El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Pleno del Congreso
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Pleno del Congreso - JAIME GARCÍA

La reunión entre Rajoy y Puigdemont desvela el doble discurso secesionista

El presidente reitera su disposición a hablar de todo, menos de «liquidar España, la ley y la soberanía nacional»

Barcelona / MadridActualizado:

Desobediencia de puertas afuera, negociación cuando conviene. El conocimiento que se tuvo ayer de la reunión secreta que el pasado 11 de enero mantuvieron en La Moncloa el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con el de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha puesto de relieve el doble lenguaje de un secesionismo que públicamente sigue sosteniendo la bandera de la unilateralidad a la vez que no renuncia a la posibilidad de encontrar una salida dialogada. El frágil equilibrio entre los distintos partidos que impulsan el proceso soberanista –un PDECat en fase de retroceso, una ERC emergente y una CUP en modo desestabilizador– vuelve a ponerse a prueba.

Tras varios días de desmentidos rotundos, y después de que ayer «La Vanguardia» diese cuenta del encuentro, ambos presidentes confirmaron de manera implícita que efectivamente se habían encontrado –no lo desmintieron, en cualquier caso–, en una reunión que se producía cuando aún la llamada «operación diálogo» no había sido torpedeada por la intransigencia independentista. La conclusión de una y otra parte es coincidente: la reunión sirvió de poco. No hay punto de encuentro posible.

 De inmediato tras conocerse el encuentro del día 11 –al día siguiente de que en Barcelona se hubiesen encontrado los vicepresidentes Santamaría y Junqueras–, el presidente autonómico catalán, en un intento de no enojar a sus aliados de ERC y la CUP, salió en tromba para desmentir que haya un proceso de negociación en marcha. «Las negociaciones ni están ni se las espera», apuntó Puigdemont durante la sesión de control en el Parlament, donde añadió que seguiría cumpliendo con el «mandato» de la Cámara catalana: es decir, explorar la posibilidad de lograr una «consulta pactada» con el Gobierno, o, en caso contrario, sacar adelante el referéndum de cualquier modo.

«No nos hemos desviado. Vamos de verdad, no de farol», remachó el presidente autonómico, apuntalando así su compromiso con una unilateralidad que es la que justifica el apoyo de la CUP a los Presupuestos de la Comunidad y por tanto la supervivencia del gobierno de Junts pel Sí.

Clima preelectoral

Contra viento y marea, y pese a los desplantes del campo soberanista, el Gobierno sigue insistiendo en no renunciar a la llamada «operación diálogo», una perseverancia que descoloca a los partidos independentistas, aparentemente unidos en el objetivo del referéndum, pero alimentando ya sin disimulo el clima preelectoral que se ha instalado en Cataluña. Las elecciones se dan por descontadas para final de 2017 o principios de 2018.

En este contexto, las especulaciones sobre el regreso del expresidente Artur Mas a la primera línea política, los coqueteos de éste con una «tercera vía», así como el papel central que se reservaría Oriol Junqueras (ERC) en caso de adelanto electoral en Cataluña, alimentan los rumores sobre quién es el principal beneficiado, y perjudicado, por la filtración del encuentro entre Puigdemont y Rajoy. Las especulaciones son dispares: desde quienes entienden que el mayor beneficiario es ERC –a quien le interesa debilitar la imagen de un PDECat con doble lenguaje–, a quienes entienden que el Gobierno se proyecta así en Cataluña como el principal impulsor de una salida dialogada.

La noticia del almuerzo que compartieron Rajoy y Puigdemont en La Moncloa centró la atención ayer en el Congreso. Los ministros, y el entorno de Rajoy, aseguraron que no tenían constancia de ningún encuentro, aunque admitieron que veían «lógico y normal» que se produjeran contactos discretos a todos los niveles, también entre el presidente del Gobierno y el autonómico. En los pasillos de la Cámara, Rajoy evitó referirse a ese almuerzo en concreto, que ni confirmó ni desmintió. «Mi posición es la de siempre, nosotros queremos tratar los asuntos que preocupan a la gente», subrayó. Pero entre esos asuntos no incluye el referéndum sobre la independencia, algo que, según insistió, está fuera de la ley y no se puede autorizar.

«Lo que yo no puedo tratar, y todo el mundo sabe, es cómo me pongo de acuerdo con los señores independentistas para saltarnos la ley conjuntamente. Eso no es posible, yo soy el presidente del Gobierno de España y tengo una obligación básica, que es cumplir y hacer cumplir la ley, y por tanto no puedo autorizar un referéndum que pretende lisa y llanamente liquidar la soberanía nacional». Rajoy cree que es el momento de volver a la «sensatez» tras cinco años estériles de desafío independentista. «Mi disposición es la mejor, yo efectivamente quiero hablar, pero de los problemas reales y no de liquidar España ni la ley».

El diálogo «se extiende»

En este escenario, la «operación diálogo» que abrió la vicepresidenta en Cataluña continúa. «No ha fracasado, todo lo contrario, se ha extendido a los ayuntamientos y los sectores» económicos y sociales, recuerdan fuentes del Gobierno. Desde La Moncloa se apunta que en Cataluña se observa cada vez más un «hartazgo» entre los ciudadanos por el referéndum independentista.