Mariano Rajoy y Albert Rivera, en La Moncloa, el pasado 2 de octubre
Mariano Rajoy y Albert Rivera, en La Moncloa, el pasado 2 de octubre - JOSÉ RAMÓN LADRA

Rajoy ve «espacio» para pactar con Rivera los asuntos de Estado

Los ministros lamentan la «deslealtad» de Ciudadanos: «Al Gobierno, ni agua»

MadridActualizado:

«No es lo mismo politiquería que política». Para el gabinete de Rajoy, las broncas de Ciudadanos con el Gobierno, tan frecuentes últimamente, no pasan de ser mera «politiquería», algo ruidoso y muy vistoso pero sin demasiada importancia. Lo realmente trascendente para el Ejecutivo es la situación en Cataluña, la defensa de la unidad de España y la soberanía nacional, o la estabilidad del país, con la aprobación de los Presupuestos incluidos, para que España siga creciendo a la cabeza de Europa. Y es ahí, en la auténtica «Política», con mayúscula, donde el presidente del Gobierno confía aún en el apoyo de Ciudadanos. En el entorno de Rajoy se consuelan con que todo lo demás no deja de ser regate corto y, sobre todo, ruido, mucho ruido.

«Hay espacio para el entendimiento en temas que nos importan a las dos partes, y la unidad de España o la estabilidad política y económica lo son», advierten en el equipo de Rajoy. En La Moncloa están convencidos de que, a la hora de la verdad, Ciudadanos pacta las políticas de Estado. «Pero hace partidismo opositor», y no duda en cuestionar algunas políticas del Gobierno de la Nación en Cataluña, en plena ejecución del golpe a la democracia. Así ocurrió cuando atacó al Gobierno por las supuestas facturas falsas, a cargo del Fondo de Liquidez Autonómica, para sufragar los gastos del referéndum, o incluso cuando criticó el dispositivo policial del 1-O.

Crecidos por las encuestas

La tensión entre el Gobierno de Rajoy y Ciudadanos supera con creces a la que pueda haber entre el PP y el PSOE o Podemos. En el Congreso, el jefe de la oposición en la práctica no es socialista, sino que es vecino de los escaños populares. Albert Rivera y sus diputados, muy crecidos por las encuestas, son hoy por hoy los que pegan más fuerte al Ejecutivo, y a la izquierda solo le queda el papel de observador del auténtico duelo de la legislatura, el que decidirá quién manda en el centro-derecha español. En los últimos días no se ha producido ninguna llamada entre Rajoy y Rivera, según fuentes próximas al presidente, y tampoco está previsto que la haya próximamente. La relación está congelada, pero no rota. «Está a temperatura ambiente», describió la vicepresidenta, en una fría mañana de Madrid.

Desde el Gobierno sostienen que lo primero que tiene que decidir Rivera es si está más comprometido «con la gobernabilidad, la estabilidad y el cumplimiento de la ley, o lo está más con las encuestas». Por si acaso, el aviso esta semana ha sido tajante: por mucho que se bloqueen los Presupuestos, Rajoy no se plantea ningún adelanto electoral. Que se olviden, pues, de forzar unas elecciones aupados por la ola de los sondeos.

En La Moncloa tomaron buena nota de las críticas que lanzó Ciudadanos al Gobierno, cuando el Consejo de Estado emitió un informe desfavorable al último recurso ante el Tribunal Constitucional, para impugnar la candidatura de Puigdemont. Pero Rajoy cree que, ante el desafío golpista, no le faltará el respaldo de Ciudadanos y el PSOE, porque no es un apoyo al PP, ni siquiera al Gobierno, sino a España y a la Constitución. Con los Presupuestos Generales del Estado ocurre algo parecido. En La Moncloa prefieren pensar que si la negociación se desatasca, Ciudadanos apoyará las cuentas porque España «necesita estabilidad».

De momento, las conversaciones sobre los Presupuestos están paradas. La portavoz de Coalición Canaria, Ana Oramas, cuyo voto también es imprescindible para aprobar las cuentas públicas, aseguró a ABC que los contactos están congelados, a la espera de que se logre formar un Gobierno en Cataluña y se desactive el 155. Solo entonces, el PNV se abrirá a pactar con Montoro. Oramas recuerda que el texto de los Presupuestos estaba cerrado y acordado a finales de septiembre, y el Gobierno lo metió en un cajón cuando los nacionalistas vascos se desmarcaron por la política de Rajoy en Cataluña.

En La Moncloa creen que aún hay tiempo, y los socios presupuestarios de 2017 volverán a cumplir en 2018: «La actitud de Ciudadanos no parece favorable ahora mismo, pero en realidad ellos necesitan apoyarlos, para demostrar que gracias a sus votos se garantiza la estabilidad. Además, necesitan vender que están haciendo algo, cuando todo el mundo percibe lo contrario». El Gobierno asume que, pase lo que pase, no faltarán los ataques de Ciudadanos: «Si no hay Presupuestos dirán que no somos capaces de pactarlos con nadie, y si los hay, incluso con sus votos, nos van a acusar de hacer concesiones al PNV». Es el precio que pagan a cambio del apoyo de los 32 votos del partido naranja.

En el día a día, los ministros lidian con la «oposición» de Ciudadanos, al que no hace mucho Rajoy llamaba «socio preferente». «Están en la actitud de rechazo total, al Gobierno, ni agua», se lamentaba un ministro en el Congreso. Unas horas antes, el partido naranja acababa de dar un nuevo portazo al Ejecutivo, con un giro repentino en su posición sobre una iniciativa para modernizar el Registro Civil. Fue el último ejemplo de «deslealtad» que han visto en La Moncloa. En el Pleno del martes en el Congreso, se tumbó la Proposición de ley del PP, una iniciativa que Ciudadanos se había comprometido a apoyar, según fuentes de Justicia. En el último momento, cambió su voto y se abstuvo. «Ni agua», insisten en el Gobierno.