Inés Arrimadas y Albert Rivera en el acto central de la campaña catalana
Inés Arrimadas y Albert Rivera en el acto central de la campaña catalana - EFE

«Arrimadas no será un caso Errejón»

Por primera vez Rivera tiene que convivir con un perfil que le rivaliza en protagonismo

MadridActualizado:

En un partido de evidente carácter personalista, con un liderazgo muy marcado, la aparición de un segundo rostro puede generar efectos contradictorios. Inés Arrimadas se ha convertido en el primer contrapeso que existe en Ciudadanos a Albert Rivera. Siempre pensando en la nueva etapa a partir de 2014, ya que en sus orígenes en Cataluña (2006) el partido hizo de la deslealtad y la batalla interna su modus vivendi.

¿Puede ser ese liderazgo compartido un problema a medio plazo? ¿Es realmente compartido el liderazgo? ¿Cómo es la relación entre Rivera y Arrimadas? Preguntas obligadas tras la consolidación de la única dirigente de Ciudadanos capaz de llevarse el titular tras una rueda de prensa compartida con el líder del partido.

En privado diversos dirigentes y cargos medios del partido rechazan cualquier atisbo de mala relación entre ellos. Cuestión que parece extenderse pero de la que, por el momento, no hay constatación. Hay incluso quienes dicen percibir en ellos una relación «cómplice».

Arrimadas nunca ha manifestado ninguna ambición respecto a participar de la política nacional. Aunque todos en el partido la ven como sucesora. «Pero como sucesora, no como rival de Rivera», matiza un dirigente que asegura que «aunque ella guardase ambiciones, que no lo sé, sabe que tendría que esperar». Y mucho. Porque en Ciudadanos de la sucesión de Rivera simplemente no se habla. «Ella no va a ser un caso Errejón», asegura contundente un dirigente.

Otro miembro de la dirección explica los motivos por los que rechazan un escenario de confrontación porque no son dos liderazgos paralelos, sino que se otorga a Rivera la paternidad política de Arrimadas. «Inés no es un liderazgo que surge por su cuenta. Es un liderazgo impulsado, cuidado y reforzado por Albert», resume un dirigente histórico del partido. «Es un caso de éxito del equipo y del propio Albert, que cuando todo el mundo dudaba él apostó por Inés». Con esas dudas se refiere a cuando se decidió que Rivera daría el salto a Madrid y se precisaba un recambio en Cataluña: «Fue el primero en apostar claramente por Inés». También cuando surgieron dudas por un discurso aparentemente menos duro con el nacionalismo. La respuesta fue nombrarla portavoz de la dirección nacional. Cargo que aseguran que mantendrá y que solo podría perder si algún día es presidenta de la Generalitat.

Estructura de poder

Lo cierto es que Arrimadas no tiene bajo su mando una estructura que le permita hacer un discurso y una estrategia propia, como podía suceder en Podemos. Dos de sus personas más cercanas en el trabajo diario, José María Espejo y Fernando de Páramo, son sin ir más lejos amigos personales de Rivera.

Arrimadas opera en Ciudadanos como un número dos mediático, pero tiene por delante varios dirigentes que en el terreno orgánico y en el de la estrategia están por delante en jerarquía. Algo que no sucedía en Podemos, donde Errejón era un claro número dos de Podemos que además había actuado como arquitecto del partido, con un ejército de cuadros y trabajadores bajo su mando e influencia directa. En Ciudadanos el incuestionable número dos es José Manuel Villegas.

Lo que sí es evidente es que con Arrimadas Ciudadanos adquiere un perfil capaz de rivalizar en protagonismo político y mediático con el líder del partido. Pero Arrimadas es, por el momento, más refuerzo que rival del líder.