Pedro Sánchez besa a Elena Valenciano en 2014
Pedro Sánchez besa a Elena Valenciano en 2014 - IGNACIO GIL

El último naufragio europeo de Pedro Sánchez

El líder del PSOE rechaza que Elena Valenciano presida el grupo socialista europeo en Bruselas

MadridActualizado:

Pedro Sánchez descarta que sea el momento de que el PSOE puje por ocupar la presidencia del grupo socialdemócrata en el Parlamento Europeo, al que aspira Elena Valenciano, ex vicesecretaria general del PSOE y actual vicepresidenta del grupo parlamentario en Bruselas.

Después de varios días despejando la polémica y evitando brindarle su apoyo, lo que en la práctica se entendía ya como un rechazo, ayer el PSOE puso de manifiesto el poco entusiasmo que suscita en Ferraz. Tras anunciar hace unas semanas que no apoyarían a Luis de Guindos como vicepresidente del BCE porque no era una mujer, Sánchez rechaza apoyar a una mujer que fue número dos de su partido para que sea uno de los principales rostros del socialismo europeo.

En un partido todavía conmocionado por las primarias pero con los críticos renunciando a hacer oposición, la decisión ha causado un profundo malestar, que cargan duramente contra Sánchez: «Renuncia a que el PSOE tenga la presidencia del grupo porque no le gusta la candidata. Es una locura», indica una persona que mantuvo responsabilidades en la dirección socialista en los últimos años.

Ferraz intentó ayer camuflar este rechazo anunciando el compromiso de que sea una mujer la próxima candidata del PSOE a las elecciones europeas de 2019. «Lo que el secretario general y el partido quiere es que la cabeza de lista de esas elecciones sea una mujer», anunciaba ayer Carmen Calvo, secretaria de Igualdad del partido.

El puesto queda vacante a partir del 4 de marzo porque su actual ocupante, Gianni Pitella, se presenta a las elecciones italianas. Pero Ferraz considera que ahora, a poco más de un año para que termine la legislatura europea, no es el momento de pelear por ese puesto. Calvo apostó por «aspirar a esa presidencia en la legislatura que viene, que es cuando toca y cuando hay que poner toda la carne en el asador».

La idea de Ferraz es que la candidata «sea quien presida el grupo socialista europeo», lo que en la práctica supone rechazar también a que Valenciano ocupe ese puesto en el futuro, porque nadie cuenta con que ella, número dos con Rubalcaba y muy marcada por las recientes primarias, sea la apuesta para liderar la candidatura. Los críticos con la decisión la consideran «un acto de sectarismo» y recuerdan a Ferraz que Valenciano ya fue candidata y que tiene el apoyo de las delegaciones socialdemócratas para ocupar el puesto. Un nivel de aceptación que «nadie garantiza» que vaya a tener la próxima candidata.

Un patrón de actuación

Este tropiezo europeo es la continuación de la decisión de no apoyar a De Guindos para el BCE, que también fue criticada en sectores del PSOE, que criticaron a Sánchez por «no entender la política europea», plantea una fuente consultada, que destaca cómo en Bruselas priman «los intereses nacionales» o incluso de asociación, recordando como el Gobierno de España ha apoyado recientemente a un socialista portugués, Vítor Constâncio, como presidente del Eurogrupo. En público, el exministro Miguel Sebastián, aseguró que «lo más importante» es que el elegido para el puesto de vicepresidente del BCE «fuese español» y advertía a Sánchez de la conveniencia de que «si consigue gobernar, estará Guindos de vicepresidente y le interesa estar a bien» con él.

Pero lo cierto es que la actuación de Sánchez no es ningún impulso. Nada más llegar a Ferraz en su primer mandato, al anunciar que los socialistas españoles no apoyarían a Jean Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea. Lo que suponía abandonar el acuerdo entre las dos grandes familias políticas europeas para apoyar al candidato del grupo más votado en las europeas de 2014. Un pacto que tenía como contrapartida que el socialdemócrata Martin Schulz fuese presidente del Parlamento Europeo. El último giro de guión en política europea fue retirar el apoyo al acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA) tras haberlo defendido tanto en Bruselas como en Madrid.