Sede barcelonesa del Diplocat, acordonada por los Mossos cuando la registradó la Guardia Civil en abril
Sede barcelonesa del Diplocat, acordonada por los Mossos cuando la registradó la Guardia Civil en abril - Inés Baucells
Cataluña

Diplocat, la ruinosa «diplomacia» del independentismo catalán pagada con dinero público

Entregado al proyecto nacionalista, el ente que ha reactivado la Generalitat se ha tragado 25 millones de euros en diez años

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Entregado a promocionar por el mundo el proyecto «nacional» de Cataluña, el Diplocat ha sido una de las insignias del engranaje de la maquinaria independentista de la Generalitat, pero también una palmaria muestra de gestión ruinosa. El ente que acaba de reactivar el secesionista Quim Torraes eficaz en engullir dinero público, en saltarse sus propias cuentas y en generar números rojos.

Sus gastos van en sintonía a su pomposo nombre oficial: «Patronato Cataluña Mundo – Consorcio de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat)». Su existencia viene de lejos, de los años en los que se llamaba Patronato Cataluña Mundo, a secas. A Artur Mas pareció saberle a poco y decidió rebautizarlo en noviembre de 2012 con esa larga denominación cuya versión reducida es Diplocat. Reforzó este organismo como parte de la estructura secesionista que iba fraguando por entonces. El Diplocat se convirtió en el ente «diplomático» de la Generalitat, convenientemente alimentado con fondos públicos para vender «nación catalana» fuera de España.

Llegó a gastar en un año (2010) más de tres millones y medio de euros. En 2017 disfrutó de un presupuesto de más de 2,3 millones. Son solo dos botones de muestra del dinero con el que lo ha ido alimentando la Generalitat, sostenida desde hace años con el auxilio financiero permanente del Estado.

Empeñado en provocar números rojos

En solo diez años, de 2008 a 2017, este organismo se tragó 23,5 millones de euros de dinero público. Pese a ello, dejó un agujero de millón y medio de euros en números rojos recurrentes. Así que, en total, ha fulminado 25 millones en un decenio. Cada año sabía de antemano y a ciencia cierta los ingresos que iba a tener, así que el riesgo «empresarial» era nulo: bastaba con no gastar de más. Pero tan sencilla cuenta le resultó misión imposible al Diplocat. Memorable fue el ejercicio de 2011, cuando generó unos números rojos de casi un millón de euros.

La inmensa mayoría del dinero del que se nutre el Diplocat le llega de la Generalitat. Pero disfruta también de otras fuentes añadidas. En sus presupuestos oficiales consta, por ejemplo, la contribución que recibe de la Diputación de Barcelona.

Polémico y bajo sospecha

Las memorias presupuestarias del Gobierno catalán dicen que el Diplocat debe «impulsar la proyección internacional de Cataluña, apoyar las iniciativas de la sociedad civil y fomentar un diálogo cercano y continuo con los medios de comunicación y los generadores de opinión». Es decir, servir de punta de lanza en la proyección y propaganda exterior de una Generalitat entregada desde hace años a la causa independentista. De hecho, las cuentas del Diplocat han sido objeto de investigación policial y judicial. Hace unos meses, su sede barcelonesa fue registrada durante horas por la Guardia Civil, en el marco de las indagaciones por la financiación del golpe secesionista.

Una pieza en un engranaje más amplio

Pese a su relevancia, el Diplocat es solo una pieza en el engranaje de las relaciones internacionales del Gobierno catalán. Artur Mas reforzó esa maquinaria, y Carles Puigdemont la blindó aún más. Así nació esa suerte de «ministerio de asuntos exteriores» que confió al independentista Raúl Romeva, uno de los encarcelados por el golpe del año pasado. El Diplocat dependía de aquella Consejería dirigida por Romeva y bautizada también con pomposo nombre: «Asuntos y Relaciones Internacionales, Exteriores y Transparencia».

Pese a ser multimillonario, el presupuesto del Diplocat ha venido siendo una porción de una nutrida tableta. El departamento de Romeva abarcaba mucho más que el Diplocat. Por ejemplo, la red de «embajadas» de la Generalitat, la cooperación internacional al desarrollo y una abultada estructura burocrática al servicio de la política exterior en sentido amplio y en múltiples frentes. En 2017, Puigdemont asignó algo más de 35 millones de euros al servicio exclusivo de la «diplomacia» y la «política exterior» de la Generalitat: 17 millones bajo el paraguas de la cooperación internacional al desarrollo, y otros 18 millones para todo el entramado de la acción internacional, del que el Diplocat es una parte.