Imagen de la mandíbula encontrada en el pantano del Ebro - DIARIO MONTAÑÉS

La sequía da la clave para poder resolver la desaparición de dos adolescentes en Cantabria

El bajo nivel de las aguas del pantano del Ebro dejó al descubierto una mandíbula que pertenece a una chica de esa edad que murió hace 25 años. Los análisis de ADN dirán si son de algunas de las amigas, que vivían en Aguilar de Campoo

MADRIDActualizado:

Virginia Guerrero Espejo, de 14 años, y su amiga Manuela Torres Bouggefa, de 13, vivían en Aguilar de Campoo, en Palencia. El 23 de abril de 1992, aprovechando que era la fiesta del Día de Castilla y León, decidieron ir a pasar la tarde en Reinosa. De regreso, hicieron autoestop. Un coche blanco, al parecer de la marca Seat -se habló de un 12- se detuvo y ellas subieron al vehículo. Desde ese momento nadie las volvió a ver. Nadie aportó ni una sola pista de su paradero, más allá de las clásicas llamadas que las situaban en uno u otro lugar, también fuera de España.

Las dos habían ido esa tarde a una discoteca. Manuela, según algunos testimonios, tenía problemas en el colegio. Probablemente eso la acercó más a Virginia, una chica más tranquila, según quienes la conocían. La madre de Manuela niega que su hija tuviera problemas en casa, pero en cualquier caso pasaba mucho tiempo en casa de su compañera.

El caso sigue archivado provisionalmente en un juzgado de Cervera de Pisuerga y nadie, salvo las familias y allegados, que siguen con la misma angustia que el primer día, volvió a acordarse de este asunto... También contribuyó a ello que el suceso se produjera solo unos meses antes del caso Alcácer, que por su trascendencia mediática acaparó toda la atención.

El pasado día del Pilar un vecino que paseaba por el lecho del pantano del Ebro, en Cantabria, que esos días tenía el nivel de agua muy bajo por la sequía, encontró lo que parecía a primera vista una mandíbula humana. Alertados por esta persona, agentes de la Guardia Civil se trasladaron a la localidad de Campoo de Yuso para hacerse cargo de aquellos restos. La primera hipótesis que se manejó fue que probablemente esos restos óseos serían de alguna de las personas enterradas en un camposanto que había quedado cubierto por las aguas cuando se construyó el pantano. De hecho, todo un pueblo desapareció con él.

Lo cierto es que en bastantes ocasiones se producen este tipo de hallazgos y que habitualmente responden a que en la zona ha habido en algún momento un cementerio. Sin embargo, es imprescindible que se haga un análisis forense de los huesos para poder datarlos y despejar cualquier duda.

No era un hueso más

El hallazgo de la mandíbula alteró algo la vida en Campoo de Yuso, una población en la que apenas hay sobresaltos, pero a los pocos días se había olvidado el asunto. «No es que aparezca algo todos los días, pero tampoco es una cosa rara. Para nosotros era un hueso más», explicaba hace unos días el dueño de un bar a El Diario Montañés. Pero no, no eran unos huesos más...

La sorpresa llegó a primeros de este mes cuando se conoció que la mandíbula del pantano pertenecía a una adolescente que había muerto hacía aproximadamente 25 años. Justo el tiempo que ha pasado desde que se vio por última vez a Virginia y a Manuela. Los investigadores de la Policía Judicial de la Guardia Civil conectaron de inmediato ambos hechos y ahora se abre una línea de investigación que puede ser prometedora.

Lo primero, claro, será comprobar con análisis de ADN si la mandíbula encontrada es de alguna de las chicas. Los resultados pueden conocerse la próxima semana. Si se confirma que se trata de una de ellas habrá que revisar a fondo toda la investigación que se hizo entonces, porque quedará demostrado que con toda probabilidad las dos amigas fueron asesinadas. Pero incluso si no fuera así habrán de revisarse todos los casos sin resolver de chicas de esa edad desaparecidas, primero en las zonas próximas y luego, si no hay resultados, ampliando el círculo al resto de España.

El Programa Fénix será la herramienta utilizada para estos cotejos. Puesta en marcha hace dos décadas, se trata de una base de datos de ADN de familiares de personas desaparecidas y cuando es posible, de ellas mismas. Hace ya tiempo que los allegados a las dos chicas de Aguilar de Campoo facilitaron su huella genética. En la población palentina se esperan con ansiedad los resultados de los análisis. Por primera vez, las familias de las chicas tienen esperanza de saber qué pasó con ellas. Y poder al fin descansar.