Cuando el himno de España sonó en Baleares en el Día de la Constitución

La conmemoración de este año, celebrada en el Palacio de la Almudaina de Palma, estuvo marcada por diversas novedades

Palma de MallorcaActualizado:

En estos últimos años, Baleares está viviendo una situación en cierto modo peculiar, sobre todo a nivel político. Podría decirse que lo que debería ser normal o habitual suele tener últimamente el carácter de algo atípico, circunstancia que también suele darse en sentido opuesto. Así ocurrió este miércoles en la conmemoración del Día de la Constitución en Baleares, que un año más tuvo lugar en el Palacio de la Almudaina de Palma. La novedad más destacada de este año fue, sin duda, que instantes antes del inicio de la celebración sonó por vez primera el himno de España en un acto oficial de estas características.

En ese momento todos los asistentes se pusieron en pie y nadie pareció sentirse molesto o incómodo por esa novedad, ni siquiera los diputados de Podemos presentes en el acto, como si en cierta forma hubieran interiorizado ya como suya la nueva doctrina patriótica que defiende hoy Carolina Bescansa frente a Pablo Iglesias. Los únicos políticos que ayer no escucharon el himno nacional en la Almudaina fueron los cargos y diputados ecosoberanistas de MÉS por Mallorca y de MÉS por Menorca, pero no porque se tapasen los oídos o porque huyeran despavoridos de la sala, sino porque un año más optaron por no acudir a esta cita institucional.

Otra novedad relevante a destacar es que el acto oficial fue organizado esta vez en solitario por la Delegación del Gobierno, cuando tradicionalmente también se contaba con la colaboración del Ejecutivo regional. Quizás haya podido influir en esa circunstancia el hecho de que la relación entre la delegada del Gobierno en Baleares, la popular María Salom, y la presidenta de la Comunidad, la socialista Francina Armengol, no haya sido nunca ni sea tampoco ahora excesivamente fluida. Lo único que parecen tener en común ambas políticas es que presidieron en su momento el Consell de Mallorca, Armengol entre 2007 y 2011, y Salom entre 2011 y 2015. La citada falta de «feeling» se evidenció ayer una vez más, cuando Salom y Armengol demostraron tener una visión muy diferente en relación a cuál debería ser el alcance real de una posible reforma de la Constitución.

Por lo que respecta a la intervención institucional de Salom, en su exposición aseguró que «nuestra Constitución es tan amplia y generosa que ampara a aquellos que no la reconocen, también a aquellos partidos políticos que la acatan por imperativo legal a pesar de decir que no les representa». En ese contexto, añadió que la Carta Magna es «una norma fuerte, con una estructura tan sólida y clara, que ha permitido aplacar el peor ataque a nuestra democracia en los últimos 35 años sin aspavientos, sin prisas ni atajos, respetando los pilares del Estado y la separación de poderes». Todos los asistentes al acto aplaudieron a Salom, con variable y modulado fervor y entusiasmo, con la única excepción del diputado de Podemos Juan Pedro Yllanes. El hoy juez en excedencia se quedó de brazos cruzados, como el actor Nick Nolte cuando en 1999 le dieron el Oscar honorífico al director Elia Kazan. Esta referencia cinematográfica quizás pueda ser incluso del agrado de Yllanes, reconocido cinéfilo empedernido.

Un tercer hecho novedoso de la conmemoración de este miércoles fue la asistencia al acto del actual presidente del Parlamento balear, Baltasar «Balti» Picornell, también de Podemos. En apenas unos meses, Picornell ha dejado atrás su pasado de activista en protestas de todo tipo, o su papel de crítico radical del «sistema» a través de las redes sociales, para pasar a ser un verdadero hombre de Estado. Y si no de Estado, al menos de Autonomía. En julio de este año, tras la audiencia que mantuvo con el Rey en Palma, tuvo ya sinceras palabras de elogio para Don Felipe. «Sabía que era una persona muy cercana y me he llevado una buena impresión de él, imagino que él también se la ha llevado de mí», afirmó entonces. Por lo demás, en los casi diez meses que lleva como presidente de la Cámara regional, Picornell está desarrollando su trabajo con bastante ecuanimidad y rigor.

Como curiosidad, cabe señalar, por último, que uno de los colores triunfadores a nivel de atuendos en el Palacio de la Almudaina fue ayer el color rojo, pero no por parte de los representantes y las representantes del PSOE o de Podemos, o de Cs, sino sobre todo del PP. Quizás sea otra muestra, aunque seguramente sólo anecdótica, del carácter algo atípico y peculiar de la política en Baleares en estos últimos años. O incluso tal vez de alguna otra década pasada más.