El camping «Las Nieves», en Biescas, dos días después de la riada que inundó la zona y dejó 87 víctimas mortales - ARC

Veinte años de la tragedia de Biescas: «Fue la destrucción absoluta, como una zona de guerra»

La devastadora riada que arrasó un camping situado en una zona inundable de Huesca mató a 87 personas e hirió a otras 187

ZaragozaActualizado:

Veinte años después, la tragedia del camping «Las Nieves» de Biescas sigue siendo la peor catástrofe natural ocurrida en España en los últimos 45 años: 87 muertos y 187 heridos, víctimas de la brutal riada que provocó una no menos monumental tormenta. Se llevó por delante al que era uno de los más afamados campings del Pirineo aragonés, con capacidad para cientos de personas, que en la tarde del 7 de agosto de 1996 estaba en plena temporada alta turística.

Veinte años después, los terrenos que ocupó el camping son campo abierto, uno más para quien sea ajeno a ese enclave. Junto a él se acaba de inaugurar un parque con un monolito en memoria de las víctimas de esa tragedia.

«Aquello fue la destrucción absoluta, la devastación total, parecía una zona de guerra», recuerda el alcalde de Biescas, Luis Estaún, que lo era también entonces. Aquel 7 de agosto tuvo que enfrentarse a una situación límite con menos de dos meses en el cargo. Cuando se produjo la tragedia acababa de estrenarse en la política municipal, tenía 28 años y llevaba menos de dos meses al frente del ayuntamiento. «Aquello es imposible de olvidar. Fue una tormenta tremenda, inusual. Nada más llegar al camping ‘Las Nieves’ me topé de lleno con el desastre: gente deambulando sin rumbo, desorientada, personas a las que la riada las había desnudado y trataban de reponerse de la avalancha...».

Las casas de Biescas se abrieron de par en par para acoger a los supervivientes. Los heridos iban acumulándose en el limitado centro de salud de la localidad y las tareas de evacuación de los que estaban más graves se complicaban, porque la riada también se había llevado por delante un tramo de la carretera nacional que comunica a Biescas. Fueron horas de desesperación, pero también de solidaridad colectiva en estado puro.

El último cadáver, un niño

Las tareas de recuperación de cadáveres se prolongaron durante días, muchos. Unas semanas después, cuando se dio por finalizado el dispositivo, la lista de fallecidos se elevaba a 86. Faltaba uno, un niño de 6 años que seguía desaparecido. Se trataba de Xavier Martínez Domenech. Su cadáver apareció un año después, el 28 de julio de 1997. Afloró cuando las máquinas movían el terreno para reparar el cauce del barranco próximo a donde estaba el camping.

«Algo así es imposible de olvidar. A mí me afectó muchísimo, estuve un mes sin lograr conciliar el sueño. Las imágenes que me quedaron grabadas en la memoria eran muy difíciles de digerir», cuenta a ABC José Gracia Nerín. Ahora tiene 72 años y es presidente de la agrupación de la Cruz Roja en la comarca pirenaica del Alto Gallego. Cuando se produjo la tragedia de Biescas era voluntario de Cruz Roja y hacía menos de dos meses que había dejado la política -había sido alcalde de Biescas, diputado provincial y parlamentario autonómico-. «Cuando llegamos nos encontramos un panorama desolador, el camping arrasado, una imagen terrorífica que fue siéndolo todavía más conforme pasaron las horas. En apenas 40 minutos el agua había barrido por completo uno de los mejores campings del Pirineo». «Me sigo emocionando al recordarlo. Tengo grabada esa imagen de los primeros minutos, de gente que corría sin saber ni lo que les había pasado». José Gracia Nerín recuerda que el cadáver número 86 fue recuperado más de dos semanas después, de entre unos escombros.

Una de las víctimas mortales fue la madre de Oriol Espinosa. Él tenía 19 años. Era su segundo veraneo familiar en el camping «Las Nieves». Estaba con sus padres, su hermano, un tío y un sobrino. Recuerda que no hubo tiempo de reacción: «La riada creció de forma devastadora en cuestión de segundos. Nos arrastró con una fuerza tremenda y llegó a mover rocas de decenas de toneladas. Por entonces era nadador profesional y eso me ayudó. Supe apartarme del cauce y logré agarrarme a un árbol», recuerda. «Una tragedia así te deja una doble experiencia: la emocional, la dramática pérdida de un ser querido; y la vital, porque te cambia el modo de ver las cosas, de encarar la vida».

Las indemnizaciones

La familia de Oriol Espinosa se cuenta entre las pocas que no han cobrado al completo las indemnizaciones fijadas por lo ocurrido. No se sumaron a tiempo a la demanda colectiva de los damnificados. Cuando, en 2005, se hizo pública la sentencia que condenaba al Estado y al Gobierno aragonés a indemnizar con más de 11 millones de euros a las familias de los muertos en el camping de Biescas, pidieron que fueran tenidos en cuenta a todos los efectos como víctimas que habían sido. Lo lograron solo en parte. «El Gobierno de Aragón si nos pagó la mitad de la indemnización, pero la otra mitad que debía aportar el Estado no ha llegado», explica.

Que la tormenta fue inusual es algo que certifican los lugareños. Da fe de ello José Antonio Navas, otro vecino de Biescas que acudió a auxiliar nada más producirse la tragedia. Sacó dos cadáveres. «El camping estaba arrasado por completo, como si hubiera reventado un embalse. Había supervivientes a los que la riada les había arrastrado cuatro kilómetros. Siempre ha habido tormentas fuertes, pero una de esa envergadura jamás la he visto, fue bestial y provocó una riada de un poder devastador increíble».

Pudo haberse evitado

En una hora escasa descargaron 160 litros por metro cuadrado. Y -letal combinación- el camping estaba enclavado en una zona inundable, en el área directa de un barranco, el de Arás. Era difícil una avalancha tormentosa de esa índole, pero no imposible. Lo había advertido un técnico de la Administración autonómica cuando, en su día, emitió un informe durante la tramitación de los permisos de apertura del camping. La Administración, sin embargo, ignoró esa advertencia.

Este hecho lo remarcó la sentencia dictada por la Audiencia Nacional en diciembre de 2005, casi diez años después de la tragedia y cinco años y medio después de que la Audiencia de Huesca archivara la causa penal abierta por lo ocurrido. No hubo responsabilidades penales -la Audiencia de Huesca entendió que una riada de esa envergadura era «imprevisible»-, pero sí condena civil. La Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional fijó una indemnización de 180.000 euros por fallecido en esa tragedia. La cantidad se elevó a 210.354 euros por víctima mortal para un joven que, aquella tarde, con solo 16 años, se quedó sin padre, sin madre y sin sus dos hermanos pequeños. La sentencia destacó que era de justicia indemnizar de forma especial a ese joven por «un hecho tan brutal».

La Audiencia Nacional sí que concluyó que la tragedia podía haberse evitado, que había información suficiente -un informe técnico oficial- como para no haber autorizado la instalación de un camping en una zona de riesgo de inundación entre montañas. Exoneró de toda culpa al propietario del camping y al Ayuntamiento, porque consideró probado que no tuvieron responsabilidad alguna. Quienes la tuvieron -subrayó la sentencia- fueron el Gobierno aragonés y la Confederación Hidrográfica del Ebro (Estado), las administraciones a las que les correspondía velar por la seguridad a la hora de conceder o no los permisos. De hecho, en 2004 el Gobierno aragonés aprobó una nueva normativa que endureció los requisitos técnicos y de seguridad exigibles para autorizar el funcionamiento de campings, con especial prevención en el apartado de riesgos naturales.