España

Las primarias, de invento socialista a quebradero de cabeza

El método se estrenó de forma pionera a finales de los 90 para designar al candidato a la Moncloa

Preparativos en la sede del PSOE en Ferraz para el domingo - EFE
Carlos Pérez Gil (EFE) - Actualizado: Guardado en: España

El PSOE celebrará mañana las segundas primarias de su historia para secretario general, un método que estrenó de forma pionera a finales de los 90 para designar al candidato a la Moncloa y que a pesar de haber mejorado su democracia interna, también ha generado a los socialistas más de un problema.

El PSOE fue el primer partido en democracia en instaurar las primarias en 1997, en el 34 Congreso Federal, cuando Joaquín Almunia relevó a Felipe González como líder del partido.

Aunque no había tradición en Europa, los socialistas apostaron por la elección del aspirante a presidente del Gobierno por parte de todos los militantes para dar más legitimidad a su nombramiento, alejarse de la designación a dedo de otros partidos y hacer más democrático el funcionamiento interno de la organización.

Tras los primeros ensayos en Cataluña en noviembre de 1997 y en el País Vasco, en marzo de 1998, el PSOE celebró su primera, y última hasta ahora, consulta a las bases para ser candidato a la Moncloa el 24 de abril de 1998, en las que Almunia se presentaba como favorito frente a su competidor, Josep Borrell.

Pero el triunfo del político catalán contra pronóstico y contra el aparato del partido provocó el primer sobresalto, al dar pie a una inédita bicefalia en la dirección que apenas duró unos meses.

Borrell dimitió en mayo de 1999 y Almunia, sin que hubiera una nueva consulta entre las bases, sufrió un duro varapalo en las elecciones de 2000 que José María Aznar ganó con mayoría absoluta.

Durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, al no haber contrincantes, no hubo primarias y se volvieron a convocar en 2011, pero fueron innecesarias porque Carme Chacón se retiró y dejó vía libre a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Abiertas a los simpatizantes

Con Rubalcaba, se decidió que en las primarias a cabeza electoral también fueran abiertas a los simpatizantes, aunque esta fórmula solo se ha aplicado por ahora a nivel autonómico.

Pero el gran paso fue el que se dio en julio de 2014, cuando los afiliados votaron por primera vez al líder del partido.

«Un militante, un voto», fue la fórmula con la que Pedro Sánchez, con el apoyo de su ahora rival, Susana Díaz, se impuso a Eduardo Madina en un plebiscito histórico, pero que, a la postre, fue origen de la grave división con la que el PSOE afronta la cita del domingo.

La batalla entre Sánchez y Díaz ha alimentado el debate en el partido sobre cómo enfocar las primarias en el futuro ante el desgaste y la tensión que están generando.

Para el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el sufragio de las bases para elegir al secretario general «no tiene camino de regreso», pero ve preciso revisar la metodología.

«Esto está abriendo en canal al partido», reflexionaba esta semana Fernández Vara.

El candidato Patxi López ha propuesto un sistema a doble vuelta, lo que comparte Sánchez, pero mientras el primero se inclina por suprimir los avales para ser aspirante, el segundo plantea reducir el mínimo exigido —del 5 al 3 por ciento—.

Díaz respalda las primarias —«voy a reforzarlas, han venido para quedarse», ha sostenido en la campaña—, siempre que no sea para dar todo el poder al secretario general en detrimento de los órganos del partido.

Voces críticas

Aunque una amplia mayoría de cargos socialistas ven inviable renunciar a las primarias, hay voces críticas de peso que las cuestionan y que las vinculan al derrumbamiento electoral.

«O se termina con ellas o ellas terminarán con nosotros», profetizó en 2012 el expresidente extremeño Juan Carlos Ibarra, el principal detractor de «este rollo de las primarias».

Entre los escépticos, también están otros históricos como el exjefe del Gobierno Felipe González y Alfonso Guerra, para quien las primarias «no son lo más democrático» porque conducen al «cesarismo».

El que fuera secretario de Organización del PSOE en 1997 y actual diputado por Valencia, Cipriá Ciscar, afirma a EFE que la votación de los militantes es un avance en el modelo democrático de los partidos, si bien «supone un riesgo y un coste si no hay elementos de unidad y fortaleza» una vez que se elige al secretario general.

«El PSOE ha de saber conllevar las primarias para que tengan efectos positivos», recomienda a EFE Ciscar, alineado con quienes ven preciso un equilibrio entre la democracia directa y la representativa.

Sobre si seguirán siendo una herramienta útil, el veterano diputado argumenta: «Depende de dos factores: que demuestren que nos da potencialidad y que los demás partidos, que ahora las utilizan para debilitarnos, también las apliquen, porque si no hay desventaja».

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