Baleares lucha contra el efecto llamada de una inmigración de «aventura y botellón»

Alarma por la llegada de 12 embarcaciones este año frente a las 31 de la década anterior

MadridActualizado:

Los inmigrantes que llegan a las Islas Baleares son en su gran mayoría argelinos, viajan en barcas de fibra con motor fueraborda que a menudo han comprado entre todos para la travesía -280 kilómetros en 24 horas- y cuando tocan tierra se despojan de la ropa mojada para ponerse otra seca de buen ver que han traído de casa, todo con idea de confundirse entre los turistas y pasar así inadvertidos. Aunque a veces el efecto es justo el contrario y han sido precisamente los conjuntos de marca y los trajes con corbata a deshoras lo que les ha acabado delatando aún en mitad del fabuloso maremágnum étnico que es este archipiélago, donde conviven gentes de más de 150 nacionalidades.

«Últimamente son muy jóvenes, veinteañeros y vienen como de botellón, a la aventura, a ver qué pasa...». Son palabras del jefe de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional de Palma, inspector jefe Chema Manso, que señala que a más de uno ya le han mandado de vuelta a su país varias veces.

Aunque hay referencias de una primera embarcación que llegó en 2004 con tres inmigrantes a Ibiza, se entiende que el fenómeno en las Islas Baleares comienza en 2006. Era la época de los cayucos incontables al asalto de las Canarias -31.000 subsaharianos fueron rescatados solo ese año- cuando hasta Mallorca llegó en septiembre un pesquero solitario con nueve argelinos, el «Soraya», al que en la década siguiente han seguido unas 31 pateras, botes o zodiacs más. La cifra podría no ser del todo exacta, puesto que el recuento anterior a 2010 es borroso incluso en las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior o la Delegación del Gobierno en el archipiélago consultadas por ABC.

Lo que sí es una realidad es que en lo que va de 2017 se han recuperado ya 12 de estas barcas con 147 hombres a bordo -algunos menores, pero no mujeres- un volumen insignificante comparado con la presión que se registra en las costas andaluzas (5.713 en 258 pateras a finales de junio). Pero que en Baleares es lo nunca visto.

Una patera tipo Zodiac que llegó en 2008 a Ibiza
Una patera tipo Zodiac que llegó en 2008 a Ibiza- EFE

«Ánimos delictivos»

El inspector jefe Manso asegura que no hay mafias. Que este tipo de inmigración «tiene poco que ver co n la de los subsaharianos que cruzan el Mediterráneo por desesperación». «No quiere decir que no haya quien venga por razones económicas, en busca de una vida mejor, pero por su comportamiento nos inclinamos a pensar que traen ánimos más bien delictivos», añade el responsable policial. «Hurtos, robo de carteras... muy lucrativo y con pocos riesgos», aclara a preguntas de este diario en conversación telefónica.

Son habitantes de las islas, y no pocas veces esa población extranjera flotante que disfruta en ellas sus vacaciones, quienes denuncian la presencia en una playa perdida, una playa de moda o montaña a través -que también ha sucedido- de estos inmigrantes, momento en que se activa con velocidad punta el protocolo legal que les conducirá a la devolución a su país. Esto es: inicio de expediente por entrada irregular el territorio nacional, puesta a disposición judicial al día siguiente, traslado en 72 horas a centros de internamiento de Barcelona o Valencia -Baleares no dispone de infraestructura migratoria propia-, y entrevista con el cónsul argelino que, en caso de certificar la filiación, pone en marcha de forma automática la repatriación. El ferry de Alicante a Argel. Y aquí se acabó la aventura, excepción hecha de los menores, que ingresan en los centros correspondientes.

En el archipiélago, referente de glamour y veranos VIP, es una prioridad no alentar «el efecto llamada» que se produciría de facilitarse la estancia a los norteafricanos que ingresan por vías no legales. En los comunicados que emite la Delegación del Gobierno con ocasión del hallazgo de cada patera no falta el recordatorio machacón de que a sus ocupantes les aguarda la expulsión. Ese ha sido el destino del 90% de los que han entrado ilegalmente entre 2016 y 2017, especificaban en una nota el viernes.

«Evitar tragedias»

«Enseguida que se les detecta se pone en marcha el procedimiento para que vuelvan a su país de origen (...) tenemos que hacer llegar el mensaje hasta allí para que no arriesguen sus vidas porque el objetivo que pretenden al final no puede ser y para evitar tragedias en el mar», subrayaba la titular de la institución, María Salom, que insistía en que navegan en las pateras «gente joven, con buen aspecto y vestidos con indumentaria moderna y europea». Lo hacía en unas declaraciones realizadas esta semana pasada, cuando en cinco días -del 7 al 11 de julio- aparecieron cuatro pateras, dos varadas ya en las costas de Mallorca y Cabrera y otras dos avistadas en aguas de esta última isla por el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE).

«Tenemos que hacerles entender que este viaje no vale la pena porque enseguida que se les detecta se pone en marcha el procedimiento para que vuelvan a su país»

La progresiva instalación de este sistema de radares a partir de 2007 fue lo que permitió extinguir el flujo de cayucos en las Canarias, por lo que se hizo extensivo a Baleares primero mediante dispositivos de detección móviles que luego se complementaron con fijos, estratégicamente situados en puntos de desembarco clásicos al sur de las islas antaño utilizados por las lanchas rápidas que hacían la ruta del hachís. Pero, en tanto que hay pateras que llegan hasta las playas por sus propios medios sin ser descubiertas con anticipación, el SIVE está recibiendo críticas frecuentes que la Delegación del Gobierno trata de apagar subrayando que sí «está habiendo resultados». Este diario ha tratado sin éxito recabar una valoración de la Guardia Civil, de la que depende este operativo.

Imagen de una patera que llegó en 2007 a Mallorca
Imagen de una patera que llegó en 2007 a Mallorca- EFE

Buques nodriza

Aunque las fuentes oficiales coinciden en que este tráfico de Argelia a las Baleares no está conducido por grupos de crimen organizado, lo cierto es que ha habido momentos, como el año 2008, en los que la llegada de tres pateras en pocos días y en medio de un temporal hizo pensar a la Delegación del Gobierno de entonces en la existencia de un «buque nodriza» cargado de inmigrantes que estaría dosificando el lanzamiento de los botes. No pudo probarse.

Pero lo que sí se había desarticulado un año antes en la llamada «Operación Kaskai» de la Guardia Civil fue una red compuesta por diez argelinos y un español que se ofrecía en Dellys -punto de partida habitual de la singladura, 100 kilómetros al este de Argel- a comprar la embarcación, organizar el viaje y asesorar a sus clientes para que se empadronaran en destino o recibieran prestaciones como la sanitaria.

A más pequeña escala, hay sentencias ya en 2007 y 2008 que condenaron a tres años a dos patrones que fueron detenidos mientras conducían ellos mismos sus propias embarcaciones cargadas de inmigrantes, a los que cobraban unos 800 euros por el pasaje.