David Gistau - ACOTACIONES DE UN OYENTE

El papelón de Rufián

Con su fotocopiadora, terminó de parecerse al Pijoaparte de Marsé que intentaba integrarse entre marxistas-rococós con una «filipina» para imprimir pasquines

David Gistau
MadridActualizado:

En el parlamento de San Jerónimo, un hombre que paseaba una fotocopiadora, igual que Nerval una langosta, acusó ayer a los demás de hacer el ridículo. El efecto cómico fue inmediato y aquellos que reían se perdieron la «punch-line»: Rufián dijo que su papeleta es para consumo propio –como su papelón-, sólo faltó ahí el efecto de sonido del platillo. Hace tiempo que este cronista decidió no ser cómplice del «show» de Rufián ni contribuir a fortalecer ese personaje con el que ha encontrado un hueco en Madrid, cumpliendo así el sueño provincial de los maletillas tremendistas y de los chistosos del Pasapoga. Despacharemos sin más a ese Rufián cuyas antologías de chistes se venderán en gasolineras y que, con su fotocopiadora, terminó de parecerse al Pijoaparte de Marsé que intentaba integrarse entre marxistas-rococós con una «filipina» para imprimir pasquines. Todo cuanto Rufián hace y dice es tan grotesco que la vicepresidenta le hace un favor cuando se pone trascendente y emplea con él axiomas democráticos tan solemnes como el juramento de Escarlata de no volver a pasar hambre. La bancada lo aplaude mucho, la paliza que se lleva Rufián es evidente. Pero es un poco como si Churchill hubiera pronunciado el «We Will Never Surrender» refiriéndose, no a la inminencia de la Luftwaffe, sino del circo de los hermanos Tonetti.

En ese sentido, mucho más solvente en términos políticos lo es Domènech, quien mantuvo con SSS un buen duelo acerca de legalidad y pretextos para eximirse uno de su cumplimiento. Las pocas reacciones de un gobierno reticente bastan a Domenech para trazar el retrato de un Estado represor que todo lo patrulla. Se va a poner morado de victimismo como apliquen el 155.

Me interesó comprobar que Margarita Robles necesitaba disculparse ante Mariano Rajoy antes de hacer oposición, que es por lo que cobra. El Godzilla independentista ha provocado tal zafarrancho de alarma y tales necesidades de apoyar al gobierno en la emergencia que hasta para hacer reproches sociales o laborales hay que pedir perdón. La pregunta de Robles era legítima, por supuesto, cómo no va a poder inquirir una portavoz socialdemócrata sobre la calidad del empleo en España o sobre lo que le dé la gana sin temor a pasar por ello por traidora en una encrucijada de la patria que tiene a todos en la almena, derramando sobre el enemigo pucheros con artículos constitucionales hirvientes. Lo que ocurre es que Robles aún tiene que aprender el oficio parlamentario. No puede desperdiciar un turno de réplica entero con una sola frase/tuit que ella cree demoledora –«Debe usted pasar de lo teórico a lo práctico»-, porque entonces Rajoy la sepulta con datos sobre empleo creado –es decir, sobre resultados prácticos- sin que ella pueda ya ni recuperar ese minuto largo que se dejó sin usar. Rajoy lo tiene fácil en cuestiones oratorias. Fíjense cómo lo aprietan, que con Rivera estuvo un rato compartiendo educadísimas intenciones reformistas con la Constitución para cuando escampe el golpismo. Era como ver a dos decoradores de interiores hablando del gotelé durante un terremoto con el cual el edificio se cae a cachos.

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