Rivera declaró la guerra a Rajoy por no informarle del recurso al TC

Ciudadanos quedó fuera de foco al no consultársele el recurso a la investidura de Puigdemont

Mayte Alcaraz
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Ni la corrupción ni las dudas contables del TC, ni la sintonía de Rajoy con el PNV, ni la negativa de Arrimadas a intentar formar gobierno, ni mucho menos la determinación de la senadora popular Pilar Barreiro de no dimitir. La espita que ha desatado la más descarnada guerra política entre Ciudadanos y el PP tiene su origen en una omisión del presidente del Gobierno. La Moncloa tomó una de las decisiones más delicadas –recurrir ante el TC la investidura telemática de Puigdemont, pese a las reservas del Consejo de Estado– solo con la anuencia de Pedro Sánchez, y no con la de su otro aliado del artículo 155, Albert Rivera. Esa es la gota que colmó el vaso, según apuntan a ABC miembros de las dos formaciones, aunque luego las aguas se han ido enturbiando más.

La estrategia jurídica ante el intento de investir al expresidente no fue consensuada con Cs porque el Gobierno, según la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría «solo habló con quien se ha dirigido a nosotros». Es decir, el PSC. El recado a Rivera enfadó sobremanera a su formación, ya que rompía la tradición en asuntos de Estado sobre el desafío independentista. Y le sacaba del foco. Sin embargo, no todo había sido perfecto hasta entonces. Había precedentes «dolorosos» para el PP: el partido naranja no convalidó el decreto de la estiba hace casi un año cuando intuyó que el Gobierno sería derrotado.

Lo que en ambos partidos reconocen es que, pese al acercamiento impuesto por el contexto político, Rajoy y Rivera no tienen buena sintonía personal ni generacional. Las circunstancias han obligado al pacto de legislatura pero Cs, entienden en el PP, «cada vez que puede se va a desentender de nosotros y nosotros no nos fiamos de su palabra, porque no tiene palabra, tiene palabras, y muchas, según digan las encuestas». «El estilo Rajoy», pausado y ponderado, saca de quicio a Rivera; y la política «de gestos vacíos» de Rivera es la antítesis del inquilino de La Moncloa. La necesidad de desbloquear la legislatura «les ayudó a entenderse por lo menos superficialmente» y a olvidar que Rivera estuvo meses pidiendo la cabeza del presidente para avenirse a apoyar la investidura de un candidato del PP. Pidió su cabeza por la corrupción y sigue sin fiarse de su socio.

En ambas fuerzas niegan que los desencuentros sean mero tacticismo, una especie de «guerra virtual» para arañar algunas décimas en las urnas, tras hacerse públicos sondeos que le otorgan al nuevo partido un avance destacado, si no el sorpasso en algunos trabajos demoscópicos. «Aunque Mariano Rajoy siempre ofrece la cara más moderada frente a las arremetidas de Cs, en privado ha dado orden de no pasar ni una», apuntan otras fuentes. De todo, lo que más molesta al presidente son las diatribas de Rivera sobre los sumarios abiertos en el corazón del PP y que siguen marcando su bajada a los infiernos. Como un animal herido, Génova se ha defendido apelando «a la carrera de Ciudadanos para erigirse en más español que nadie y en sacar a relucir sus irregularidades contables». Y acaba de poner sobre la mesa una propuesta «made in Ciudadanos»: la defensa del castellano en las aulas catalanas.

Hasta los reproches del Tribunal de Cuentas, a Rivera las cosas le iban bien. Ser el primer partido en Cataluña, pese a que no haya servido para formar gobierno, y la gota malaya de los arrepentidos del PP acorralando a su partido rival (y socio formalmente) era una mina. Nunca como ahora, Cs celebraba no haber entrado en el Gobierno de Rajoy. Su imagen de partido de Estado, su implacable vocación de azote de los independentistas y su virginidad política, al no haber aceptado entrar en ningún Ejecutivo, le han proporcionado importantes réditos políticos. Pero ahora la guerra es total. Y en ambos equipos pesa una duda: cómo disputarse votos sin que algunos de esos votos se marchen a la izquierda y terminen con la actual mayoría de centro-derecha que augura el CIS.

Mayte AlcarazMayte AlcarazArticulista de OpiniónMayte Alcaraz