España

Casi 3.500 desapariciones permanecen sin resolver desde 1977 hasta ahora

En 2014 las denuncias por desaparición marcaron un récord: se iniciaron 22.593 expedientes, de los que 890 siguen abiertos

Las dos primeras desapariciones sin resolver datan de 1977
Las dos primeras desapariciones sin resolver datan de 1977 - AFP

Nadie le vio salir de casa, ni dirigirse a la parada de autobús, ni tampoco subir a ningún vehículo. Tampoco llevaba dinero ni documentación, pero aquel 6 de abril de 1987 David Guerrero, de 13 años, se desvaneció en Málaga de camino a la exposición de su primer cuadro. No hubo pista que seguir: el caso del «niño pintor» sigue siendo un misterio casi 30 años después. Este es solo uno de los 3.496 casos sin resolver en España en torno a un desaparecido.

Son cifras oficiales que se desprenden de la respuesta que dio el Gobierno el pasado mes de abril a una pregunta escrita en el Senado sobre los expedientes abiertos por desaparecidos. Los datos se remontan a 1977, año al que pertenecen las dos únicas denuncias que siguen sin resolver. Los últimos registros llegan hasta abril de este 2015, cuando había 768 pendientes de esclarecer.

El de David Guerrero es uno de los 26 casos que siguen abiertos del periodo que va de 1977 a 1989; al igual que Cristina Bergua pertenece a los 127 casos sin resolver de la década de los 90; o al igual que Yéremi Vargas a los otros 306 pendientes del periodo 2000-2009 o, por último, como Sonia Iglesias pertenece a los 3.037 casos del periodo que va de 2010 a 2015. Todos fueron casos mediáticos, inquietantes. Pero no fueron los únicos.

Más del 90 por ciento de los casos se resuelven en el primer año. Normalmente porque la persona vuelve o reaparece pocos días después o bien porque es hallada muerta, no necesariamente porque haya una acción criminal. De hecho, según explican fuentes de la Policía, las desapariciones «inquietantes» son las que se conocen, las mediáticas. Mientras, el incremento de los casos sin cerrar de los últimos años se debe en buena medida a un fenómeno que no ocurría antes: menores inmigrantes que se fugan de los centros de acogida y cuya desaparición tiene que ser denunciada por ley. El problema surge cuando, tras ser localizados por los cuerpos de seguridad, dan un nombre falso. Y, en muchas ocasiones, vuelven a fugarse después. Es decir, que las denuncias abiertas se multiplican sin poder cerrarse.

Aun así, los 2.269 expedientes sin resolver del periodo 2010-2014 suponen tan solo un tres por ciento de los expedientes iniciados en dicho lustro: las denuncias interpuestas fueron, en total, 73.188, según los datos recogidos en la Base de Datos de Personas Desaparecidas y Cadáveres sin Identificar (PDYRH). De ellas, 22.593 se realizaron en 2014 —de las que solo 890 siguen abiertas—, una cifra récord en los registros desde que esta base de datos fuera inaugurada en 2009 para que Policía, Guardia Civil y policías autonómicas compartiesen desde el primer momento toda la información de cualquier denuncia por desaparición. Una reclamación que las asociaciones de desaparecidos llevaban años haciendo.

A pesar del paso del tiempo y del archivo judicial de las causas, los expedientes por desaparición no se cierran nunca. Como mucho permanecen inactivos, pasivos, a la espera de nuevos indicios o de que un juez decida reabrir el caso. Algunas veces las familias lo consiguen tras años de reclamaciones. Otras veces, en cambio, sus nombres se quedan haciendo equilibrios sobre el limbo del olvido, como el de Francisco Román Fontalba, el primer niño desaparecido de España, en 1977. Un niño que se fue de casa con 15 años y que hoy tendría 54, de seguir vivo. Su familia le sigue buscando, sin resultado. Sigue tratando de reabrir el caso, sin frutos. Porque todo lo que tienen son sospechas, pero ninguna prueba concluyente que convenza a un juez de reabrir la investigación o lleve a la Guardia Civil a cerrar su caso.

En Twitter: @IsabelMiranda

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