Jordi Sànchez, el pasado 6 de octubre durante su declaración en la Audiencia
Jordi Sànchez, el pasado 6 de octubre durante su declaración en la Audiencia - IGNACIO GIL

Puigdemont propone a Jordi Sànchez para prolongar el bloqueo en Cataluña

Pesimismo entre el PDECat y ERC por su estrategia de confrontación

BarcelonaActualizado:

Ante la imposibilidad de ser investido presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont está dispuesto a prolongar el bloqueo proponiendo un sustituto al frente de la institución que perpetúe la situación de enfrentamiento e impida una salida razonable. La consigna es clara: cuanto peor mejor. Es en este contexto que desde el entorno de Junts per Catalunya vuelve a ponerse sobre la mesa la «solución» de Jordi Sànchez, exlíder de la ANC encarcelado de manera preventiva y con un futuro judicial más que incierto.

En ERC y en el PDECat, donde se ha iniciado un muy tímido despegue de la figura de Puigdemont, se tienen las peores sensaciones. Tienen claro que el expresidente ha asumido que su investidura es imposible, pero también saben que el «paso al lado» de Puigdemont solo quere ser aparente. Desde su «exilio» en Bruselas, Puigdemont parece dispuesto a asumir la estrategia de ir proponiendo de manera sucesiva candidatos que, bien por su situación de cárcel provisional, bien por próximas inhabilitaciones, obliguen a prolongar la situación. Todo menos la conformación de un gobierno «efectivo y estable» tal y como le proponen sus socios.

Fuentes del PDECat reconocen a ABC que ahora mismo la primera opción de Puigdemont, tras aceptar para él una investidura simbólica en Bruselas, es Sànchez, y que el primero está dispuesto a prolongar el bloqueo hasta donde haga falta, aunque ello implique la prolongación de intervención de la Generalitat vía 155. El hecho de que esta situción conduzca a que el Gobierno comience a entrar en asuntos sensibles como el de la lengua en la escuela casi parece más un estímulo en la estrategia de Puigdemont.

El pesimismo se extiende entre el PDECat y ERC, pero la desconfianza, por hablar suave, que separa a ambas formaciones impide la imprescindible pinza para apartar al «expresident».