Los Reyes, el presidente de Israel y su esposa reciben a la vicepresidenta del Gobierno y al resto de los invitados a la cena de gala en el Palacio Real - EFE

El presidente de Israel afirma que «España es un solo país»

Rivlin manifiesta su confianza en el Rey, que «es símbolo de la unidad»

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Aunque no estaba previsto en el discurso inicial e, incluso, hace unos días había reticencias a hacerlo, el presidente de Israel, Reuven Rivlin, defendió anoche la unidad de España en pleno desafío separatista catalán. Rivlin aprovechó las primeras palabras que pronunció en Madrid para afirmar que «España es un país para nosotros, y Su Majestad es el símbolo de la unidad».

El mandatario hizo esta afirmación durante el brindis de la cena de gala que los Reyes ofrecieron en su honor en el Palacio Real con motivo de la visita de Estado que Rivlin realiza a España y que es la primera de un presidente de Israel desde hace 25 años. «Todos los ciudadanos de España son queridos para nosotros y esperamos y rezamos para que todos los conflictos se resuelvan de manera pacífica», dijo y, acto seguido, agregó: «Y confíamos en Su Majestad».

Estas últimas cinco palabras fueron añadidas en el último momento, ya que no figuraban ni en el discurso impreso que se repartió entre los 130 invitados a la cena, ni en el párrafo introducido a última hora sobre la unidad de España.

Cuando Rivlin terminó su discurso y levantó su copa para brindar -la Reina se la pasó porque no la encontraba en la mesa-, el primero que rompió a aplaudir fue el presidente del Gobierno, visiblemente satisfecho con las palabras que acababa de escuchar. Mariano Rajoy acudió a la cena acompañado por su esposa, Elvira Fernández; por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y por tres ministros, los de Exteriores, Justicia y Sanidad, y los presidentes del Congreso, del Senado y del Tribunal Supremo. Entre los comensales, también estaba el director del CNI, Félix Sanz Roldán.

Poco antes, el Rey había pronunciado un brindis en el que eludió hablar de Cataluña y prefirió hacerlo de reencuentros. Don Felipe reivindicó los «vínculos históricos» de «nuestra España democrática» con el pueblo judío. «Nos emociona ver cómo sefardíes de todo el mundo acuden al reencuentro con España y, sin perder su previa nacionalidad, se convierten en nuevos compatriotas nuestros de los que nos sentimos verdaderamente orgullosos». El Rey también dijo que la España democrática «integra el patrimonio de la diversidad» y de la «identidad plural» de la «gran nación de Israel».

Menú kosher y Hallelujah

Todos los detalles se cuidaron en esta cena de gala para que fuera del agrado de los los invitados, empezando por la selección de un menú kosher servido por Ramón Freixá, el chef dos estrellas Michelín, con certificación para servir estos alimentos. Mientras degustaban los platos, los invitados israelíes disfrutaron de una selección musical a su medida. La banda sinfónica de la Guardia Real interpretó canciones sefarditas y Jerusalén de Oro, que alternaba con los Suspiros de España, el Concierto de Aranjuez y, también con algo de modernidad, como Streisand & Cohen in concert, y su famoso Hallelujah .

Antes, durante el saludo de los 130 invitados a los Reyes y al matrimonio Rivlin se contemplaron algunas escenas peculiares, como fue el rechazo del Gran Rabino Jefe del Estado de Israel, Yitzhak Yosek, entre otros, a rozar a las mujeres, por lo que saludó con gestos a distancia a Doña Letizia y a la primera dama de Israel, Nechama Rivlin. La esposa del presidente israelí resistió el besamanos apoyada en una alta banqueta y con su inseparable bolsa de oxígeno y, después, el Rey le ofreció su brazo para acompañarla comedor de gala.

La visita de Estado comenzó por la mañana en el Patio de la Armería. Tras la recepción oficial, el presidente israelí se trasladó a la Plaza de la Lealtad para realizar una ofrenda en el monumento a los que dieron su vida por España y, desde allí, acudió al Ayuntamiento para recibir, de manos de la alcaldesa, Manuela Carmena, las Llaves de Oro de Madrid.

El acto del Palacio de Cibeles se celebró a puerta cerrada, con asistencia de la delegación israelí, que incluía representantes de las confesiones religiosas judía, cristiana y musulmana, así como de miembros de todos los grupos políticos del Ayuntamiento.

El hecho de que la ceremonia se desarrollara a puerta cerrada, provocó las críticas del portavoz del PP en el Ayuntamiento, José Luis Martínez Almeida, quien dijo que le hubiera gustado un acto más bonito, con asistencia de todos los concejales, y no uno «casi clandestino». Martínez Almeida aseguró que en su partido «no hay fisuras» en torno a la figura del mandatario israelí, a diferencia de lo que sucede en el equipo de Gobierno donde algunos -comentó- han definido a Rivlin como «el señor de las armas».