Javier Zarzalejos posa para ABC después de la entrevista
Javier Zarzalejos posa para ABC después de la entrevista - MAYA BALANYÀ

Javier Zarzalejos: «Lo que dice Torra es copia de lo que decía el peor Sabino Arana»

La «mano derecha» de Aznar en La Moncloa alerta en su último libro del peligro del discurso xenófobo catalán y del intento de ETA de rentabilizar su disolución

MadridActualizado:

Javier Zarzalejos (Bilbao, 1960) es uno de esos hombres que sabe más de lo que cuenta. También encaja en la descripción de «hombre del presidente» y también le gustan las series, aunque critica la falta de profundidad de los dramas políticos ahora tan de moda. Fue secretario general de Presidencia con José María Aznar, es decir, su «mano derecha», y acaba de publicar «No hay ala oeste en La Moncloa: la realidad del poder en España» (Península), el libro en el que relata la intrahistoria de aquellos años.

¿Cuando pactaron con los independentistas catalanes se imaginaban que se llegaría al 155?

-Los pactos con los nacionalistas respondieron entonces a dos factores. Por un lado, en España no había partidos bisagra a nivel nacional y también hay que recordar el elogio constante a Pujol como garante de la estabilidad política de este país. El otro factor era que uno de los elementos importantes del pacto constitucional era integrar a los nacionalismos en la política y las instituciones. Eso es algo que la gente comprendía. ¿Qué ocurre? Que era un pacto de reconocimiento de la diversidad a cambio de lealtad a la unidad. Ese equilibrio se rompe por la deslealtad, primero del PNV con el Plan Ibarretxe y el Pacto de Estella y después con el proceso independentista en Cataluña. Con eso rompen uno de los consensos de la Transición. Cuando el PNV se embarca en su estrategia nacionalista, le cuesta el Gobierno. Eso es una experiencia que el PNV tiene metabolizada y una vacuna que no ha existido en el caso de Cataluña. Por eso es importante que allí el constitucionalismo se mantenga unido y presente una alternativa.

¿Qué opina del independentismo catalán?

-El disparate independentista ha roto cualquier posibilidad. No se puede presumir buena fe en el independentismo catalán. No solamente se ha dividido una sociedad, sino que se sigue ahondando en la fractura. Alguien como Quim Torra no tendría ninguna posibilidad de tener un cargo institucional así en ningún país europeo. De hecho tampoco tendría una presencia pública honorable.

Usted se reunión con ETA en Zúrich ¿Da miedo negociar con etarras?

-Se piensa muy poquito. Es evidente que es una situación objetiva de riesgo. Enfrente tienes a unos señores que van armados y que son gente que vive en un delirio con una permanente paranoia en todos los terrenos y con una mentalidad de clandestinidad muy arraigada. Cuando estás delante de gente delirante y armada corres algunos riesgos. Pero como otras actividades, si ese es tu principal pensamiento, mejor que no vayas.

¿Cómo valora el anuncio de disolución de ETA?

-Quiere rebañar sus últimas posibilidades de notoriedad como organización. Creo que ETA apuesta ahora por rentabilizar su legado, que para nosotros es destructivo cuando se piensa que ha causado más de 850 muertos. Quiere capitalizar su disolución.

¿Puede generarse ahora una especie de «procés» en el País Vasco?

-Creo que el intento de rentabilizar la disolución significa que, a corto o medio plazo, la izquierda abertzale va a presionar para poner en marcha un nuevo proceso de desestabilización. Puede ser a la catalana o que pongan en el foco el caso de Navarra. Por supuesto el ataque va a ir dirigido al relato. Hay que estar prevenidos. El problema del relato de ETA es que es el relato nacionalista. Quiere presentarse como un eslabón más en una larga cadena de episodios en los que los vascos han tenido que luchar contra España para defender su libertad (...) Cuando los nacionalistas hablaban de que la relación entre ETA y el PNV era la de la cerveza y la espuma, algo había. Me parece que la disolución de ETA no debería hacernos olvidar que hay trabajo pendiente.

Le hago la pregunta en la otra dirección ¿Puede el relato catalán desembocar en violencia?

-Lo que hemos leído estos días de Torra crea condiciones para que alguien, en algún momento, pueda plantearse el recurso de la violencia. Ha habido violencia en Cataluña y el terrorismo allí tiene sus antecedentes. Si la situación sigue degenerando, si lo que se transmite desde las instituciones autonómicas es ese discurso de odio, racismo y xenofobia, el riesgo irá aumentando. No digo que vaya a ocurrir. En el fondo lo que dice Torra es una copia de lo que decía el peor Sabino Arana en sus escritos más racistas, cuando decía que si un vasco veía a un español que pedía auxilio le dijera que no le entendía. Son palabras mayores. En política las palabras son hechos, también cuentan.

¿En qué momento empezaron a pensar en los yihadistas el 11-M?

-Con el hallazgo de la furgoneta con las cintas. ETA no había reivindicado el ataque, pero tampoco lo ha hecho con el de la calle del Correo, así que ese no era un dato decisivo; tampoco las cintas; ni siquiera la reivindicación de Londres. Pero entonces se puso en marcha los mecanismo y en 36 horas se producen las primeras detenciones (..) El panorama cambia con ellas y se llega a una situación en la que el problema no es tanto quién ha sido sino vincular los atentados con la intervención en Irak y la posición adoptada por el Gobierno. Después hubo una comisión de investigación y no se llegó a esa conclusión.

¿Cuántos cafés tomaba al día en aquella época?

-Tomaba mucho café y fumaba como una chimenea. Dejé de fumar en 2005 y ahora tomo café descafeinado.