Marta del Castillo, Yéremi Vargas, Sonia Iglesias, David Guerrero, conocido como «el niño pintor», Juan Pedro Martínez, Josué Monge y Cristina Bergua
Marta del Castillo, Yéremi Vargas, Sonia Iglesias, David Guerrero, conocido como «el niño pintor», Juan Pedro Martínez, Josué Monge y Cristina Bergua - ABC

Las desapariciones más enigmáticas de España

Marta del Castillo, Yéremi Vargas, Sonia Iglesias o David Guerrero, alias «el niño pintor», son algunos de las personas cuyos casos que han conmocionado al país

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Desde el año 2010 existen en España 6.053 casos de personas desaparecidas cuyas búsquedas siguen en activo. De todas ellas, tal y como se detalla en el infome «Personas desaparecidas en España en 2018» que presentó el Ministerio del Interior este pasado miércoles, 2.273 casos corresponden a menores de edad. Esta misma semana, la desaparición de tres mujeres en Asturias y la búsqueda de Gabriel Cruz, el niño de 8 años desaparecido en una barriada de Níjar, copan titulares e informaciones.

Sus nombres forman parte de una historia que deja tras de sí familias rotas y una larga lista de preguntas que, en algunos casos, no tienen respuesta. En ocasiones, a las desapariciones les sigue una ardua investigación que consigue dar con la persona. Otras veces, es un cuerpo sin vida el que pone punto y final a horas, días o semanas de agonía. Y, a veces, las incógnitas se mantienen durante años, incluso décadas, sin solución.

1. Yéremi Vargas

En 2017 se cumplía una década de la desaparición de Yéremi Vargas. El 10 de marzo de 2007, a Yéremi, de 7 años, se le perdió el rasto cerca de su casa en Vecindario, en la localidad de Santa Lucía de Tirajana (Gran Canaria).

A plena luz del día, el pequeño, que padecía una enfermedad respiratoria y necesitaba medicación, jugaba con sus primos en un descampado cercano a su domicilio cuando desapareció. Su familia se dio cuenta de su ausencia después de que la abuela llamase a sus nietos a comer.

La Guardia Civil puso en marcha una investigación que días después ya barajaba la hipótesis del secuestro. En parelelo, la familia consiguió que el caso se convirtiese en noticia a nivel nacional y la implicación ciudadana. El rostro de Yéremi copó su localidad y un macrooperativo llevó a 400 personas a las calles para buscarle. Los vecinos señalaron a dos vehículos en la escena: un Opel Corsa blanco, que estaba aparcado frente al solar donde desapareció Yéremi, y un Renault Clio negro.

Nueve días después de su desaparición, la Guardia Civil detuvo a un hombre, acusado de un supuesto delito de extorsión a la familia -pidió 6.000 euros por la liberación de Yéremi-, pero finalmente se descartó que estuviera vinculado con el caso.

Años después, en 2010, los agentes descubrieron un cráneo en un parque infantil en la localidad donde desapareció Yéremi. Tras su análisis, se deshechó que perteneciera al niño.

Con el paso del tiempo, la Guardia Civil planteó más de una hipótesis: venganza familiar, tráfico de seres humanos, pederastia o tráfico de órganos, además del secuestro.

En 2015 apareció otro cráneo y, una vez más, se descartó que perteneciera a Yéremi Vargas. Un año después, en 2016, la Guardia Civil señala a Antonio Ojeda, alias «El Rubio», como sospechoso, pero en 2017 el juez archiva la causa contra él al no encontrar «ningún indicio» de su participación en la desaparición.

2. Sonia Iglesias

A Sonia Iglesias se le perdió la pista el 18 de agosto de 2010 en Pontevedra cuando se dirigía a su trabajo.

El día de su desaparición, Sonia no acudió a su trabajo ni tampoco dio señales de vida desde la última vez que fue vista alrededor de las 10.30 de la mañana mientras hacía recados. Desde entonces, su familia sostiene que la mujer no habría abandonado su vida, ni a su hijo, de esa forma. También, la impliación de pareja en aquel momento, de la que estaba en trámites de separación.

Su expareja, Julio Araújo, declaró como investigado pero la Justicia retiró la acusación por falta de indicios y el caso se archivó en 2015.

Ocho años más tarde, y después de que los agentes de la Policía Nacional hayan conseguido reactivar la causa, los investigadores registraron el pasado mes de febrero una casa de la localidad gallega en busca de cualquier rastro que despeje las incógnitas que durante estos años han marcado la investigación.

Durante el registro, Araújo -que ya ha sido interrogado en más de una ocasión y siempre ha sostenido que la mujer bajó del coche para hacer un recado y no la volvió a ver- estuvo presente en el interior de la vivienda que, tal y como informó este diario, era propiedad de su padre y llevaba años en venta.

3. Juan Pedro Martínez

Conocido como el caso del niño de Somosierra, la desaparición de Juan Pedro Martínez en junio de 1986 fue bautizada por la Interpol como el caso más extraño de Europa.

El dia de la desaparición de Juan Pedro, su padre y su madre cubrían la ruta que separaba Fuente del Álamo (Murcia) de Bilbao con un camión cisterna que en su interior transportaba 25.000 litros de ácido sulfúrico.

Tras horas de viaje, y varias paradas en el camino, en torno a las 5 de la madrugada, el camión se empotró contra en la nacional 1. Cuando los agentes llegaron a la escena del accidente, los cuerpos del matrimonio, que murió en el acto, estaban quemados por el ácido. Sin embargo, no había rastro del niño y cuando la abuela le preguntó a los agentes por su nieto, la Guardia Civil descubrió que en la cabina no viajaban dos sino tres personas.

Tras el descubrimiento se puso en marcha un operativo de búsqueda y una investigación. Una primera tesis valoró que el cuerpo del niño hubiese quedado disuelto en ácido tras el accidente, teoría que se deshechó al no aparecer ningún rastro, ni siquiera óseo, del pequeño en la escena.

Durante las pesquisas, un testimonio desveló que, cuando ocurrió el accidente, una furgoneta blanca en la que viajaban dos mujeres -una de ellas de avanzada edad- y un hombre paró y que, quizá, se habrían llevado al niño. La familia, por su parte, siempre defendió que fue secuestrado, pero horas antes del siniestro en una de las extrañas paradas que el camión hizo durante su viaje.

Un año después de la desaparición de Juan Pedro, el dueño de una autoescuela de Madrid declaró ante los investigaciones que una mujer anciana y ciega, de origen iraní, entró en su negocio y preguntó por la embajada de Estados Unidos. Junto a ella, un niño de entre unos 10 u 11 años, con acento similar al andaluz y que parecía desorientado. Según la versión de este hombre, el niño era Juan Pedro Martínez y la mujer la que los testigos situaron en la furgoneta del accidente. Una pista que no resultó fructífera. Como todas las demás.

Treinta y dos años después de su desaparición, no se sabe nada del paradero de Juan Pedro o qué ocurrió aquella madrugada en la carretera.

4. David Guerrero

A David Guerrero no le vieron salir de casa, ni coger un autobús o subirse en un vehículo. Sin documentación y sin dinero, pero con el billete de transporte encima, David, más conocido como «el niño pintor» salió de su casa en Málaga de camino a una exposición de su primer cuadro en una galería y nunca se le volvió a ver.

La Policía descartó la hipótesis del secuestro e interrogó a todos los conductores de autobús que trabajaron durante la jornada. Por su parte, la familia negó siempre una fuga.

La investigación recibió varias pistas que resultaron deshechadas. Una familia española dijo haber visto al niño y un aviso le llegó a situar en Portugal, algo que abrió la tesis de que estaba siendo explotado en el país luso. Ambas informaciones no llegaron a ninguna parte.

Sus cuadros fueron otra parte capital de la investigación y uno de los rostros que pintó David abrió una nueva línea en las pesquisas. Una camamera encontró en un hotel de un hombre, extranjero de 70 años, una nota en la que se podía leer «David Guerrero. Huelin». Con el cruce de información y fotografías, los agentes consiguieron identificar al hombre, de nacionalidad suiza, que había estado en Málaga entre marzo y abril de 1987. Cuando intentaron contactar con él, había fallecido.

En 2016, la madre y los dos hermanos de David Guerrero Guevara, solicitaron que se declarase al «niño pintor» judicialmente muerto. «Para mí mi hijo sigue estando vivo hasta que no me demuestren los contrario», aseguró entonces Antonia Guevara, su madre. Pero la situación fiscal tras la muerte de su padre, que había bloqueado las cuentas corrientes debido a que David Guerrero figuraba como heredero, obligó a la familia a solicitar este trámite.

5. Cristina Bergua

Hace 21 años, el 9 de marzo de 1997, Cristina Bergua, una joven de Cornellá, desapareció. Entonces tenía 16 años, hoy tendría 37. Lo hizo la tarde en que quedó con su novio para dejarle según había contado a sus amigas más cercanas.

Él fue la última persona en verla con vida, y aseguró que se despidió de ella en la carretera de Espluges de Cornellá. Pese a ser el principal sospechoso, nunca llegó a ser imputado por el caso.

Tras perderle la pista, todo su entorno fue investigado. Un año después de su desaparición, la juez del caso ordenó iniciar una búsqueda en un vertedero, debido a un aviso anónimo que sitúo a la joven en ese lugar. Una búsqueda que resultó fallida y que se terminó paralizando debido a su alto coste.

En aquella ocasión, su cuerpo no apareció y todavía hoy no lo ha hecho. Desde la noche de su desaparición, nada se sabe de su paradero o si sigue viva o muerta.

6. Marta del Castillo

El caso de Marta de Castillo conmocionó al país. Su asesino, Miguel Carcaño, confesó el crimen pero sus restos, nueve años después de su asesinato, no han aparecido y su familia no ha logrado dar con su paradero, ni enterrarla.

El sábado 24 de enero de 2009, Marta salió de su casa porque había quedado con sus amigas y no volvió. Un día después, sus padres denuncian su desaparición y ponen en marcha un operativo que lleva a la Policía a tomar declaración a su familia y amigos. En el transcurso de los primeros pasos de las pesquisas, varias llamadas sitúan a la joven en Cádiz y Jérez. La Policía no descarta ninguna hipótesis, incluida la de la fuga voluntaria.

Los compañeros y amigos de Marta, vecinos e incluso desconocidos pusieron en marcha una campaña en la Red que se hizo viral. El apoyo en las redes se transformó en una manifestación en las calles de Savilla que congregó a 2.000 personas. Algo que se volvió a repetir dos semanas después de su desaparición, con 3.000.

En febrero de 2009, Antonio del Castillo mantuvo ante la Policía que su hija no había huido y los agentes comienzan a trabajar en esa línea de investigación.

A las tres semanas de la desaparición de Marta, la Policía detiene a Miguel Carcaño, de 19 años. El antiguo novio de la joven confiesa que está muerta y que él es el autor del crimen. Carcaño sostiene que la mató de un golpe en la cabeza con un cenicero en un piso de la calle León XIII y que, con ayuda de sus amigos, tiraron el cuerpo al Guadalquivir.

Además de Carcaño, Javier G.M., más conocido como «el Cuco», fue detenido como supuesto encubridor. También es detenido el hermanastro de Miguel, Francisco Javier Delgado, de 40 años.

En marzo de 2009, con un amplio dispositivo de búsqueda del cuerpo de la joven que no estaba logrando resultados, Miguel Carcaño cambia su versión de los hechos -algo que ha hecho en varias ocasiones estos últimos 9 años- y señala a «el Cuco» como autor material del asesinato y sitúa el cuerpo de Marta en el vertedero de Alcalá de Guadaíra, donde se buscaron los restos mortales sin éxito.

En marzo de 2011, el juez absuelve al «Cuco» de asesinato y violación de Marta del Castillo. Lo condenan únicamente por un delito de encubrimiento a tres años de internamiento en un centro cerrado. Sale en libertad en 2013.

En 2012, la Audiencia de Sevilla condenó a Miguel Carcaño a 20 años de cárcel por el asesinato de la joven Marta del Castillo y en 2013, después de que imputen a su hermano, Carcaño cambia su versión ante el juez y dice que fue su hermano quien mató a la joven golpeándola con su pistola. Francisco Javier Delgado fue puesto en libertad tras declararse inocente de la acusación de Carcaño.

En junio de 2013, y siguiendo la séptima versión de Carcaño, la Policía busca, sin éxito, el cuerpo en la finca Majaloba, donde, supuestamente enterraron el cadáver de Marta.

En marzo de 2014, la Policía rastrea una escombrera entre Sevilla y Camas, donde aparecen unos restos óseos que, finalmente, no pertenecían a Marta del Castillo. La búsqueda se paraliza en noviembre de ese mismo año.

Meses después, en enero de 2015, comenzó una búsqueda, de nuevo, en el entorno del Charco de la Pava y la localidad de Camas que tampoco fue exitosa. El pasado 2017 también se buscó, sin resultados, el cuerpo de Marta en el río otra vez.

Desde el día de su asesinato, el cuerpo de Marta del Castillo sigue sin aparecer. Por el crimen, Carcaño continúa entre rejas, bajo una pena de prisión de 20 años.

7. Josué Monge

Josué Monge desapareció en abril de 2006 en Dos Hermanas (Sevilla). Con 13 años, llegó con malas notas a casa, pero su padre alegó ante los investigadores que le levantó el castigo y le dejó ir a casa de un amigo a dormir esa noche con su bicicleta. Pero no llegó, y tampoco volvió a casa.

Su progenitor, que salió a buscarle a los 13 días de perderle, tampoco regresó nunca. Algo que avivó las sospechas de los investigadores de que había matado a su hijo y luego suicidado. La Interpol dictó una orden de búsqueda y captura.

«La madre reconoció que la marcha sin rastro de su marido Antonio, a los trece días de la desaparición del menor, lo situaba como principal sospechoso. De hecho, aquel día, Antonio estuvo fuera de casa, según recordó María Isabel, durante unas cinco horas y regresó con una indumentaria distinta. Josué llegó incluso a avisar a su amigo de que llegaría tarde porque debía ir a trabajar primero con su padre, algo que Antonio nunca comentó», informaba Nuria Pérez Campaña en ABC Sevilla.