Los líderes de PNV y Cs, Aitor Esteban y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados
Los líderes de PNV y Cs, Aitor Esteban y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados - JAIME GARCÍA

El PNV teme que Ciudadanos achique su margen para negociar con Rajoy

Los vascos creen que el discurso uniformador de Rivera complica la ecuación de los PGE

MadridActualizado:

La virtud negociadora del PNV en el Congreso no reside sólo en el hecho de que en 2017 aprovechó sus cinco escaños para venderlos caro al Gobierno y logró actualizar el Cupo tras una década de retrasos. Su habilidad fue mayor al conseguir colar su reivindicación en un acuerdo que también firmaba Ciudadanos, su antagónico político. Rivera nació en política con vocación de evitar que el Gobierno de España cayera en manos nacionalistas cada vez que no tenía mayoría absoluta, pero su primera condena es que comparte con partidos vascos y canarios la misma ecuación parlamentaria por la que el PPde Mariano Rajoy transita la legislatura. Pese a su célebre discurso contrario al «cuponazo vasco», los de Albert Rivera acabaron sellando en primavera unos Presupuestos que recogen las ventajas para el País Vasco con la primera liquidación provisional.

Pero un año después el partido que preside Andoni Ortuzar mira con creciente preocupación cómo en medio de la ofensiva independentista catalana y el consiguiente hastío del resto de España, el discurso uniformador de Ciudadanos le ha hecho ganar fuelle político. Y teme que el PP, a la baja en las encuestas, pueda optar por estrechar los márgenes de negociación con ellos, para no dar munición a Rivera. En Bilbao reconocen abiertamente que el equilibrio con el partido naranja es cada día más difícil. «Ciudadanos va a un modelo de Estado recentralizador y uniformizado que es incompatible con nosotros», admiten los nacionalistas vascos.

Sin contactos aún

En la sede de Sabin Etxea aseguran estar «tranquilos» tras distanciarse en otoño de la mesa negociadora con Madrid por el conflicto soberanista en Cataluña y no anticipan movimiento alguno. Insisten en que no se acercarán al Gobierno mientras no escampe la situación política, se forme el nuevo Govern y se desactive el artículo 155 de la Constitución, que consideran un «atropello» que lamina el autogobierno catalán. Niegan que hayan existido contactos preliminares, como insinuó Rajoy el lunes y aseguró la portavoz de Coalición Canaria, Ana Oramas, a la que desmintieron con enfado. Hasta que Cataluña no se aclare el PNV dará largas a Cristóbal Montoro. «No se dan las condiciones», reiteran con un ojo puesto en las andanzas de Puigdemont.

Pero en el PNV también reconocen que su «vocación natural» es negociadora y ante la posibilidad de que se relaje el conflicto catalán sus gestores preparan ya su lista de deseos para enseñar al Gobierno a cambio de su apoyo. El PNV divide en dos carriles su vía de negociación con el PP, ambos estancados por el momento. De un lado, lo estrictamente presupuestario, con nuevas inversiones que añadir a las del año pasado, entre las que destacó el impulso del AVEvasco, que fiscalizan con celo. Tambien están pendientes de la rebaja de la tarifa eléctrica a sus grandes empresas, que no ha llegado porque el Gobierno lo vinculó a los Presupuestos de 2018. De otro lado, existen conversaciones entre gobiernos, central y vasco, para intentar avanzar en el desbloqueo de las transferencias pendientes que recoge el Estatuto de Guernica. Los vascos elaboraron un informe, que dieron a Moncloa en septiembre, con los 37 asuntos pendientes de traspaso, entre los que sobresalen dos materias:la política penitenciaria y el régimen económico de la Seguridad Social. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría constató el lunes al portavoz de Vitoria, Josu Erkoreka, que no está por la labor.