El presidente del Parlament, Roger Torrent, en los pasillos de la Cámara catalana - EFE / Vídeo: Sergi Sabrià, portavoz de ERC en el Parlament, sobre la investidura: «Estamos más cerca»

Puigdemont amenaza con elecciones para arrollar a ERC

Esquerra está dispuesta a otorgarle al expresidente cualquier papel simbólico que desee si es a cambio de no incurrir en ninguna ilegalidad

BarcelonaActualizado:

Esquerra está cediendo en todo salvo en las legalidades; está dispuesta a otorgarle a Puigdemont cualquier papel simbólico que desee si es a cambio de no incurrir en ninguna ilegalidad impugnable. Junts per Catalunya tiene ya asumido que Puigdemont no será presidente. Puigdemont, en cierto modo, también. Pero a cambio quiere tener por escrito atribuciones ilegales que no sólo no tendrá, por mucho que se escriban, sino que el contexto de ilegalidad que supondrá redactarlas retardará el regreso de la normalidad institucional en Cataluña y prolongará la aplicación del artículo 155.

Junts per Catalunya da por amortizado a Puigdemont, y tiene tan claro que no será presidente como que las atribuciones «presidenciales» que reclama son imposibles, irrealizables, inaplicables. Pero quiere todavía usarle de espantapájaros para arrollar a Esquerra, para quedarse con las consejerías y direcciones clave que vertebran el Govern. Junts per Catalunya propone a Jordi Sànchez como sustituto de Puigdemont y Esquerra, que considera a Sànchez un buen tipo, con un gran corazón, sabe que no es realista investir a un presidente encarcelado y su modo de decirlo es que en la línea de legitimidad, va antes Junqueras que Sánchez, aunque el juez Llarena no le deje salir de la cárcel ni para que le puedan votar.

El círculo más íntimo de Puigdemont lo está vendiendo, tal como la coordinadora general del PDECat le advirtió. Elsa Artadi quiere ser presidenta y Agustí Colomines ha pactado con ella -como en su momento trató de pactar inútilmente con Marta Pascal- ser consejero de Cultura. Artadi, cuando más pronto que tarde llegue a presidenta, se lo concederá. La novia de Colomines, Aurora Madaula, es íntima amiga de Artadi y comparten el alquiler de un piso franco en Barcelona.

De modo que mientras todos ellos hacen la parodia del «president legítim», por la puerta de atrás negocian las carteras y las prebendas, dispuestos a negociarlo todo, y por supuesto a Puigdemont, como la torre que ya se sabe que hay que sacrificar para salvar a la reina. Esquerra sabe que el único marco practicable es la legalidad y está dispuesta a entenderse con Junts per Catalunya y con el PDECat para que se pueda formar Govern y Cataluña recupere sus instituciones democráticas. Junts per Cataluña, todo esto, también lo sabe, y en cierto modo, también lo pretende, pero cree que si aguanta en su extorsión a los republicanos, conseguirá mejor resultado: bien en el caso de una repetición electoral; o bien si los de Junqueras se acaban rindiendo a un precio mucho más confortable.

La candidatura de Sànchez

La candidatura de Jordi Sànchez forma parte de la lógica Puigdemont por su contenido épico, por su simbología, por el afán de seguir colapsando al Estado. Puede que entre la militancia convergente todavía queden muchos ilusos capaces de vivir de la fe en el simulacro, pero desde luego no es la intención real de Junts per Catalunya, que quiere ponerse a gobernar cuanto antes y usa los nombres del forajido y del presidiario con la única intención de arrinconar a Esquerra, de acomplejarla y de acusarla de pensar solo en sus intereses, mientras ellos acumulan todo el poder haciéndose las víctimas de la represión de España.

En este sentido, Junts per Cataluña no solo está tratando de imponer a un presidente imposible para forzar una beneficiosa negociación con Esquerra, sino que pretende tener derecho a veto sobre el vicepresidente que elijan los republicanos, para asegurarse de que no tiene capacidad operativa. Por ello Esquerra entiende que un determinado entorno de Puigdemont busca deliberadamente la repetición electoral, al creer que podrían ampliar su ventaja, y que la otra mitad del partido amenaza con esta posibilidad, sin realmente desearla, para acabar de exprimir las ganancias.

Hay más farol que discusión real, más farsa que capacidad operativa, más elucubración fantasiosa que escenarios que realmente se puedan practicar. Junts per Catalunya sabe que el tiempo de Puigdemont se acaba, que pronto será inhabilitado, que ante la próxima euroorden del juez Llarena puede muy bien ser que las autoridades belgas le acaben entregando y que, por su puesto, sus pretensiones de atribuciones «presidenciales», como que le pongan por escrito que pese a no ser legalmente «president» podrá nombrar consejeros o convocar elecciones, no solo son ilegales sino que por mucho que se escriban y se prescriban, no podrán constar en ningún documento oficial. Pero están dispuestos a insistir en la pantomima de que le defienden mientras tratan de venderle explotando las ganancias.