Manuel Marín

Comisiones inútiles

Manuel Marín
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Lo políticamente correcto no puede imponerse siempre, y convienen dosis de realismo. Las comisiones de investigación, con toda su parafernalia y su andamiaje de necesidad de transparencia democrática, son inservibles para cualquier fin que no sea desguazar al enemigo. Nadie recuerda nunca una sola conclusión útil de una sola comisión parlamentaria de investigación para corregir el rumbo de errores políticos, o para aprender lecciones del pasado. Estas comisiones son una mascarada revestida de aparente dignidad parlamentaria, que solo sirven para reproducir un banquillo virtual en el que los diputados de uno y otro signo se convierten en fiscales acusadores repartiendo condenas preventivas y abusivas, legitimadas en su condición de miembros de la soberanía popular.

El PP ya está siendo desguazado convenientemente en los tribunales profesionales. Y en distintos casos, algunos de sus dirigentes que conocen la cárcel han hecho méritos más que suficientes para ello. Distinguir entre responsabilidades políticas y penales está bien como ejercicio de corrosión democrática y de vulneración gratuita de la presunción de inocencia. El de los juicios paralelos, las penas de telediario y ahora las comisiones de investigación vacías son el listón que rige hoy en nuestra democracia, y como tal habrá que aceptarlo porque no tiene marcha atrás. Pero convertir el Parlamento en un juzgado virtual para que algunos diputados consigan su minuto de gloria televisado y simulen no estar de vacaciones parlamentarias, o para que auténticos corruptos simulen haberse caído de un guindo anteayer silbando al cielo mientras son interrogados, es un ejercicio de cinismo colectivo que el contribuyente no se merece. Ayer la noticia fue que un antiguo tesorero del PP llamó “gordo” a un diputado de ERC dudando de que vaya a ser longevo, y que un diputado de Ciudadanos no cree en la sordera selectiva de ese mismo contable.

La oposición al PP en el Congreso, y el PP frente a la oposición en el Senado, están invirtiendo la carga de la prueba, ninguneando a los Tribunales como garantes de nuestra calidad democrática, y acabando con la paciencia de muchos ciudadanos en la credibilidad del sistema. A Rajoy le cita un Tribunal como testigo después de que hasta cinco jueces en siete años de investigación de la financiación del PP lo considerasen innecesario o irrelevante. Y el PP resucita acusaciones sobre la financiación del PSOE, Podemos o Ciudadanos que ningún tribunal, ni siquiera el de Cuentas, cuestiona con un mínimo de relevancia jurídica. Es mitad de julio y conviene mantener viva la llama del escándalo. Nuestra democracia ya no sabe cómo hacerse más daño a sí misma.

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Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín