Mustafá Maya Amaya, en su declaración en el juicio en la Audiencia Nacional
Mustafá Maya Amaya, en su declaración en el juicio en la Audiencia Nacional - EFE

El mayor reclutador de yihadistas de Europa, un español «fanático» y activista en Facebook y Skype

Mustafá Maya Amaya, lider de una célula terrorista, reconoce haber enviado a «muchísima gente» a zonas de conflicto

La Fiscalía pide para él 14 años de prisión por captar terroristas a través de internet desde Melilla

MadridActualizado:

El mayor reclutador de yihadistas de Europa, Mustafá Maya Amaya, español de raza gitana, reconoció ayer en la Audiencia Nacional haber facilitado el viaje a zonas en guerra de «muchísima gente». Por muchísima gente, se refería a terroristas que se trasladaban a Siria, Mali o Libia para enrolarse en las filas de grupos yihadistas. Maya Amaya se enfrenta a 14 años de prisión por su labor de captación de terroristas en internet y es considerado por la Fiscalía el «principal dinamizador» de una célula yihadista desmantelada.

Esta red y la labor reclutadora de Maya se terminaron el 14 de marzo de 2014, cuando una operación policial desarticuló la célula y detuvo a su cabecilla, en prisión preventiva desde entonces. Maya, que utiliza una silla de ruedas por una discapacidad, lideraba la captación de combatientes desde Melilla, siempre vía internet.

Juzgado por estos hechos, el acusado negó que prestase servicios a terroristas, al desconocer en qué grupos se enrolaban los captados, pero sus palabras le contradijeron. Según su versión, él se dedicaba a poner en contacto a voluntarios que querían viajar a Siria, Mali o Libia, con otros intermediarios, proporcionándoles solo «información» a través de Facebook o Skype. «Gente que no sabía bien el Corán, yo le proponía venir a Melilla, buscar trabajo, buscar una madrasa (escuela coránica) en Marruecos para seguir el Corán y cuando sabía algo más le enviaba a otro sitio», relató ayer Maya. La Fiscalía le cuestionó a cuántas persona y no supo concretar.

Hasta su detención, Maya había convertido su domicilio en una base logística con conexiones en Bélgica, Reino Unido, Francia y otros países de la Unión Europea. Desde allí administraba espacios en la red en los que captaba posibles futuros combatientes. Detectaba cuáles de ellos demostraban interés por la yihad y, tras ganarse su confianza, los desviaba hacia foros más radicales y, también, más restringidos, para tratar de evitar ser advertidos. A partir de ese momento, les adoctrinaba en la justificación de la violencia, les proponía combatir en Siria o Irak. Si daban el visto bueno, les informaba de los útiles que tenían que llevar, las rutas a seguir y las medidas de seguridad imprescindibles para no ser detectado.

Según fuentes antiterroristas, Maya yambién ponía en contacto a los que mostraban su disposición con los facilitadores de su red, que les ayudaban en el viaje, y con los falsificadores que les proporcionaban la documentación necesaria. Preparaba citas con los colaboradores encargados de allanar el camino para cruzar la frontera turca, que son los que luego les distribuían por distintos puntos en función de aquellos pasos que estuvieran más o menos vigilados. El acusado cubría así todas las necesidades de los que viabajan a la yihad.

Los restantes acusados, cinco personas, coincideron en apuntar a Maya como el reclutador de la célula, salvo uno, Chafik Jalel Ben Amara Elmedjeri. Ellos relataron en el juicio que se quedaban en casa de Maya hasta que él les daba instrucciones y que contactaron con él porque querían viajar a Siria «para luchar contra el régimen de Bashar Al Assad y hacer la yihad». Uno de ellos calificó al líder yihadista, el reclutador virtual, de «fanático, pero no violento».