Vídeo: Se celebra el funeral de Paz Fernández - El Comercio

Javier Ledo pudo matar a la asturiana Paz Fernández con unas muletas

El supuesto autor de la muerte de la gijonesa cambió de actitud el domingo ante la contundencia de las pruebas en su contra

GijónActualizado:

El Juzgado de Luarca decretó ayer lunes el ingreso en prisión, comunicada y sin fianza, de Javier Ledo acusado de acabar con la vida de la gijonesa Paz Fernández Borrego el 13 de febrero en la localidad asturiana de Navia. En principio la magistrada le atribuye una calificación de homicidio o en su caso de asesinato con agravante de género, que irá desarrollándose durante la instrucción. El hombre fue trasladado de inmediato al centro penitenciario de Asturias.

El cadáver de la mujer fue hallado el 6 de marzo en el embalse de Arbón. La autopsia confirmó que la víctima murió «de forma violenta» tras recibir varios golpes en la cabeza con un objeto romo y con signos de estrangulamiento.

El pasado sábado, fueron remitidas al laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil para su análisis las muestras halladas en dos viviendas residenciales habituales de Javier Ledo. Los registros se realizaron el viernes en Navia al objeto de recabar pruebas de la implicación del hombre en el caso, para su inclusión en unas diligencias que han sido declaradas secretas.

El domingo, Ledo, que hasta ese momento se había declarado inocente, admitió la autoría del crimen después de comprender que las pruebas que le puso por delante la Guardia Civil eran demoledoras. A partir de ese momento cambió de actitud e incluso colaboró en la investigación, según informa el diario «El Comercio».

Arma homicida

Los investigadores sospechan que el arma homicida fueron unas muletas. En una anterior versión exculpatoria, el sospechoso subrayaba que los problemas que había tenido para caminar le impedían utilizar un coche como el que se supone debió utilizar el asesino. Los agentes demostraron que eso era falso y que aunque no tenía permiso de conducir los dos últimos años se movía en un coche del que se deshizo, curiosamente, pocos días después del 6 de febrero, fecha de la desaparición de Paz.

El relato exculpatorio incidía en que aquel día la víctima no había llegado a estar en la vivienda de Ledo. La mujer reservó una habitación en una pensión a escasos 30 metros de la vivienda del ahora encarcelado. Tumbar esa coartada era clave para los agentes. Sabían que el sospechoso había tenidos tres semanas y media para borrar huellas, pero un equipo de Criminalística fue capaz de encontrar vestigios de Paz, algunos de ellos en la cocina del inmueble. Además intervinieron muletas y otros indicios que eran clave en las pesquisas.

La resolución de este caso ha llevado la tranquilidad al Principado, cuya opinión pública estaba alarmada por la desaparición de tres mujeres en un corto espacio de tiempo. La detención de Javier Ledo demostró que no había un depredador que actuaba en la zona y que esa acumulación de sucesos era una simple casualidad. Sobre todo porque al menos uno de los otros dos casos no tiene un origen criminal, según los investigadores.