Reunión del Comité de Dirección del PP, ayer
Reunión del Comité de Dirección del PP, ayer - EFE

PP y Cs se abren a la segunda vuelta en las municipales y el PSOE no lo rechaza

Génova rechaza la lista más votada pero rescata la idea que defendió Sánchez en 2015

MadridActualizado:

La foto de la alianza entre Podemos y Ciudadanos para modificar la ley electoral aumentando la proporcionalidad del sistema en detrimento del bipartidismo ha suscitado una rápida respuesta del PP para cambiar los términos del debate. Acción, reacción. Génova ha desempolvado su vieja demanda de que se permita gobernar a la lista más votada. En las elecciones municipales, pero también en las autonómicas. Y aunque de momento no llevará la propuesta al Congreso, sí la quiere poner en lo más alto del debate político para obligar al resto a retratarse. De momento, los otros tres principales partidos rechazan la elección directa del alcalde. Pero fuentes de Ciudadanos aseguran a ABC que están dispuestos a explorar la idea de instaurar el sistema de doble vuelta en los ayuntamientos. También el PP.

Fue el PSOE el primero que abanderó ese modelo, llegando incluso a introducirlo en sus programa electoral de 2004. Luego en 2015 lo rescató el actual secretario general, Pedro Sánchez, que sin embargo rechazó la idea de respetar la lista más votada, como le propuso el Gobierno de Rajoy para las últimas elecciones municipales. Hoy por hoy la propuesta de doble vuelta no está entre las reivindicaciones de Ferraz, pero tampoco se rechaza. Lo que sí se mantiene es su descarte absoluto a que el que más votos consiga gobierne por descontado, sin esperar a los pactos postelectorales. Según los socialistas, esa idea «descalifica la democracia representativa».

La fragmentación del tablero en 2015, con la irrupción de Podemos y Ciudadanos, pero sobre todo su intención de reformar el sistema electoral para evitar privilegios al bipartidismo, ha elevado la sensación de riesgo en Génova, que intenta convencer al PSOE de un cambio legislativo que ya exploraron en la décima legislatura, aunque sin éxito.

Los dirigentes de Génova insisten en que no se puede alterar los resultados en «los despachos o en los bares», como se refirio ayer el coordinador de Génova, Fernando Martínez-Maillo, a los pactos postelectorales que en 2015 desalojaron al PP de numerosas capitales como Madrid, Valencia o Sevilla. En el mapa autonómico hubo un vuelco hace dos años. Pese a haber ganado, los pactos entre las izquierdas desbancaron a los populares de cinco regiones: Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Cantabria, Baleares y Aragón. Los de Rajoy solo lograron mantener la Comunidad de Madrid, Murcia, Castilla y León y La Rioja, con el apoyo exterior de Ciudadanos. El PP sabe que, o gana por mayoría absoluta, o puede ser desalojado.

Excepciones

El principio «genérico» que defiende Génova, y que vuelve ahora a poner sobre la mesa es que la lista más votada mande, desde luego en las alcaldías, pero también en las autonomías. Hay quien en la dirección del partido extiende esa regla a las generales, pero en Génova reconocen que esa reforma no es realista hoy por hoy. En esa máxima puede haber «excepciones», señalan los populares, que ponen como ejemplo el pacto por el cambio político en el País Vasco. En 2009 el PP de Antonio Basagoiti aupó al socialista Patxi López a Ajuria Enea para acabar con treinta años de monopolio del PNV. Los populares justifican que los votantes anticiparon esa pinza en las urnas.

El Gobierno de Mariano Rajoy ya propuso legislar durante su anterior mandato para que se respetara la máxima de que quien gana gobierna. Sin embargo, el PP decidió no usar su mayoría absoluta y esperar al consenso mayor con el PSOE, dejando la reforma en el tintero para frustración de muchos de sus cargos desalojados del poder pese a haber vencido en las urnas. Entonces los populares barajaron una fórmula «abierta al debate», aunque en sus documentos internos se perfiló blindar a la lista ganadora que hubiera obtenido entre un 35% y un 40% de los votos y una horquilla de distancia de entre cinco y siete puntos sobre el segundo partido. Pedro Sánchez frenó en seco la iniciativa.

Ahora el PP buscará que Albert Rivera se comprometa, al menos públicamente, a que no «hará la cama» a los candidatos municipales que se impongan en las urnas. Ciudadanos es reacio a imponer al más votado y considera que la aritmética parlamentaria debe jugar su papel y, de hecho, en Cataluña no han intentado su investidura conscientes de que la suma no da.

Los populares están muy enojados con el acercamiento de Ciudadanos a Podemos para pactar una reforma electoral que beneficia a los minoritarios. O que deje de favorecer a los mayoritarios, dicen desde el otro punto de vista. «Buscan una reforma a la carta», denuncia Génova. Los de Rajoy recuerdan a Cs que ese principio se incluyó en el pacto de investidura, aunque fue de rondón, ya que en el literal de lo firmado se dice que «el PP se reserva la posibilidad de presentar iniciativas» que permitan garantizarlo.

Para Ciudadanos la reforma electoral es una prioridad, hasta el punto de que no le incomoda visibilizar su entendimiento con Podemos. Sus desvelos están puestos en la mejora de la proporcionalidad en la convocatoria de elecciones generales. Pero ante el planteamiento del PP de que gobierne la lista más votada, fuentes de la formación consultadas por este diario aseguran que, «aunque no es nuestro modelo», el partido está dispuesto a estudiar, en aquellos niveles donde el PP proponga que gobierne la lista más votada, «un sistema de doble vuelta para que los ciudadanos elijan al más votado». En Génova también se ve con buenos ojos este modelo, que según recuerdan propuso el PSOE, ya que entienden que se encamina a su planteamiento de resepetar la voluntad expresada en las urnas.

Desde Podemos ayer se rechazó de plano la posibilidad de que gobierne la lista más votada, por considerarlo incompatible con nuestro actual sistema: «Parece que el PP no solo no entiende nuestra propuesta, sino que tampoco entiende lo que es una democracia parlamentaria. Si quiere que España deje de ser una democracia parlamentaria y quiere ir a un sistema presidencialista, que lo proponga directamente, pero en un democracia parlamentaria gobierna quien es capaz de llegar a acuerdos y reunir el máximo apoyo de la Cámara. Lo que deberían hacer es dejar de mentir e intentar entender de qué hablamos cuando nos referimos a una democracia parlamentaria», planteó ayer el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique.

El PSOE busca espacio

El debate de la segunda vuelta para la elección de los alcaldes viene de lejos en el PSOE. Hasta el punto de que puede otorgarse la paternidad de la idea a los socialistas. El programa con el que José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones de 2004 contemplaba la «elección directa de los Alcaldes, en votación diferente pero simultánea a la de los concejales, en un sistema de doble vuelta que refuerce la gobernabilidad de los Ayuntamientos». No se abordó reforma alguna.

La cuestión recuperó actualidad cuando en 2015 la presidentaa andaluzaa, Susana Díaz, en el contexto de una investidura que se complicaba en el tiempo, planteó la introducción de la segunda vuelta «en todos los niveles». Con Pedro Sánchez en su primer mandato la respuesta de Ferraz en ese momento fue que se podía «hablar de ello» pero exclusivamente en el ámbito local. La posición en estos momentos es similar. Aunque no está en la lista de prioridades del partido en el ámbito de la reforma electoral ni se defiende como propuesta en este momento, lo cierto es que tampoco se rechaza. Fuentes de la dirección socialista reconocen esa posibilidad como «una de las múltiples fórmulas para dotar de fluidez y sostenibilidad al sistema». Pero se deja claro que es una posibilidad que «no tiene nada que ver con el concepto de que gobierne la lista más votada» de forma autonómica, concepto al que el PSOE se opone de forma tajante: «En términos generales es evidente que nosotros pensamos en que haya fórmulas de estabilidad. Pero eso no pasa por tumbar el sistema de representación», dicen, defendiendo que la segunda vuelta sería «una posibilidad que no rompe para nada la proporcionalidad».