Susana Fuster

Sánchez y Rajoy, la reunión previsible hasta en los gestos

Si algo nos ha dejado claro el líder socialista con sus gestos es que el pacto entre PP y C's le produce estupor y rechazo

Pedro Sánchez, tras la reunión con Mariano Rajoy
Pedro Sánchez, tras la reunión con Mariano Rajoy - AFP
SUSANA FUSTER - Actualizado: Guardado en: España

Con paso decidido Mariano Rajoy y Pedro Sánchez escenificaban ante los medios el inicio de la reunión «prescindible», en boca del líder socialista. Y a tenor de su comportamiento no verbal, también previsible. La foto en el Congreso al inicio del encuentro dejaba claro que esta era una reunión a la que los dos llegaban a sabiendas que el acercamiento era imposible.

Rajoy y Sánchez entraron con pose firme al Congreso, con gesto relajado pero también mucha distancia física entre los dos y sin prácticamente mirarse. Esta vez fue el líder socialista el primero en tender la mano y, sonrientes, se sentaron, curiosamente adoptando la misma posición: piernas abiertas y manos entrelazadas, después de arreglarse las corbatas e intentar así liberar la tensión fruto de los flashes. Sintonía gestual de ambos que contrastaba con su falta de entendimiento político, ya que Pedro Sánchez sigue enrocado en su no a Rajoy. El lenguaje no verbal del secretario general de los socialistas durante la rueda de prensa así lo confirmaba.

Tenía ganas de empezar su comparecencia ante los medios, tamborileando con sus manos el atril y balanceando su cuerpo para inmediatamente después asir con las dos manos el micro.

Si algo nos ha dejado claro Sánchez con sus gestos es que el pacto entre 'populares' y Ciudadanos con el que Rajoy tiene intención de presentarse a la investidura le produce estupor y rechazo. Lo observamos en sus ojos más abiertos de lo normal, en el levantamiento de cejas y el continuo encogerse de hombros al hablar de este asunto. «Creo -y aquí Sánchez hace un movimiento seco de retirada hacia atrás- que si teníamos razones para votar en contra de la investidura, después del acuerdo con el señor Rivera, tenemos más razones aún».

La fecha escogida para la investidura es un «chantaje» que irrita al líder socialista, que sutilmente entrejunta las cejas (expresión facial de enfado) y afina los labios, incluso los aprieta, conteniendo así sus palabras. Sabe que Rajoy lo tiene difícil y apunta con el dedo índice que la responsabilidad de que salga adelante la investidura es únicamente del presidente en funciones, mientras aflora inconscientemente en su rostro una micro expresión de superioridad, de cierto desprecio. Las cuentas, dice, no salen y vuelve a encogerse de hombros.

Los gestos de Sánchez, hasta el momento ilustradores, acompañando y reforzando su mensaje, se tensan al hablar de un posible nuevo escenario o de liderar una alternativa: sus manos se entrecruzan con fuerza, sus pausas se alargan. «Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente», dice un Sánchez que hoy por hoy, y si atendemos a su comportamiento no verbal, poco o nada ha variado en su no a Rajoy.

Susana Fuster es periodista y directora del Máster en Comportamiento no Verbal y Detección de la Mentira de la Fundación Behavior & Law

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