ANÁLISIS

El «procés» surrealista

Rosa Estarás, eurodiputada del PP, asegura que no hay nada más anti euoropeo que el nacionalismo, los muros y la división, y en Europa lo saben bien

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Bélgica es la cuna del surrealismo. Por tanto, no había mejor lugar que su capital, Bruselas, para escribir una nueva página de la pequeña y desgraciada historia del «procès» independentista catalán. Esta vez fue la manifestación independentista que recorrió calles secundarias de Bruselas sin que se le permitiera acercarse a ninguna institución europea. Todo en ella fue tan surrealista como los hechos que hemos vivido en los últimos meses: para empezar, los manifestantes, que en su inmensa mayoría eran turistas venidos para la ocasión –y de paso para disfrutar los días del puente. No eran mayoritariamente ni belgas ni residentes en Bruselas. Eran miles, sí, pero también son miles en un concierto o en un partido de futbol y no por ello se les puede dar una legitimidad o una capacidad de representación que en un sistema democrático solo dan las urnas. Las urnas legales, por supuesto.

Más surrealismo: los acompañantes de los manifestantes venidos de Cataluña en aviones y autobuses fletados con este motivo eran miembros de los partidos independentistas de Bélgica y otros lugares de Europa que también quieren romper con este proyecto común. Desde luego no son los mejores compañeros para intentar que una supuesta Cataluña independiente formara parte de la UE. La manifestación independentista de ayer fue sobre todo una manifestación anti europea, una manifestación de los que quieren romper a la vez España y la UE, porque esa ruptura, y no otro, es el objetivo de los que insisten en la independencia de manera unilateral y fuera de la ley, sin que les importe para ello utilizar la mentira y la manipulación contra los valores europeos. No hay nada más anti europeo que el nacionalismo, los muros y la división, y en Europa lo saben bien.

Y hubo más: lo de ayer fue un acto electoral hecho fuera del lugar donde se celebran las elecciones del 21 de diciembre. Un acto electoral donde el gran protagonista, Carles Puigdemont, es un prófugo de la justicia española que ha traicionado a sus compañeros, algunos ahora en prisión preventiva, y que no se ha exiliado a Bruselas, simplemente ha huido cobardemente a esta ciudad para esquivar las consecuencias de sus acciones.

La manifestación de ayer quedará en cualquier caso como un despropósito más de la historia del «procès», porque no servirá absolutamente para nada concreto. Las instituciones de la UE y los gobiernos de todos los países europeos han dejado claro ya hace mucho tiempo que no apoyarán un proceso que solo pretende hacer un segundo «Brexit» en España y en Europa.

Rosa EstarásRosa Estarás