiz-Gallardón cuando dimitió en Justicia. Sonaron muchos nombres para sucederle, pero el presidente recurrió a la solución más predecible: la de nombrar a Rafael Catalá, que anteriormente había sido secretario de Estado de Justicia y con el que mantenía una antigua amistad. En ese caso, los nombres más obvios son los de Fernando Becker, que acaba de abandonar Iberdrola y es antiguo amigo del presidente; Román Escolano, que como Becker presidió el ICO y actual vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones; o Eva Valle, actual jefa de la Oficina Económica de la Moncloa.

Curri ValenzuelaCurri ValenzuelaArticulista de OpiniónCurri Valenzuela