La Infanta Doña Cristina e Iñaqui Urdangarín, tras declarar en el juicio en Palma de Mallorca
La Infanta Doña Cristina e Iñaqui Urdangarín, tras declarar en el juicio en Palma de Mallorca - EFE

El Rey mantiene distancias con su hermana para no interferir

Doña Cristina, en principio, mantendrá su residencia en Ginebra, que es donde trabaja

MadridActualizado:

Don Felipe ha conseguido como hermano lo que Don Juan Carlos no logró del todo como padre: marcar distancias con la Infanta Doña Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, mientras dure el proceso judicial del caso Nóos. Don Juan Carlos intentó diferenciar entre el alejamiento institucional que debía imponer como Rey y la cercanía familiar a la que debía ceder como padre, pero la opinión pública no entendía ese mensaje, y lo que un día se avanzaba, otro se retrocedía.

Don Felipe, en cambio, tuvo siempre clara cuál debía ser su posición, por muy dolorosa que fuera, desde que estalló el caso Nóos en noviembre de 2011 y se convirtió en la principal amenaza para la Monarquía desde su restauración, porque la atacaba en su flanco más preciado: la autoridad moral.

Todavía Príncipe, Don Felipe percibía el desgaste que este proceso estaba ocasionando a la Corona que, antes o después, debía asumir. Ni un mes había pasado desde que estalló el escándalo cuando el Príncipe se distanció por primera vez de su cuñado y revindicó en público que su ambición «era honesta y transparente».

Pero, aun así, ha habido algunos encuentros inesperados o inevitables, como ocurrió en noviembre de 2012, cuando Doña Cristina decidió acudir, por sorpresa, con su marido al Hospital San José, donde Don Juan Carlos se recuperaba de una operación, y los Príncipes se encontraron, de repente, en la misma habitación que los todavía Duques de Palma. O el pasado verano, cuando el Rey coincidió con Urdangarín en el cumpleaños de Pablo de Grecia, pero no conversaron.

Durante los casi tres años que transcurrieron hasta que Don Juan Carlos abdicó, Don Felipe fue dando forma a las medidas que después adoptó en cuanto fue proclamado Rey para blindar a la Corona ante futuros casos Nóos. Entre otras, estableció que los miembros de la Familia Real no podrían trabajar en empresas públicas ni privadas. Pero el momento más doloroso llegó el 11 de junio de 2015, cuando decidió revocar el Ducado de Palma de Mallorca que Don Juan Carlos había concedido a Doña Cristina.

La Infanta, que fue excluida del acto de abdicación de su padre y de la proclamación de su hermano, y solo coincide con los Reyes en funerales, de momento tiene previsto seguir viviendo en Ginebra, donde trabaja para la Obra Social de LaCaixa y para la Fundación Aga Khan. Desde allí, Doña Cristina suele desplazarse todos los meses un par de veces a Barcelona.