España

«La Tigresa» seguiría en la cárcel en otros países

El cumplimiento de 23 años de prisión por 23 muertes es impensable fuera de España

La etarra Idoia López Riaño, apodada «La Tigresa», una de las más sanguinarias de la banda terrorista
La etarra Idoia López Riaño, apodada «La Tigresa», una de las más sanguinarias de la banda terrorista - EFE

En 1986, Irene Idoia López Riaño no mató al entonces fiscal general del Estado, Antonio Burón, porque se quedó dormida. Era la encargada, junto a Ignacio de Juana Chaos, de disparar el lanzagranadas, pero como no llegaron a tiempo, el «comando Madrid» decidió usarlo el mismo día contra el coche del presidente del Tribunal Supremo, Antonio Hernández Gil. Lo hicieron, pero fallaron. A lo largo de su carrera de carnicera al servicio de ETA, «La Tigresa» acertaría a asesinar muchas veces. Veintitrés, según los jueces que la condenaron en total a más de dos milenios de prisión, de los que ha cumplido solo veintitrés años antes de quedar libre el pasado miércoles.

Doce meses de cárcel por cada muerto. En este país «sale más barato matar que robar» es el lamento de las víctimas, para quienes las leyes dan un alivio indecente a los terroristas.

No hay más remedio que acordarse de la llamada «doctrina Parot», aquella que hubiera dejado a la sombra a López Riaño algunas décadas más porque todos los beneficios penitenciarios a su alcance se habrían restado a sus dos milenios de condena, y no al límite máximo de cumplimiento de 30 años. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos la tumbó. Entre medias, la etarra gozó del bálsamo de la «vía Nanclares» inventada en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, que le ha permitido pasar los últimos años en una cárcel en el País Vasco cerca de su familia y acompañada de su último marido, Joseba Arizmendi, que fue trasladado a la misma. Y todo a cambio de sensibleros arrepentimientos del tipo «me duelen todos, absolutamente todos los muertos», que escribió a la Audiencia Nacional.

Coche bomba en la plaza de la República Dominicana de Madrid, doce muertos. Coche bomba en la calle Juan Bravo, cinco muertos. Asesinato del comandante Sáenz de Ynestrillas, del teniente coronel Vesteira y del soldado Casillas. Asesinato del vicealmirante Colón de Carvajal y su chófer, del ciudadano francés Joseph Couchot, se le atribuye el de Ángel Facal... ¿Qué suerte penitenciaria habría corrido Idoia López Riaño de haber matado en otros países de nuestro entorno?

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