Manuel Marín - ANÁLISIS

Sánchez, sí o no

Manuel Marín
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Supongamos que objetivamente Pedro Sánchez tiene un proyecto realista de reforma constitucional, y que su iniciativa no responde solo a una táctica para aislar a un Gobierno contrario a una «solución política» para Cataluña, o a una simple contorsión artificial para llevar del ronzal a Pablo Iglesias. Y supongamos, lo cual es mucho suponer, que la Generalitat aceptaría el trueque de una modificación de la Carta Magna que demoliera el artículo 2 -eso es lo que está en juego y lo demás son adornos-, pero a cambio tuviese que renunciar a la independencia.

Supuestas estas dos premisas poco realistas y creíbles, el PSOE añade varios problemas a su agenda de reconstrucción interna si de lo que trata es de desviar la atención de una auténtica amenaza separatista y de sus soluciones jurídico-legales hacia una quimera que mantenga vivo un argumentario extremo contra la derecha.

Su primer problema es resolver con quién quiere/puede reformar la Constitución si previamente ya ha excluido de plano al PP. Sencillamente, una modificación como la que pretende es inviable sin el PP. Por tanto, solo puede entenderse la pose de marginar al PP de cualquier negociación previa si se interpreta que Sánchez juega de farol, con el único argumento de aparentar que toma activamente la iniciativa política frente a la «pasividad e inacción» del Gobierno.

El segundo problema es que, llegado el momento, no menos del 40 por ciento del PSOE podría estar en disposición de promover otro debate interno desgarrador. No es cierto que todo el PSOE respalde un proyecto de «España plurinacional», y el órdago de Sánchez a varios barones de su partido, aun teniendo el control absoluto, tendría consecuencias hoy imprevisibles.

Y el tercer problema es que Sánchez consiga aclararse consigo mismo. Se le oye especular indistintamente con dos conceptos jurídicamente muy distintos, el de Estado federal y el de Estado plurinacional. Los «estados» dentro de una misma nación no se compadecen con las «naciones» inmersas en un mismo Estado. La pregunta que debe resolver el PSOE, con una respuesta simple, sí o no, es si Cataluña es una nación o no lo es. Si el PSOE avala su derecho a un referéndum de autodeterminación inexistente en nuestro ordenamiento. Y si, en última instancia, respalda el «derecho a decidir» como eufemismo de un camino peligroso hacia la secesión. De momento, a Sánchez le basta con abrir debates ambivalentes y contradictorios con un metalenguaje confuso y carente de coherencia. Pero no es suficiente. Es el señuelo de una calculada ambivalencia para atraerse en su día el voto del independentismo en una hipotética investidura.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín