El testigo que puede cambiar el rumbo del juicio por la agresión de Alsasua

El alcalde de Alsasua, Javier Ollo, comparece hoy como testigo a petición de las defensas

MadridActualizado:

Un actor secundario irrumpió ayer como protagonista en el juicio oral por la agresión de Alsasua (Navarra). Un testigo -amigo de tres acusados y de la novia del teniente agredido- reconoció el ataque a los dos guardias civiles y sus parejas, delante del tribunal, en el momento de la verdad. Es la primera persona presente en el bar Koxka aquella noche que no mira hacia otro lado.

«Pasaba gente corriendo, le propinaban un golpe y se iban», relató ayer el testigo, conocido como Paulette, sobre la paliza que recibió el teniente de la guardia civil Óscar en la salida del local, cuando yacía tendido en el suelo. Las palabras de Paulette, cuya declaración fue solicitada por la defensa del acusado Oihan Arnanz, resonaron en la sala, después de que otros cuatro testigos que declararon antes negasen enterarse del ataque.

«Yo intenté que no pasara», explicó el testigo, que relató cómo trató de proteger a María José, la novia del teniente y su amiga. «Ella quería proteger al teniente y yo le protegía a ella», reveló Paulette, que lleva dieciséis años viviendo en Alsasua y es ecuatoriano.

Al explicarse, el vecino de Alsasua y jugador del equipo de fútbol del pueblo navarro sugirió que los atacantes fueron a por los guardias civiles por ser quienes eran, pero descartó que estuviese planeado. «Sí pensé que iban a por ellos», dijo. A medida que declaraba, el testigo aportó más detalles del ambiente que se vivió en la madrugada del 15 de octubre de 2016. Admitió que había «gente tapada que seguía intentando pegar» al teniente, y que los jóvenes radicales grabaron lo sucedido con sus teléfonos móviles.

El letrado de María José y Pilar, las dos parejas de los agentes, Jaime Zuza, supo ahondar en la sinceridad de Paulette y exprimir todo lo que podía aportar para arrojar luz al crimen. En la bancada de enfrente, los abogados defensores escucharon con extrañeza, ante la declaración de un testigo previsto para apuntalar sus versiones, no para acorralarles y agrietar sus tesis.

La testifical de Paulette fue propuesta precisamente por la defensa de Arnanz, el acusado al que piden 62,5 años de prisión por cuatro delitos de lesiones terroristas y uno de amenazas, a quien Paulette conoce de la infancia.

«Encapuchados»

En la vista, que hoy celebra su quinta sesión con la declaración testifical del alcalde del municipio, Javier Ollo, la Audiencia Nacional enjuicia a ocho jóvenes de Alsasua por la paliza. La Fiscalía enmarca la agresión dentro de una campaña de la izquierda abertzale para generar un clima de miedo en el País Vasco y Navarro, con la intención de atemorizar, aislar y expulsar al colectivo policial. Los acusados, que en el juicio no admitieron ni un solo golpe ni el odio a la Guardia Civil, alegan que solo fue una «pelea de bar».

A pesar de admitir el ataque, el testigo aseguró que no es capaz de reconocer a ningún agresor. «Estábamos en actitud de fiesta, habíamos bebido y estaba oscuro», se excusó. Añadió además que la gente que golpeaba al teniente cuando estaba en el suelo, fuera, iba encapuchada. En ese momento, él intentó que la gente no agrediese al teniente tendido, al que le dolía la pierna, según narró. «Mari José estaba muy nerviosa, se apoyó en la pared y estaba sentada. Abrazó al teniente para protegerle y para que no le pegaran más. Le dije que se calmara, que el teniente había pedido socorro y ya venían a ayudar», declaró.

El testigo también aprovechó su comparecencia para denunciar que algunos de los acusados no deberían estar sentados en el banquillo y citó a Jon Ander Cob, uno de sus amigos, que se enfrenta a cincuenta años de cárcel. Paulette solo ubicó en el local a Oihan Arnanz y a Julen Goicoechea, quien era su compañero en el equipo de fútbol del pueblo y con quien estuvo en una cena antes de acudir al Koxka. También dejó claro que, más allá del teniente, no vio a nadie lesionado.

Paulette también narró lo que sucedió dentro del bar. «Empezó a haber empujones, contra Mari José, el teniente, el sargento y la novia del sargento. Les sacaron a empujones del bar. Cubrí a Mari José por la espalda e intenté sacarla», explicó, aunque no recordó si hubo puñetazos y patadas. «Pasó muy rápido», aseguró en varias ocasiones el testigo, que reconoció que ha hablado con el hermano de María José, a la que no ve desde el ataque y a quien envió un mensaje al día siguiente de la agresión. El letrado de las parejas de los agentes leyó el texto: «Yo he intentado separar, y que no te hicieran daño, pero no lo pude conseguir».

Aquella noche a Paulette le apetecía estar con María José: hacía tiempo que no se veían y le sorprendió gratamente encontrarse con ella en el bar.

Presiones

Cuestionado por las acusaciones, el testigo admitió que Oihan, a quien atribuyen los golpes más violentos, sabe artes marciales y manifestó que los padres de este acusado le insistieron para que testifique en el juicio, hasta sentirse «un poco presionado». A las pocas horas de la comparecencia, Paulette matizó sus palabras en internet. Escribió un tuit que decía: «A ver, lo de que me han presionado a ir a declarar no es así, se ha interpretado mal, solo me insistieron con todo el respeto del mundo. Solo quería aclarar eso. No he tenido ningúna presión de nadie».

Otros testigos propuestos por las defensas, aseguraron no presenciar ningún ataque. «En ningún momento vi ninguna agresión ni nada por el estilo», aseguró uno. Otro, Gorka Martínez Solis, calificó lo que presenció de «rebullón», en alusión a la discusión que precipitó la brutal agresión.