Mariano Rajoy
Mariano Rajoy - MAYA BALANYA

El presidente de la tormenta perfecta

Al Casino de Madrid solo le faltaban los dos leones: nueve ministros arroparon a Rajoy

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En seis años de una vida puede nacer un hijo; morir un padre; o mudar un trabajo. A un político del siglo XXI le pueden suceder, en su ámbito personal, todas esas cosas, algunas o ninguna; pero en la agenda de lo políticamente previsible es imposible programar una tormenta perfecta: que se desate la crisis económica más grave de los últimos cincuenta años; que el jefe del Estado abdique; que la fragmentación del Parlamento deje al país sin presidente electo durante casi un año; que un grupo de gobernantes sediciosos atenten contra la unidad de la nación, se rebelen contra la ley, su cabecilla escape a otro país; y que el Gobierno tenga que aplicar un artículo de la Constitución que los legisladores conciliaron en la práctica seguridad de que dormiría para siempre en papel sepia. Pues ayer al Foro ABC acudió el gobernante español al que todo eso le ha ocurrido en media docena de años y no se le nota: Mariano Rajoy.

A las puertas del Casino de Madrid donde se celebró el almuerzo con el presidente le faltaban los leones de las Cortes. Decenas de cámaras, periodistas, programas en directo, diputados y ministros entraban y salían a la espera de Rajoy como si fuera un miércoles cualquiera en la carrera de San Jerónimo.

Uno de los primeros en llegar fue el ministro de Educación y portavoz (o portavozo, si la RAE acepta la sugerencia de Irene Montero), Íñigo Méndez de Vigo, en animada charla con Marcelino Oreja, que incluso se prolongó a la salida del acto, bajo dos grados serranos. Había aroma de anuncio importante y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, no soltaba ni palabra, sabedora de que su jefe otorgaría la notica del día en pocos minutos: el Gobierno aprobará hoy que los planes de pensiones puedan recuperarse a partir de diez años. Fue el primer plato político, que dio paso a las lentejas con chorizo madrileñas y la dorada a la bilbaína del menú gastronómico (y autonómico), coronado por una crema catalana que parecía anticipar el que sería el eje de las preguntas periodísticas que el director de ABC, Bieito Rubido, le trasladó al presidente: Cataluña y la trastienda de la aplicación del artículo 155, por primera vez desgranada por su principal protagonista en un foro público.

Rajoy desmigó sus preocupaciones tras tomar esa decisión nunca adoptada en España (y en Europa) de destituir a un Gobierno elegido en unas elecciones: la hacienda, la seguridad, las llamadas «embajadas catalanas» y la TV3. Frente a él, el ministro Juan Ignacio Zoido escuchaba atento cómo el presidente recordaba que «hubo que cesar a uno de los responsables de la seguridad» en referencia al mayor Trapero, por su connivencia con el golpe. No muy lejos, el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, asentía ante las palabras del presidente sobre la necesidad que tuvo Moncloa de informar a las instituciones europeas de los planes para parar el golpe y de una de las operaciones que el Gobierno tuvo que hacer con mayor urgencia, en la madrugada del 22 de octubre de 2017: cerrar las oficinas que, a imagen y semejanza de las legaciones diplomáticas, el Gobierno independentista tenía abiertas en media Europa.

Puso en limpio el presidente las razones por las que optó por la cirugía del 155 en el «mejor momento posible». Rubido le recordó cómo a un presidente del Gobierno así como a un director de periódico siempre le salen al paso personas que querrían tomar decisiones por él. Rajoy confirmó que así era: «Me dieron muchas instrucciones, que lo hiciera antes, que lo hiciera después, e incluso que hiciera todo a la vez», respondió ante las risas de los asistentes. Sin embargo, argumentó que para ello siempre quiso contar con el apoyo de PSOE y Ciudadanos, que «unos días antes habían dicho a un medio nacional que no querían el 155». El auditorio respondió con un murmullo general ante el recordatorio de una circunstancia que, a la luz del apoyo posterior de ambos partidos, parecía haberse olvidado.

La plana mayor del PP, representada además de por la ministra de Defensa y secretaria general, María Dolores de Cospedal, por los vicesecretarios Pablo Casado, Javier Maroto y Andrea Levy, y por el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, sabían muy bien de lo que hablaba el jefe del Gabinete, así como la ministra catalana del actual Ejecutivo, Dolors Montserrat, clave como puente con esa Comunidad autónoma. Muchos ojos no se despegaban del presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, institución que objetó los plazos decididos por el Gobierno para recurrir la investidura de Carles Puigdemont, recurso que Rajoy finalmente interpuso y posibilitó que el TC suspendiera de manera cautelar el pleno del Parlament.

De los nueve ministros que acudieron a la cita de ABC, a algunos Rajoy les puso tareas públicas. El titular de Agenda Digital, Álvaro Nadal, escuchó de primera mano cómo la digitalización y el desarrollo científico es una de las grandes preocupaciones del presidente; el titular de justicia, Rafael Catalá, oyó que Rajoy «tiene la rara costumbre» de respetar las decisiones judiciales siempre y, en especial, respecto a las causas penales que se siguen contra los dirigentes independentistas; la responsable de Agricultura, Isabel García Tejerina, refrescó uno de los desafíos que para el Gobierno siguen pendientes, la protección del medio ambiente y la apuesta por las energías renovables; y el nuevo jefe de Gabinete de la Presidencia, José Luis Ayllón, tomó nota de los retos futuros.

El Consejo de Ministros puede tener en los próximos días una baja anunciada: la del titular de Economía, Luis de Guindos, que se postula como vicepresidente del Banco Central Europeo. Precisamente en el almuerzo no faltaron algunos de los nombres más destacados de la quiniela para la sucesión, desde la secretaria de Estado de Economía, Irene Garrido, hasta la jefa de la Oficina Económica, Eva Valle, sin olvidar a los ministros Tejerina o Nadal, que también suenan. La duda estaba sobre la mesa: dado que Pedro Sánchez ha declinado apoyar la candidatura de Guindos para el emisor de la UE por no ser mujer, ¿esta vez atenderá Rajoy su recomendación colocando a una ministra en Economía? Como había aventurado el director de ABC cuando bromeó sobre la procedencia gallega tanto de él como de su interlocutor, el presidente no defraudó al vaticinio: «Puede ser una mujer, pero también un hombre...». A lo más que llegó es a ponderar «lo bien acompañado que trabajo» señalando a mujeres dirigentes de su partido con cargos de primer nivel, que le escuchaban a pocos metros. Ana Pastor, presidenta de las Cortes, y tercera autoridad del Estado; Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid; y a las cuatro ministras que le acompañaban. Además de Cifuentes, Madrid estuvo representada por la delegada del Gobierno en la región, Concepción Dancausa, y el portavoz popular en el Ayuntamiento, José Luis Martínez Almeida.

Una exvicepresidenta de Zapatero, Elena Salgado, seguía con atención las palabras que el presidente dedicó a los avances económicos y a la recuperación de PIB a niveles de antes de una crisis que ella vivió en primera persona en el último gobierno socialista. También Elvira Rodríguez, hasta hace unos días presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y ahora titular de Tragsa, sentada no muy lejos de su sucesor, Sebastián Albella, se interesaba por la recuperación del empleo.

Pulsos económicos

La empresa tuvo muchos oídos privilegiados en el Foro de Rajoy. Desde el presidente de ACS y del Real Madrid, Florentino Pérez, hasta el primer responsable de Iberdrola, Ignacio Galán, sentado curiosamente muy cerca del ministro Nadal, con el que ha mantenido un reciente pulso por el cierre del carbón. A corta distancia, José Folgado, presidente de Red Eléctrica, tomaba buena nota de las perspectivas económicas desgranadas por el inquilino de Moncloa, el mismo día que Abertis anunciaba que llevaría al Consejo la aprobación de la posible venta de Hispasat a su compañía. Tampoco faltó el presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno, el de Sacyr, Manuel Manrique; y el máximo responsable de Técnicas Reunidas, José Lladó.

No tardó el protagonista del acto en defender la autoestima de España y extender además ese respaldo a sus antecesores cuando fue interpelado por el abandono por parte de los poderes del Estado de Cataluña. Al igual que con los avances económicos, Rajoy volvió a espolear a los españoles para que se sientan orgullosos de su país, un guiño dirigido seguramente a quien le escuchaba con atención y es responsable de fundaciones que luchan por frenar la separación de Cataluña, como Eduardo Serra.

Vuelta al pasado

«Si el presente pretende juzgar el pasado, acabará perdiendo el futuro» vaticinó Churchill. Desde luego, la recuperada estrategia socialista de revitalizar la Ley de Memoria Histórica no faltó como asunto de debate en los corrillos. También el presidente del Gobierno se mostró contrario a revisar el pasado amén de que ensalzó los logros de la transición de la que dijo merece la pena sentirse orgulloso. Algunos exministros ya retirados como Isabel Tocino o juristas de largo recorrido como Antonio Garrigues Walker, parecieron retrasar el reloj 40 años.