Imagen del material intervenido en «Cantábric Militaria»
Imagen del material intervenido en «Cantábric Militaria» - ABC

El «híper» de las armas vendió más de 6.000 cetmes por más de 1,2 millones de euros

El material, comprado por la red a precio de saldo, procedía en su mayor parte de los excedentes del Ejército

MadridActualizado:

Dos grupos de diez agentes cada uno, trabajando por turnos de nueve de la mañana a nueve de la noche durante mes y medio. Esos han sido los medios humanos que ha tenido que emplear la Policía para poder catalogar las miles de cetmes, fusiles, subfusiles, ametralladoras, pistolas y otros efectos que almacenaba la tienda de deportes «Cantábrico Militaria» de Guecho (Vizcaya), que regentaba Manuel P. V., aún en prisión por esta causa.

A este hombre, a su hija Amaya, a la pareja de ésta y al repartidor de material, Antonio D., se les acusa de tráfico, depósito y tenencia ilícita de armas, pertenencia a grupo criminal y falsificación de documentos. La investigación de la Comisaría General de Información ha permitido desmantelar «un centro clave en Europa en este tipo tráfico ilegal, especialmente peligroso», según fuentes del caso consultadas por ABC.

«Cantábrico Militaria» había aparecido ya años atrás en numerosas investigaciones contra grupos criminales que utilizaban armas que habían salido de esas instalaciones. Así había sucedido, por ejemplo, en mayo de 2013, cuando el director de una sucursal bancaria de Burgos fue tiroteado durante un atraco.

Una decena de operaciones

El arma utilizada fue un revólver Astra 357 Magnum que había sido vendido por Manuel P. V. Y así sucedió en más de una decena de operaciones, alguna de ellas con implicaciones en Europa. La última se produjo hace solo unos días cuando fue detenido un individuo en Benidorm por violencia de género. Habrá muchas más.

La Policía española había abierto una investigación sobre esta supuesta «tienda de deportes», pero en el curso de las pesquisas se produjeron dos hechos relevantes que aceleraron las pesquisas. El primero de ellos, en verano pasado, cuando la Brigada Provincial de Información de Valencia desarticuló un grupo organizado dedicado a la reactivación de armas y su posterior distribución. Fueron intervenidas más de medio centenar, muchas de las cuáles procedían de «Cantábrico Militaria», lo mismo que las piezas que se utilizaban para hacerlas operativas.

El segundo elemento no era menos inquietante: en la armería eslovaca de la que salieron las armas, entonces inutilizadas, que se emplearon en el atentado contra el museo judío de Bruselas de 2014 -fueron asesinadas cuatro personas-, se encontró documentación de un cetme que había salido de la tienda de deportes de Guecho.

Charlie Hebdo

No ha sido la única vez que los yihadistas se hicieron con armas de fuego «a través de canales relacionados con armerías y con el mundo de aficionados y coleccionistas de este material», precisan las fuentes consultadas por ABC, que destacan que el ataque contra Charlie Hebdo, de enero de 2015, se cometió con unos kalashnikov procedentes de la citada armería eslovaca y reactivados por un armero instalado en Bélgica.

Estos elementos, unidos a los resultados de las vigilancias y las intervenciones telefónicas a los sospechosos, fueron los que aconsejaron actuar a la Policía el 12 y 13 de enero de este año. «Había elementos suficientes para explotar la investigación; las escuchas no dejaban lugar a la duda», dicen las fuentes, que recuerdan que a lo largo de las pesquisas se cruzaron individuos de aspecto árabe que se acercaron a «Cantábrico Militaria» para adquirir armas, obviamente inutilizadas. Se trata de individuos que residen en Francia y por supuesto los servicios policiales de ese país fueron informados de inmediato.

Sorpresa

«Antes de entrar era imposible imaginar lo que había dentro», admiten las fuentes consultadas por ABC. Pero lo que sí estaba claro es que los responsables de «Cantábrico Militaria» -últimamente era la hija la que dirigía el negocio con la supervisión de su padre- vendían armas inutilizadas con la normativa anterior a 2011 a todo aquel que se las pidiese, y además suministraba por un canal paralelo las piezas para reactivarlas si es que así lo pedía el cliente.

Los investigadores de la Unidad Central de Información Interior de la Policía consideran que la clave del negocio hay que buscarla precisamente en la legislación vigente hasta 2011. Hasta entonces se consideraba que un arma estaba inutilizada simplemente con hacer dos orificios en el cañón, por lo que podía ser reactivada con mucha más facilidad. Ahora es necesario neutralizar todos los mecanismos indispensables para el disparo.

Esa normativa europea, sin embargo, tardó algún tiempo en implantarse y fue en ese periodo cuando Manuel P. V. hizo grandes compras de excedente de armamento, sobre todo al Ejército español, pero también a fábricas que iban a la quiebra. Además de las armas adquiría elementos indispensables para la reactivación, como agujas percutoras, sistemas de cierres completos, muelles de retenida... Por supuesto también cargadores.

Esas fuertes invesiones se realizaron antes de entrar en vigor la nueva normativa, y Manuel P. V., no estaba dispuesto a perder el dinero. Por ello decidió seguir con la venta de las armas inutilizadas tal como marcaba la ley derogada. Encontró un enorme mercado, aunque los clientes, en muchas ocasiones, estuvieran relacionados con el mundo del crimen. No le preocupó; no hacía preguntas.

Los números del negocio eran redondos: cada cetme, por ejemplo, le costaba unos 15 euros y él luego los vendía a 200. Llegó a comercalizar más de 6.000, según las fuentes consultadas, de modo que solo con ese material ganó más de un millón de euros.

«Quiero de los antiguos»

Tenía clientes en Francia, Alemania, Bégica y Estados Unidos, país cuya regulación de las armas es muy laxa y al que fueron a parar grandes cargamentos. Y por supuesto vendía en España a personas que pedían pistolas o cetmes «pero de las antiguos, de los de antes de 2011», tal como se comprobó con las intervenciones telefonicas.

«Ganaba bastante dinero, pero no se le ha encontrado cantidad alguna -dicen las fuentes-. En las cuentas corrientes apenas tiene y se cree que cuenta con mucho efectivo que no ha podido ser localizado a pesar de haberse utilizado para buscarlo perros especialmente adiestrados. Eso sí, se localizaron unas carteras en las que se habían guardado billetes, pero ni rastro de ellos». Al único que se le encontró fue a Antonio D., el transportista, que guardaba 85.000 euros.

Además, Manuel P. V. y su hija Amaya tenían un taller para reactivar las armas, con un torno capaz de hacer las estrías en el ánima de un cañón y maquinaria para troquelar las marcas y numeraciones. Y material para falsificar la documentación de los cetmes y pistolas que vendían. Un servicio completo.