Pedro Sánchez charla con algunos de sus diputados antes del inicio del debate de investidura
Pedro Sánchez charla con algunos de sus diputados antes del inicio del debate de investidura - ÁNGEL DE ANTONIO

Sánchez admite ya que no será investido y arrecia su presión sobre Podemos

Dedicó los primeros 35 minutos a llamar «absolutista» a Rajoy y acabó pidiendo a «los 350 diputados», incluido el PP, que faciliten su investidura

MADRIDActualizado:

Pedro Sánchez se presentó ayer en el Congreso como el cocinero imprescindible para la «excelencia de un plato sublime»: el «mestizaje ideológico» de izquierdas y derechas que las urnas impusieron en las elecciones el 20-D. «Se ha creado una falsa esperanza», la del presunto «gobierno de izquierdas que defienden Podemos, IU y Compromis, aseguró rotundo el mismo candidato a la Presidencia del Gobierno que el 7 de enero viajó a Lisboa a entrevistarse con el primer ministro luso, el socialista Antonio Costa, y a decir que quería en España un «pacto a la portuguesa»:socialistas, comunistas y el Bloque de Izquierda.

Ayer, Sánchez recalcó insistentemente, durante la primera sesión del Debate de investidura, que «no hay una suma posible sólo con partidos de la misma ideología»; ni del PSOE con Podemos, IU y Compromis, ni del PP con Ciudadanos. Lo que sí hay es una mayoría de 18 millones de españoles que no han votado popular y que piden «cambio», una palabra que repitió 57 veces en dos horas de discurso. Por eso, «no vale la imposición, el chantaje y el abandono de la mesa de negociación», como ha hecho Podemos en estas semanas.

Retador con Iglesias

El líder socialista estuvo permanentemente retador con sus gestos y miradas hacia los escaños de Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y demás. También cuando los dirigentes de Podemos aplaudieron su «agradecimiento» a Albert Rivera y Ciudadanos por el pacto que le va a permitir obtener en la votación de hoy 130 diputados. Y está en manos de Podemos que haya un gobierno del cambio «desde la próxima semana».

Sánchez sorprendió al final insinuando ya que la investidura va a ser fallida y diciendo que la solución a este bloqueo «está en las manos de los 350 diputados y diputadas aquí presentes y la mano de los socialistas están aquí tendidas», en un claro guiño al PP. Y si sorprendieron esas palabras a buena parte de los portavoces y analistas fue porque, como destacaban varios, se había pasado los primeros 35 minutos de su discurso... atacando a Rajoy y al PP por su «absolutismo» y «autoritarismo» durante la pasada legislatura. Pero, según el secretario general del PSOE, es posible el diálogo y lo ha demostrado Albert Rivera, a quien agradeció su «valentía y coraje» por dar ese «primer paso» hacia «la solución». Eso demuestra que «dos grupos políticos con ideología y programas diferentes pueden buscar puntos de entendimiento».

La izquierda «no suma, lo siento pero no suma -mirando fijamente a Pablo Iglesias que negaba con la cabeza-, la izquierda no ha conseguido en estas elecciones el número de diputados suficiente para conformar un gobierno de un único color político», recalcó Pedro Sánchez, quien, sin embargo, se siente orgulloso de haber aceptado el encargo de Felipe VI.

«Hemos resuelto el bloqueo de la situación política a la que la falta de responsabilidad del señor Rajoy nos había llevado», explicó ya, a punto de conconcluir y mirando a los escaños socialista. «Hemos cumplido». Lo decía casi dos horas después de iniciar con un «nos encontramos aquí reunidos 350 hombres y mujeres a los que los españoles nos han encargado que hagamos nuestro trabajo». Y a partir de ahí, leña al presidente del Gobierno en funciones que observaba desde su escaño con gesto displicente. Desde ahí tuvo que escuchar frases como esta: «decidió gobernar imponiendo su absoluta mayoría hasta convertir su toma de decisiones en absolutista».

Una forma de entender el poder que ha concluido con el ejercicio de «escapismo» que hizo Rajoy ante el Rey al renunciar a la investidura que quería encargarle el Monarca. «Si estoy aquí», insistió el candidato en su permanente comparación con el mandatario en funciones, «es porque no entendí el encargo del Rey Felipe VI como una invitación que pudiera rehuir sino como un deber ineludible».

«Soberbia e imposición»

Pedro Sánchez hizo hincapié en que ahora existe «la oportunidad de desterrar de la vida pública el insulto, la descalificación, el discurso del miedo que atenaza y fractura» y abrir «un tiempo de tolerancia y respeto que permita un diálogo fructífero entre todos». Pero, además, hizo un alegato de la fortaleza, que, a su juicio, tiene «el ejercicio del poder desde la humildad y el entendimiento». Porque, ha subrayado, el Gobierno saliente «ha mostrado que no hay nada más débil que el ejercicio del poder basado en la soberbia y la imposición».

Sánchez es consciente de que el PSOE cuenta sólo con 90 diputados, pero recalcó que «cualquier fórmula de gobierno pasa por la implicación» de su partido y de esos parlamentarios: el cambio o un gobierno del PP que necesitaría la abstención del PSOE, una posibilidad que rechaza por completo. Y lo hace porque los socialistas no pueden pactar con el discurso de que los españoles vivieron «por encima de sus posibilidades» hecho por un PP que ha provocado que muchos pasen a «vivir por debajo de sus mínimas necesidades». «Gracias al diálogo, sabemos cuáles son las diferencias y hemos pactado una posición desde la que arrancar. Hasta la peor de las medidas propuestas en nuestro acuerdo es mejor que donde estamos con el actual Gobierno saliente», señaló el líder socialista mirando a Mariano Rajoy. Y como a muchos votantes socialista les resulta extraño que no pueda haber gobierno del cambio, eso también les ocurre a los votantes de Podemos.