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El Mediterráneo español, la entrada de inmigrantes por mar a Europa que más ha crecido

El pasado año, en estas fechas se había rescatado en la costa sur a 2.806 personas y hoy ya se superan las 5.713

MadridActualizado:

Nunca la llegada de inmigrantes a las costas españolas del Mediterráneo que bañan Andalucía, Murcia, Baleares, Ceuta y Melilla, había sido tan alta como ahora. Lo avisaba ya el informe de riesgos para este año de Frontex, la agencia europea de fronteras, al recoger los datos de 2016, que reflejan que por estas fechas se habían localizado en algún punto de ese mar 142 embarcaciones con un total de 2.806 hombres y mujeres a bordo, una cifra que en 2017 ya se ha más que duplicado. Van 5.713 rescatados en 258 botes de todo tipo, según el cómputo del Ministerio del Interior hasta el pasado viernes, que certifica los análisis de la ONU que advierten que esta de España es la ruta de entrada a Europa por vía marítima que más ha crecido. También lo ha hecho la de Italia, pero en torno a un 20% -de 49.210 a 61.234 entradas hasta junio, de acuerdo con las estadísticas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)- mientras que la de Grecia, cercenada por el acuerdo firmado entre la UE y Turquía en 2016-, se ha desplomado. Hoy lleva registradas 7.515 entradas frente a 157.111 del año pasado en el mismo periodo.

En España, la sucesión de pateras en los últimos días es tal que hace casi imposible su recuento, aunque los números no consolidados apuntan a que solo desde el jueves se ha auxiliado una treintena de embarcaciones con no menos de 1.350 inmigrantes.

Las razones que explicarían este importante incremento de la presión migratoria en el llamado «Mediterráneo oeste» son múltiples, y entre ellas destaca la persistencia y empeoramiento de conflictos armados en países africanos cuya población se ve «cada vez más empujada a huir de la violencia, pero también de la precariedad económica o de las persecuciones».

Lo indica la portavoz de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas (Acnur) en España, María Jesús Vega, que constata que la gran mayoría de personas que cruzan el mar desde Marruecos son subsaharianos, -muchos procedentes de Guinea Ecuatorial, Nigeria, Malí o Costa de Marfil-, y que prácticamente no cabe hablar de refugiados de Siria, Irak o Afganistán. Primero, por que es prácticamente imposible atravesar el territorio en guerra libio y, segundo, por que los que consiguen llegar a Marruecos aunque sea en avión, tratan de acceder a Europa no en patera, sino por los pasos fronterizos reglados, para lo que es habitual que se provean de pasaportes falsos.

Esa peligrosa inestabilidad de Libia que impide a los refugiados mediorientales avanzar por el Magreb es, según los expertos, la misma que está contribuyendo a que muchos inmigrantes africanos desistan de utilizar la vía por mar que va de ese país a Italia -por otro lado, prácticamente mortal- y se estén condensando en la ruta española. Que en este caso, su decisión sea jugarse la vida en una embarcación y no saltar las vallas de Ceuta o Melilla se debe, -según el informe de Inteligencia 2016 que elabora el Frontex junto con África-, a la ayuda que está prestando Marruecos en cuanto al desmantelamiento de campamentos de espera de los subsaharianos y en lo que respecta a la protección de este perímetro, cooperación que fuentes del Ministerio del Interior consultadas subrayan como fundamental dentro de la política migratoria europea.

De hecho, los organismos internacionales señalan que, si los ingresos por mar se han disparado, las entradas a España a través de las alambradas de las dos Ciudades Autónomas se ha hundido con respecto a etapas anteriores hasta situarse en torno a mil cada año, si bien entre diciembre de 2016 y febrero de 2017 se registraron tres asaltos multitudinarios como no se veían hace décadas.

El tráfico de inmigrantes irregulares a España por el Mediterráneo crece, pero también muta, fundamentalmente debido al afán de usura de las mafias. El número de estos agentes «facilitadores» detectados en Europa (12.568) en 2016 subió principalmente por los incrementos detectados en Marruecos y nuestro país. Hoy en día están sustituyendo los envíos de seres humanos a través del Estrecho de Gibraltar en pequeños botes -incluso hinchables- por su transporte en grupos de 50 o más personas por el Mar de Alborán, una superficie más tranquila y más extensa de mar que es difícil de controlar por los radares del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior). La implantación de ese sistema acabó casi radicalmente con la llegada de cayucos por el Atlántico a las Islas Canarias que convirtió 2006 en el año de la mayor crisis migratoria por mar a la que ha tenido que enfrentarse España: 31.678 personas accedieron al archipiélago por esa vía. En 2010 serían solo 196.

Ante la escalada actual, la portavoz de Acnur destaca que los inmigrantes no arriesgarían la vida en el mar de «existir vías legales» de acceso a nuestro país «que reconocieran sus derechos dentro de un proceso de asilo en condiciones dignas».

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