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CDC podría ser la quinta fuerza y ERC ganaría a Podemos Salvador Sostres

Pánico en Convergència, y en su más que probable candidato Francesc Homs, porque las encuestas sobre las elecciones del 26 de junio sugieren que el que siempre fue el primer partido de Cataluña podría acabar siendo no más que la quinta fuerza política.

Esquerra aspira a ganar a Podemos, o a reducir distancias; y Convergència continúa tan frágil, tan desorientada y tan decapitada que es incapaz de pensar en nada más que en robarle votos a Esquerra. Es la estrategia de la desesperación, porque siempre que CDC lo ha intentado no solo no lo ha conseguido sino que ha visto como los republicanos ampliaban su ventaja.

En este contexto hay que situar el último encontronazo entre Junqueras, que se mostró partidario de subir el IRPF de las rentas más presionadas, y la tajante respuesta de Puigdemont negándose a ello. ERC busca pescar entre los votantes de Colau y Convergència presentarse como el único partido fiable para compensar el frente izquierdista.

Junqueras tiene una probada habilidad para combatir el caos con más caos, para «gritar “¡Devastación” y soltar a los perros de la guerra»; en cambio en Convergència, la desolación es el sentimiento y ante la repetición electoral se temen lo peor.

Una encuesta privada de la CEOE señala que Esquerra ganaría un diputado y se quedaría con 10, y que Homs podría conservar los 8 que tiene, aunque perdería muchos votos. Es, de todos modos, la encuesta más halagüeña para los convergentes. Las dos importantes encuestas que se están trabajando estos días apuntan, en sus conclusiones provisionales, que ERC podría ganar las elecciones al perder Podemos 2 diputados en Lérida -en favor de ERC y del PSC- y otro en Barcelona, del que se aprovecharía Ciudadanos.

Convergència, sin partido, sin proyecto y sin líder, se desangra por las esquinas. Los últimos sondeos indican que podría quedarse entre 6 y 7 diputados, 1 o 2 menos de los pocos que le quedan. En ese caso se vería superada no sólo por Podemos y ERC sino también por Ciudadanos y PSC.

Junqueras se prepara para ser el próximo presidente de la Generalitat y ha empezado a dar muestras de que entiende que el pragmatismo pujolista es la única manera de relacionarse con el Estado, por muy independentista que uno sea. Es la misma conclusión a la que ha llegado el PNV, que se define como independentista y gobierna para administrar el autonomismo. A medio camino entre la «cronificación del conflicto» y el soberanismo posibilista, ERC se prepara para sustituir a CiU en la interlocución con Madrid, procurando exhibir en todo momento un cierto acento social para frenar a Podemos.

Desde su retiro forzado, Artur Mas intentará que en su partido cambie todo para que todo siga igual, y está buscando soluciones más pensadas para mantener su poder que para que Convergència volver a ocupar la centralidad de la política catalana. Hay verdadera preocupación en CDC por la renovación en falso que quiere provocar el expresidente de la Generalitat, instalado desde que dejó el cargo en su resentimiento y en su megalomanía, mientras Junqueras conquista el terreno libre que le deja esta CDC extemporánea y arrinconada. Un relevante dirigente de la formación nacionalista reflexiona que «Convergència como herramienta funcionó siempre perfectamente hasta que Mas llegó. El problema es él, y quien está quemado y calcinado también es él, y no el partido. Es de líder paranoico y desequilibrado querer cambiarlo todo y a todos para no afrontar que tu momento de marcharte ha llegado».

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