Luis Herrero

La hidra de tres cabezas

Si hay coyunda postelectoral entre ERC y PSC, con Domenech de Celestina, no servirá para bajar a los republicanos del monte, sino, al contrario, para llevar a los socialistas el mal de altura que ya padecieron en la época de Maragall

Luis Herrero
MadridActualizado:

Desde la tarde del jueves, el independentismo catalán es una hidra de tres cabezas de ferocidades distintas. Primero está la testa fugitiva, la de mayor doblez, que no renuncia al discurso de la legitimidad republicana pero que actúa desde el burladero belga para evitar la cornada carcelaria. Luego está la testa genuina, la más valerosa de todas, que dice lo que piensa y paga el precio por decirlo en el penal de Estremera. Y por último, desde el jueves, está la testa veleidosa, la más cobardona de las tres, que prefiere la apostasía ante el Supremo antes que el martirio en el trullo de Alcalá Meco. A los tres rostros de esa hidra les ponen nombre Puigdemont, Junqueras y Forcadell.

Si las huestes sediciosas ya llevaban mal la huida del President a Bruselas, por mucho que los propagandistas de la causa quisieran vender como internacionalización del conflicto lo que ellos veían como una traición miserable, la actitud de la dama de hierro del procés, que hasta hace dos días arengaba a las masas a no dar un paso atrás, les ha hundido en la miseria. Ha bastado una deposición judicial para que Forcadell pase de inspirar épicos cantares de gesta a protagonizar burlas desternillantes. “Carmen de España, ¡manola!/ Carmen de España, ¡valiente!/ Carmen con bata de cola/ pero cristiana y decente”, era el meme -uno de tantos- que comenzó a circular ayer por las redes sociales.

El espectáculo de la grey independentista dividida y desencantada, sin más Moisés que el que escribe cartas y artículos desde su celda, puede parecer reconfortante para los defensores de la Constitución y devastador para los maceros de la República, pero no deja de ser peligroso a corto plazo. Es posible que Forcadell no se atreva a acudir mañana a la Diada de noviembre convocada en desagravio de los presos, cuyos pasos se ha negado a seguir, por miedo a los improperios que pueda propinarle la turbamulta. Incluso es posible que su gesto de rendición contribuya a desmovilizar a muchos manifestantes. Pero de ahí a cantar victoria hay un trecho demasiado largo.

La posibilidad de que las tres cabezas de la hidra se pongan de acuerdo para acudir juntas a las urnas en la misma lista es minúscula. Si había alguna esperanza de que la presión del PDeCAT acabara doblando el brazo de ERC, la conducta de la presidenta del Parlament ha terminado por arruinarla. Los de Junqueras no quieren listas de unidad sin la CUP y a la CUP, que ya no tenía ganas de juntarse con el hombre que estuvo a punto de traicionarles en el último minuto, aún le apetece menos hacerlo con quien ha consumado la traición ante los ropones del Supremo. Así que ERC irá con sus siglas y, previsiblemente, catalizará la mayor parte de los dos millones de votos que pululan por el lado sedicioso.

¿Es razonable pensar que el caudillo de ese electorado indómito quiera sentarse a pactar con el PSC y con Podemos los términos de su amansamiento al día siguiente de las elecciones? Por mucho que el todo poderoso Roures sea el sumo sacerdote de esa ceremonia nupcial, me cuesta creer que un Junqueras llevado en volandas al pináculo de la causa independentista por sus bizarros electores quiera aparecer ante ellos como el tercer líder bizcochable que se apunta consecutivamente a la moda del gatillazo. Imposible no es, desde luego. Ya nada lo es en ese mundo de fanfarrones. Pero es improbable.

Pincho de tortilla y caña a que si hay coyunda postelectoral entre ERC y PSC, con Domenech de Celestina, no servirá para bajar a los republicanos del monte, sino, al contrario, para llevar a los socialistas el mal de altura que ya padecieron en la época de Maragall cuando exploraron el tripartito. Ojo, que el tiro de Forcadell puede salirnos por la culata.

Luis Herrero