El grupo I de protección al menor de la Policía Nacional cerró 2017 con 163 detenidos
El grupo I de protección al menor de la Policía Nacional cerró 2017 con 163 detenidos - JAIME GARCÍA
La UIT de la Policía Nacional, desde dentro

«En internet hay tanta pornografía que es inabarcable»

En la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional trabajan agentes encubiertos virtuales que, desde el seno de las organizaciones criminales, luchan contra la delincuencia. Una figura recogida por la ley desde 2015

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Camuflados como si fueran delincuentes, y alejados de la ley. Esa es la imagen que, en el imaginario colectivo, existe de los agentes encubiertos. Policías que se infiltran en las organizaciones criminales para frenar un delito aunque, en más de una ocasión, el peligro les toque de cerca. Una figura que desde 2015, y tras la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, también se puede encontrar en internet. Por ejemplo, en delitos como la pornografía infantil, trata de seres humanos, prostitución o tráfico de órganos, entre otros.

El agente encubierto virtual se utiliza cuando los investigadores durante las pesquisas necesitan acceder a un grupo cerrado para conseguir información que, de otra forma, no sería posible alcanzar o necesitaría de más tiempo y recursos. «Los grupos cerrados son en los que, para entrar o permanecer, es necesaria una contraprestación», explica el inspector jefe Israel Díaz de la Policía Nacional, que trabaja en el grupo I de protección al menor de la Brigada de Investigación Tecnológica. «En el caso de las investigaciones de pornografía infantil, se pide que la persona que va a acceder a un grupo cerrado comparta este tipo de contenido, precisamente para evitar que se cuele un mirón o un policía», matiza.

Limitaciones

Una relación de confianza entre policía y delincuente monitorizada, en todo momento, por un juez. Tanto para poner en marcha al «agente encubierto 2.0» como para el intercambio de material ilícito es necesaria la autorización judicial. «Uno de los problemas es el marco temporal», señala el inspector jefe Díaz. «Es una figura tan encorsetada que es muy difícil utilizarla. Hablamos de personas que tienen contacto constante con quien está cometiendo delitos… Si el agente encubierto tiene que parar y consultar...eso...limita muchísimo», asegura este policía, que sí precisa que siempre que han pedido utilizarla se les ha concedido.

Otra de las reglas de su trabajo es no invalidar una investigación o ponerla en peligro durante el canje de material. «La figura de la provocación del delito es una línea muy fina en la que no podemos caer. El juez tiene que tener conocimiento continuo de lo que se va haciendo. El policía nunca puede ser quien, por ejemplo, inicie un intercambio de pornografía infantil», explica el inspector jefe Díaz.

Su corta trayectoria es otro de los factores que limita su aplicación. La falta de jurisprudencia hace que el trabajo de estos agentes ponga a prueba la ley. «Es una figura recién creada, y quizá haya muchas cosas de las que los agentes quieren hacer que no se han probado, lo que hace que esté muy constreñida. Los países anglosajones nos llevan 30 años de ventaja, también sus leyes son más laxas en la provocación al delito y da más facilidad», asegura.

«Creo que nuestro mayor mérito es tener imaginación. Internet también ofrece muchas herramientas para hacer cosas buenas», asegura el inspector jefe a pesar de la complejidad de su trabajo. Tampoco duda en afirmar que el agente encubierto virtual es una herramienta, «como hay muchísimas». «Al final la Policía lo que hace es tener imaginación y buscarse la vida», defiende.

«No solo se es anónimo en la 'dark web'»

En el caso de las operaciones contra la pornografía infantil, el inspector jefe Díaz asegura que «no hay que descender para encontrarla». «Hay tanta (pornografía) que es inabarcable, y no hay que irse a la internet profunda. No solo se es anónimo en la ‘dark web’», insiste. El grupo I de protección al menor de la Policía Nacional - conformado por 6 agentes y que este inspector jefe lidera- cerró 2017 con 163 detenidos. «No hemos hecho más porque no hemos podido», sostiene.

El grupo I de protección al menor de la Policía, compuesto por 6 agentes, cerró 2017 con 163 detenidos

Este policía incide en la idea de que cada vez más hay una mayor concienciación en los delitos contra menores pero que, en su opinión, «la pornografía infantil no es más que la punta del iceberg». «Investigamos los abusos a menores, pero desde la parte más difícil: desde la pornografía infantil hasta el menor que es objeto de esas fotos o vídeos. Nuestro objetivo siempre es identificar al menor», señala el inspector jefe Díaz.

«Para mí hay una pirámide: pornografía, acoso y abuso. No todos los consumidores son acosadores, ni todos los acosadores son abusadores. Pero, una vez tenemos la foto, tratamos de identificar al menor, de llegar al origen y hallar a los autores», defiende.

Riesgo moral

A diferencia del agente encubierto convencional, para el que existe una unidad específica, cualquier policía de la Unidad Tecnológica puede ser virtual. El riesgo de ser descubierto también existe, aunque no esté en peligro la identidad del propio policía. «Es más...el riesgo moral. Los investigadores que están sometidos tanto tiempo a este tipo de actividad tienen que ser muy fuertes psicológicamente. Lo que se está viendo a diario es tremendo», señala Pedro Pacheco, comisario de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT).

«Nuestro trabajo es impredecible y no podemos nunca confiarnos», apunta el inspector jefe Díaz. «En este tipo de grupos vas a ver todo el día viendo archivos de pornografía infantil, que no es agradable… Quizá no es un tipo de trabajo para hacer toda la vida por la propia salud mental, en mi opinión», apostilla.