Màxim soy yo

Màxim Huerta no es un corrupto, la moción de censura contra el presidente Rajoy fue una barbaridad y nuestra democracia está siendo burlada, insultada y pisoteada por el populismo de la llamada «nueva política»

Salvador Sostres
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Estoy indignado con Màxim Huerta, con mi querido Màxim. Pero no por Hacienda sino porque haya presentado su dimisión. Màxim, como todos, intentó pagar lo menos posible a Hacienda, y Màxim, también como todos, cuando tuvo una inspección y la Agencia Tributaria le reclamó un tanto, lo pagó. Es humillante para España –no para Màxim–, para la democracia, para la política y para la libertad que Màxim Huerta haya presentado su dimisión y que el presidente Sánchez se la haya aceptado.

Es cierto que el PSOE –y Ciudadanos– basaron su intolerable oposición en exigirle la misma e imposible pulcritud al Partido Popular y al presidente Rajoy. Entonces escribí el profundo asco que aquel acoso me daba con la misma rabia y la misma tristeza con que hoy asisto a este funesto espectáculo. Es de hipócritas, de cínicos y de totalitarios poner el microscopio en las vidas ajenas. Vivimos vidas de imperfección y nadie, absolutamente nadie, podría sobrevivir a la lupa del censor. Es cierto que hoy el Partido Socialista sufre el mismo dolor que tantas veces ha causado, pero alguien tiene que parar esta locura. Alguien tiene que ser más generoso que los demás y decir «basta», aunque tenga facturas pendientes y la tentación de querer cobrarlas.

Al final a la política sólo querrán dedicarse los clochards y los desgraciados, gente sin nada que perder, sin escrúpulos, sin dignidad. Al final la política se convertirá en la gran pira donde hechiceros y mediocres decidirán qué es brujería y quién merece vivir. Tenemos que proteger nuestra política, que es nuestra libertad, de los ultrapuros que, como siempre, son los que nos acaban condenando a una más tenebrosa suciedad.

Màxim Huerta no es un corrupto, la moción de censura contra el presidente Rajoy fue una barbaridad y nuestra democracia está siendo burlada, insultada y pisoteada por el populismo de la llamada «nueva política» que no es más que una reedición de los viejos inquisidores de nuestra historia más negra y del sustrato ideológico de los idealismos que arrasaron Europa durante la primera mitad del siglo XX.

Los que hoy en el PP se froten las manos de revanchismo por haberle podido hacer al PSOE lo que los socialistas hicieron con ellos demostrarán que no son mejores y que no merecen volver al poder. En Ciudadanos pueden celebrar esta nueva injusticia y continuar dando lecciones de –falsa, muy falsa– honestidad, pero si algún día llegan al poder será cuestión de tiempo que les ataquen con la misma inmundicia con que hoy se ensañan ellos.

Y, por supuesto, allí estaré yo para defenderlos.

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