Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE - ÁLVARO CARMONA

El nuevo PSOE de Sánchez se estanca en los sondeos y no logra la unidad interna

Ferraz asume que las municipales de 2019 serán decisivas de cara a las generales y atribuye su bajada en las encuestas a la lejanía de los comicios

MadridActualizado:

Hace diez meses que Pedro Sánchez ganó las primarias y recuperó la Secretaría General del PSOE. Su mero regreso, con el rechazo a Mariano Rajoy como piedra angular de su campaña, rompió el discurso con el que Pablo Iglesias había colocado a Podemos por delante de los socialistas en todos los sondeos. El CIS publicado en agosto de 2017 invirtió la tendencia y devolvió al PSOE a la segunda posición con el 24,9% de los apoyos. Esa encuesta sirvió a Sánchez para proclamar que se había ganado ya «la batalla de la izquierda». La crisis catalana lastró aún más a Iglesias y dio verosimilitud al relato del líder socialista, cuya estrategia no es otra que la de presentarse como alternativa natural a un presidente que considera en declive.

Pero las encuestas posteriores certificaron que aquel dato no ha sido el inicio de la remontada socialista. El barómetro del mes de enero situó al PSOE en un 23,1% de voto, casi dos puntos por debajo del primer CIS con Sánchez de vuelta en Ferraz. Y hablamos del CIS, que es la única encuesta a la que en Ferraz otorgan ya credibilidad. En la sede socialista se han instalado en el negacionismo demoscópico como respuesta a la falta de crecimiento. Este fin de semana sorprendían las palabras de José Félix Tezanos, secretario del Área de Estudios y Programas de la ejecutiva federal, que aseguraba que las encuestas que hacen los medios «no son sociología, sino parasociología» y «una especie de brujería». Tezanos acusó directamente a los medios de inventarse las encuestas en un momento en el que las de varios medios sitúan a Ciudadanos por delante de los socialistas. «Estamos sufriendo acoso, que es impropio, porque somos una organización pujante», denunció Tezanos.

Las palabras de Tezanos no son más que la verbalización de lo que muchos piensan, aunque nadie lo diga de ese modo. Ayer mismo la número dos del partido, Adriana Lastra, se preguntaba por qué se hacen encuestas «cuando no hay pulsión electoral» porque, a su juicio, «más que reflejar parece que quieran crear tendencias». Sí reconoció que puede existir un «efecto Cataluña» en el crecimiento de Ciudadanos. Y también que el PSOE «lento pero seguro asienta posiciones». Se analizan las encuestas hasta lo que se considera verosímil.

En el discurso oficial se niega que el ascenso de Ciudadanos afecte al PSOE porque se trata de «la pelea de las derechas», negando los datos de muchos sondeos que advierten transferencias de voto desde los socialistas a los liberales. En este contexto, Sánchez trató de evidenciar en su discurso de clausura de la Escuela de Buen Gobierno que el PSOE está en disposición de ser la primera fuerza política del país. «Estamos a casi un año de las elecciones municipales y autonómicas y europeas. Y os diré una cosa, estamos tocando con la punta de los dedos ser la primera fuerza política de este país», En Ferraz creen que la fragmentación de voto entre PP y Ciudadanos puede hacer viable ese objetivo. Es decir, es algo que depende más del demérito ajeno que del mérito propio. Con estos mimbres planteó una meta volante que en el fondo constituye fijar un examen a la solidez de su proyecto político: «Si ganas las elecciones municipales, da igual los gritos que den, porque quien ganas las elecciones municipales gana las generales». Nada hasta entonces sucederá en el PSOE. Quienes se opusieron a Sánchez no han cambiado su percepción sobre él, pero poco o nada pueden hacer.

Las heridas que no cicatrizan

En estos diez meses el partido no ha resuelto la fractura interna que se deriva del primer mandato de Sánchez y del traumático proceso de primarias. Los últimos acontecimientos la han incluso agravado, en tanto que se ha visibilizado que el paso del tiempo no ha resuelto. Ayer mismo el exsecretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba reconocía en una entrevista en la radio escuela M21 que no acudió a la Escuela de Buen Gobierno por el veto de Sánchez a Elena Valenciano como presidenta del grupo socialista en el Parlamento Europeo. El predecesor de Sánchez recordaba que «coser es eso, sumar, y sumar es admitir que la gente puede pensar distinto».

La Escuela de Buen Gobierno era el primer gran foro que los socialistas celebraban en este mandato. Pero la ansiada foto de unidad no se logró. «Como es una escuela abierta y este partido es muy vivo y el debate siempre aflora, el que ha venido ha dicho lo que ha querido», justificaba ayer Lastra intervenciones como la de Javier Solana. Las ausencias de Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, Susana Díaz y Ximo Puig han sido una losa difícil de levantar. Ausencias que se han tratado de compensar destacando la presencia de Zapatero. O elevando al primer nivel a nuevos referentes como Enrique Barón, cuyas palabras también demuestran el rechazo que suscita en muchos la actitud de los críticos con Sánchez: «No hay que dar consejos de vieja guardia, lo que hay que hacer de cara a los que están ahora en primera línea es ayudarles y colaborar. Pedro, si me necesitas, llama».

La crisis en Cataluña silenció el debate interno y otorgó imagen institucional, pero la necesidad de despegarse del PP ha llevado a un arranque de 2018 reforzando el perfil de izquierdas. Las movilizaciones feministas y las pensiones han devuelto al PSOE a un escenario de competición con Podemos, el mismo marco que hace meses parecía superado.