Kym Hyok Chol, embajador español en Corea del Norte
Kym Hyok Chol, embajador español en Corea del Norte - EFE

La difícil tarea de Chol, embajador de Corea del Norte

El diplomático expulsado abrió la Embajada de su país en Madrid hace 4 años

MadridActualizado:

Kym Hyok Chol prepara sus maletas y ya ha encargado los billetes de avión para su familia. Le quedan pocos días para abandonar España. Pyongyang le espera después de que el Gobierno español lo declarara el pasado lunes «persona non grata» y le diera hasta el 30 de septiembre para salir de este país, al que llegó a finales de 2013. En realidad, Kym Hyok Chol ya tenía asumido que antes de que concluyera 2017, su Gobierno le relevaría, al cumplirse los cuatro años de su estanciaen Madrid. Así que en realidad sólo ha tenido que adelantar unos pocos meses los preparativos de su viaje de vuelta. Los ensayos nucleares y los lanzamientos de misiles ordenados por su jefe, Kim Jong-un, han tenido la culpa del adelanto.

Su expulsión ha sido decidida por el Ejecutivo español en protesta por la insistencia del régimen de Pyongyang en seguir con sus pruebas nucleares. Es, obviamente, una medida política, porque Kim Hyok Chol no reúne personalmente las cualidades para ser declarado «persona non grata». Es un diplomático de carrera, hombre de confianza del ministro de Asuntos Exteriores norcoreano, Ri Yong Ho, de carácter afable, con un excelente inglés y muy poco español, que, durante su estancia ha tratado de cumplir las instrucciones de su Gobierno: intentar establecer unas relaciones lo más normales posible con España. Incluso, según se cuenta, Kim Hyok Chol no rehuyó algún que otro contacto discreto en Madrid con el embajador de Corea del Sur, al que ninguno de ellos dio publicidad.

La tarea de Kym Hyok Chol ha sido imposible de cumplir, porque en Pyongyang no le han puesto las cosas nada fáciles. Las autoridades españolas aceptaron la pretensión de la República Democrática Popular de Corea del Norte de abrir una Embajada estable en Madrid.

Kim Hyok Chol estuvo buscando una zona de la capital de España adecuada para instalar su Embajada y finalmente optó por Aravaca, en un área residencial donde viven algunos embajadores más, cerca, por cierto, de la sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). En un chalet de dos plantas, con jardín y una buena piscina, amueblado de manera espartana, se instalaron las oficinas de la Embajada y la residencia del embajador. Allí es donde han tenido lugar las recepciones oficiales con motivo de los aniversarios del nacimiento de Kim Yong-Il, a las que han acudido representantes de otras Embajadas y alguno del Ministerio de Asuntos Exteriores, normalmente el subdirector general de Asia Continental, Fernando Alonso, el interlocutor habitual.

Recepciones diplomáticas

En la última de las recepciones, el pasado 7 de septiembre, no hubo ningún miembro de Exteriores, aunque sí una decena de embajadores y no solo los habituales, como China, Irán o Venezuela. Cuando Chol acudía al Ministerio, era Alonso quien solía recibirle. Las cosas cambiaron de un año a esta parte. El embajador fue con frecuencia a Exteriores llamado ya por el director general, Fidel Sendagorta, pero para expresarle las protestas y advertencias españolas por los ensayos nucleares y balísticos. Las protestas españolas culminaron, en agosto, con la reducción de tres a dos en el número de diplomáticos en la Embajada y, el pasado lunes, con la expulsión del propio embajador.

El aterrizaje de Kim Yok Chol en Madrid no fue tampoco fácil, porque aquí se encontró con el que era el «embajador» oficioso, el español Alejandro Cao de Benós, un curioso personaje del que se asegura tiene excelentes relaciones con los máximos responsables de Corea del Norte. Al parecer, los comienzos de la relación no fueron nada prometedores, aunque poco a poco fueron limando asperezas y delimitando competencias.

A nivel político, el embajador solo pudo contemplar la visita, en junio de 2016, del viceministro segundo de Exteriores, Cho Tae-yul, quien fue recibido por los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores y de Cooperación Internacional, en un momento en que España se disponía a asumir la Presidencia temporal del Consejo de Seguridad. Consciente de que con un régimen de sanciones hacia su país en marcha, los avances políticos iban a ser muy escasos, el embajador optó por dedicar su tiempo a fomentar las relaciones comerciales, culturales y, sobre todo, turísticas, entre otras cosas porque también ejercía como representante permanente ante la Organización Mundial de Turismo que tiene su sede en Madrid.

Además de traer a España a algunos malabaristas norcoreanos, mostró un gran interés por la experiencia española en algunas explotaciones agrícolas y en materia de turismo, especialmente por modelos como el de Marina D’Or. De hecho, pocas semanas antes de su expulsión, una delegación de responsables turísticos norcoreanos estuvo en España, visitando, entre otras zonas, Benidorm.