La Policía se incautó de 500 kilos de cocaína en el interior de unos ladrillos falsos
La Policía se incautó de 500 kilos de cocaína en el interior de unos ladrillos falsos - EFE

La santera que amadrinó a la «narcoprincesa»

A sus más de 80 años guiaba desde su casa a dos miembros de la red que metió 500 kilos de cocaína en Madrid

MadridActualizado:

«Madrina, necesito que me mires». Era una señal. Los policías, al escuchar esta frase, sabían -tras meses de seguimientos complicados- que probablemente los narcos iban a recibir una partida de cocaína. «La Princesa de Porcelana», treintañera colombiana, bellezón y ferviente seguidora de la santería cubana, se estaba preparando y pedía la intercesión de su octogenaria madrina desde su casa de Toledo para que los orishas (deidades o santos) la ayudaran.

«La Princesa», que ha dado nombre a la operación en la que la Policía madrileña acaba de interceptar más de 500 kilos de cocaína en las tripas de falsos ladrillos, no está entre los veinticinco detenidos de la organización. Los investigadores saben que se halla en Colombia -vive a caballo entre su país y Madrid-. Cada cuatro meses aproximadamente aterriza en España para alquilar pisos y naves en los que organizar citas y ventas de estupefaciente y disponer «caletas» (escondites) para la preciada mercancía. En cada estancia visita a su madrina en El Casar de Escalona (Toledo) para que le eche las caracolas, le purifique los collares con los que los narcos se sentirán protegidos y la «limpie» a ella y a otros dos miembros de la red, asiduos de la misma consejera espiritual.

El máximo responsable de la organización es un mexicano-colombiano apodado «La Abuela», un capo con negocios en España que pasó tres semanas en Madrid cerrando la última gran partida y tomó un vuelo a México tres días antes de que la Policía entrara en 28 pisos y naves.

Su hombre fuerte en nuestro país es otro colombiano -«El Peque»-, el jefe de distribución, encargado de recibir la cocaína y venderla al por mayor a distintos grupos, además de enviar los beneficios. «La Princesa de Porcelana» es una trabajadora suya, que también le recoge y le guarda dinero de las partidas, además de buscar pisos de citas. La bella colombiana había perdido peso en la organización pero su madrina, su santera, hija de españoles emigrados a Cuba y retornados a España tras la revolución castrista, estaba dispuesta a que su protegida subiera escalones con ayuda de los santos.

Enlace entre narcos

«Está en libertad por su edad, pero se le leyeron sus derechos y permanece imputada», recalcan a ABC fuentes de la investigación. La detenida, que tiene más de ochenta años, no se limitaba a purificar a su ahijada en las creencias yorubas ni a «limpiarla» antes de una vuelta importante, sino que ponía en contacto a unos con otros. «Si un traficante buscaba droga, ella sabía a quién recomendar. Su cabeza funciona a la perfección», explican los investigadores.

«Sáltate a tu jefe», llegó a recomendarle a la narcoprincesa tras un ritual purificador en el que la chica se lavó con la sangre del animal sacrificado (habitualmente gallos o gallinas aunque algunos lo llevan al extremo con piezas mayores como cabras o carneros).

La avanzada edad de la santera ha jugado a su favor. Compareció en el Grupo XV de la Brigada Judicial madrileña (responsables de la investigación), no declaró y la dejaron en libertad. Cuando los policías que se han pasado días y días vigilando a los narcos entraron en su casa (una humilde vivienda en El Casar) encontraron, como imaginaban, un cuarto donde «miraba» a los creyentes, con sus imágenes de santos u orishas, sus oraciones, su traje y toda la parafernalia yoruba. También había un pequeño altar con dibujos. Los agentes no quisieron alterar nada.

Se ha dicho que llegaba a cobrar 3.000 euros por sus consultas en busca de protección y orientación, pero nada se ha constatado en las pesquisas. En teoría, la santera no tenía tarifa, sino que apela a la voluntad.

«Claro que no es lo mismo la voluntad de un narco colombiano que la de algunas señoras del pequeño círculo que también la frecuentan», ironizan los investigadores. Saben que le han pagado sus servicios e incluso le han hecho pequeños arreglos en su casa a cambio de su magia buena que a «La Princesa» y a «El Peque» les ha fallado estrepitosamente.

«El Peque», cuya mano derecha era un español, no es creyente ni buscó protección de la santera toledana, pero sí lo hizo otro de sus hombres básicos: el cobrador de deudas, un tipo duro y bravo de esos que aterrorizan solo con saber que te busca. Él, que también fue detenido, acudía con regularidad a purificarse, aunque debió de perder la confianza en la anciana porque en mitad de las pesquisas cambió de consejero espiritual y eligió los servicios de otro santero, de Villanueva de la Cañada, al que consultaba antes de buscar a los que se retrasaban en los pagos.

«La Princesa», en cambio, ha seguido fiel a su madrina, a la que tiene como maestra espiritual desde hace muchos años pese a los fracasos. En noviembre de 2015, cuando las investigaciones eran aún incipientes, los agentes del Grupo XV, que han contado con la colaboración de numerosas plantillas, vieron con asombro cómo el castillo se desmoronaba. Los dos colombianos a los que seguían, ella y «El Peque», lo dejaron todo manga por hombro y regresaron a su país. Nunca supieron qué había ocurrido. Luego volvieron y en los últimos meses habían aumentado su ambición: de vender al por mayor buscaron distribuidores de menor nivel para incrementar los beneficios.

500 kilos de cocaína

Tal vez eso precipitó su caída y no los enredos de la santera. Sin olvidar que ocho policías se convirtieron en su sombra día y noche. El resultado de las pesquisas: 500 kilos de cocaína, arrancada a mazazos de las tripas de unos ladrillos de pega, más de 200.000 euros y 25 detenidos por ahora, entre ellos un clan valenciano de narcos de medio pelo que se gastaban 200 euros en invitar a desayunos en Ibiza o cerraban restaurantes de lujo para festejar el cumpleaños de la esposa de uno de los jefecillos.