Vídeo: ¿Quién es realmente Igor el Ruso? | La Guardia Civil, tras el suceso de Teruel - FABIÁN SIMÓN

Italia, Alemania y Serbia perseguían a «Igor el Ruso» por al menos 3 asesinatos

El historial delictivo de este exmilitar origen serbio, extremadamente violento y adiestrado en técnicas de supervivencia a campo abierto se inició en Italia el pasado abril

Madrid /Albalate del Arzobispo (Teruel)/ RomaActualizado:

«Nunca hemos dado por perdida, ni por un solo día, la búsqueda de este individuo peligrosísimo. Qué gran pecado fue ponerlo en libertad en 2015, cuando todavía debía cumplir varios años en la cárcel». Quien se lamenta es el jefe de los Carabinieri italianos al conocer la detención en España de Norbert Feher, de 36 años, apodado «Igor el Ruso» y autor del triple asesinato ocurrido en El Ventorrillo, una zona de masías a medio camino entre Albalate del Arzobispo y Andorra (Teruel).

El historial delictivo de este exmilitar origen serbio, extremadamente violento y adiestrado en técnicas de supervivencia a campo abierto se inició en Italia el pasado abril, tras anotarse otros dos asesinatos cerca de Bolonia: el propietario de un bar y un guardia ecologista voluntario. Tras sus huellas están también las autoridades de Alemania y de Serbia: los tres países habían cursado requisitorias internacionales por al menos tres asesinatos, atracos, tenencia ilícita de armas y delitos de agresión sexual.

Más de 1.500 carabineros

También conocido como Igor Vaclavic, o simplemente «Igor el Ruso» había pasado ocho años de cárcel en Italia por robo y por sus distintas condenas recibió dos decretos de expulsión que nunca se ejecutaron. Desde abril logró escabullirse, siguiendo técnicas militares, que lo transformaron en un fantasma inalcanzable para cientos de policías. Hasta 1.500 carabineros lo persiguieron durante meses de manera infructuosa, lo que suscitó cierta frustración y desesperación entre los familiares de sus víctimas y fuertes polémicas entre los italianos.

Amigos y parientes de las víctimas llegaron a ofrecer 50.000 euros para quien informara sobre el asesino. El ministro del Interior, Marco Minniti, tuvo que prometer, ante el fracaso policial y la desconfianza que se había producido, que no descansaría hasta encontrarlo, algo que finalmente ocurrió ayer de madrugada. «Confío en que nunca salga de prisión, aunque esto no podrá cambiar nunca mi drama. Tenían que haberlo matado. Creí que nunca sería capturado», manifestó María Sirica, la viuda de Davide Fabbri.

Hace algunas semanas los carabineros presentaron una comisión rogatoria en España, porque algunas pistas indicaban su presencia en nuestro país desde verano. El fiscal de Bolonia, Giuseppe Amato, ha manifestado que Italia pedirá su extradición, aunque medios italianos consideran que será juzgado en España.

Oculto en los montes

Durante las últimas semanas «Igor el Ruso» se ocultó en los montes y campos de Teruel: de escondite en escondite, armado, vigilando los pasos de los lugareños y de los agentes que podían merodearle y alimentándose de la comida que robaba en las casas de campo que asaltaba.

Al caer la noche del jueves, agazapado, esperó con sangre fría a que se acercaran lo suficiente los guardias civiles Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero, y también a un conocido ganadero de Andorra (Teruel), José Luis Iranzo. El criminal siguió sus pasos, oculto en la granja, y con mortal puntería acribilló a los tres.

El Ventorrillo es una meseta desde la que se divisa una gran porción de estas poco pobladas tierras de Teruel. Allí tuvo su casa familiar el popular jotero José Iranzo, el Pastor de Andorra, fallecido hace ahora un año. Y en la granja situada a corta distancia de aquella casa familiar cayó abatido a tiros, este jueves, su nieto José Luis junto a los dos agentes.

Con el vehículo del ganadero y con las pistolas que arrebató a los guardias asesinados, «Igor El Ruso» emprendió la huida por la carretera autonómica A-223. En la fuga recorrió casi 100 kilómetros hasta la zona de Teruel que encara el límite con la provincia de Castellón. Allí se accidentó con el coche, lo dejó abandonado y siguió a pie. La Guardia Civil le capturó en un paraje cerca de la localidad turolense de Cantavieja.

Miedo, busca y captura

La captura de «Igor El Ruso» se consumó en un tiempo récord desde el triple asesinato en menos de ocho horas. El despliegue policial fue tremendo; el miedo en el vecindario de la zona, también. Decenas de controles en carreteras y caminos, patrullas abundantes por las poblaciones más próximas, instrucciones a los habitantes para que cerraran establecimientos y se enclaustraran en sus casas, consejos de seguridad para los conductores... La tensión acabó a las tres de la madrugada con la captura efectuada entre Cantavieja y Mirambel.

Ese tipo de construcciones a campo abierto se cuentan por decenas en la zona, en la que el miedo empezó a cundir el 5 de diciembre. Ese día, dos vecinos de Albalate fueron tiroteados al acudir a la masía de uno de ellos. Quedaron malheridos, pero viven para contarlo. El dueño de aquella casa de campo, un hombre de 73 años, se recupera en el Hospital Clínico de Zaragoza; el otro, de 42, está ingresado en el Hospital de Alcañiz, centro sanitario situado frente al cuartel de la Guardia Civil en el que estaban destinados los dos agentes asesinados el jueves y ante cuyas puertas tuvo lugar ayer una masiva y silenciosa concentración en señal de duelo y repulsa por el crimen.

El caso es que tras aquel tiroteo del 5 de noviembre cundió el temor entre los lugareños, especialmente entre aquellos con granjas, explotaciones agropecuarias y masías. El miedo se disparó tras el triple crimen de anteayer. Y, tras conocer el perfil del asesino, el vecindario destilaba ayer una mezcla de rabia, dolor, alivio por saberlo capturado, pero también escalofrío al comprender la clase de criminal que había estado agazapado en sus campos y montes. Un fornido fugitivo adiestrado en técnicas militares de supervivencia que mata sin titubear.

Como explican a ABC varios vecinos de Albalate del Arzobispo, el fugitivo serbio estuvo semanas en la zona. Uno de esos habitantes, José María, explicó ayer a ABC que los primeros asaltos en esta oleada de robos en masías se produjeron en los últimos días de noviembre. Una casa de campo de su propiedad fue asaltada el 25 de noviembre. Desde entonces, en muchas más hubo robos, idénticos todos ellos: el hurto era únicamente de bebidas, de comida y, si la había, también de ropa. Nada más. Aunque hubiera objetos de más valor, no eran sustraídos.

«Desde que empezó aquella oleada, se han producido en estas semanas una veintena de asaltos», afirmaba ayer este vecino en su espontánea charla con ABC en el bar «El Kiosco» de Albalate, ayer de madrugada, cuando las primeras luces del día se esforzaban aún por despuntar. Otro de los presentes da más detalles: en una de esas casas de campo -cuenta- el delincuente halló «huevos y aceite y se hizo allí mismo unos huevos fritos». Y en otra masía «mató un perro, pero no a tiros, a golpes», aclara otro lugareño, constatando el rastro violento que «Igor el Ruso» ha dejado allí por donde ha pasado.