Joan Planas, cineasta y fotógrafo barcelonés, esta semana en Santander
Joan Planas, cineasta y fotógrafo barcelonés, esta semana en Santander - Juan Manuel Serrano Arce
entrevista

Joan Planas: «En Cataluña estamos tranquilos; lo que hace falta es que nos entendamos»

El cineasta que recorrió España y se desprendió de los mitos separatistas

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Joan Planas (1982) no es un catalán al uso. Tampoco un cineasta al uso. Pertenece a ese grupo de «incomprendidos» (de los que confiesa no conocer ninguno) que pasaron de ser independentistas a votar «No» el 9-N, cuando Artur Mas planteó su consulta. Lo hizo después de recorrerse cien bares repartidos por toda la geografía española entrevistando a cien españoles diferentes, documentándose para escribir un libro (España desde el bar) que próximamente saldrá a la venta. En el camino, derribó los mitos y prejuicios que había alimentado durante tantos años.

—¿De dónde surge tu proyecto?

Tenía muchas dudas sobre qué estaba pasando en España, sobre todo en Cataluña. Quería hacer una película donde confrontar a españoles de varias partes de España y no quería escribir desde los tópicos y prejuicios con los que he crecido, sino que me gustaría encontrar lo más realista que pudiera. Me fui a hacer un recorrido por España de bar en bar, el escenario donde sucede la película, a preguntar a los españoles qué piensan y sienten sobre España. Básicamente era un proyecto de documentación para escribir después desde las realidades que me fuera encontrando.

—¿Qué te encontraste?

Lo primero que me encontré es que yo era independentista y al hacer este recorrido –que coincidió con el 9N– y haber entrevistado a la mitad de España, decidí cambiar de opinión y votar «No».

En mi opinión, hay dos tipos de independentistas: los emocionales y los racionales. Yo era de razones, yo no crecí con unos padres que me hablaran de ser español o catalán, fue algo que fui creándome y un día decidí que tenía que ponerme en un lado. Era independentista porque creía que el resto de España iba en contra de los catalanes. Me preguntaba cómo vivir en una España donde todo lo que hagamos los catalanes va a estar visto mal para el resto. Por eso yo quería la convivencia. Al salir, me di cuenta de que todos esos prejuicios no son reales. Muchas comunidades se quejan mucho de lo que les ocurre. Y la misma excusa que ponen en Cataluña la pueden poner en otra comunidad

—¿Y por qué se da en Cataluña?

A uno se le va creando la idea que forma parte de una región apartada del resto. Que viene de una serie de hechos históricos. Los tópicos y prejuicios, que se crean desde el miedo, hacen que se exageren muchas cosas. Luego también el hecho de que haya una serie de personas públicas que hagan que la herida se vuelva a abrir –como Wert diciendo «vamos a españolizar a los catalanes»–. Todo eso hace que esa herida se haga muy grande y al final se invente esa historia de ser un pueblo aparte de todos. Lo más interesante es ver cómo mucha gente fuera de Cataluña entiende lo que les pasa a los catalanes.

—¿Qué clima hay actualmente en Cataluña?

Se vive con mucha normalidad. Yo dije públicamente «ya no soy independentista» y no perdí amigos, ahora hacen bromas. El problema se decidirá en el momento en que se vaya a votar. La crispación está en los medios de comunicación y entre Cataluña y el resto de España. Parece que en Cataluña hay una especie de excitación y mal rollo constante. Pero tengo un cuñado independentista y somos de los mejores amigos, no hay ningún problema.

—¿Se toman las elecciones del 29S como plebiscitarias?

Una cosa en la que estamos de acuerdo es que queremos saber qué es lo que piensa la mayoría. Que termine ya esto, o sí o no. Yo quiero saberlo, saber cuánta gente hay en Cataluña que realmente quiere esto. Me pregunto si hay tanta gente lo desee realmente.

Votar sería la oportunidad para que todos los gobiernos y partidos tomen las medidas a partir de esa decisión. El partido más independentista cogería esos resultados para aprovecharlos, pero igual el gobierno de España los utilizaría para diagnosticar el problema y ver cómo hacer que disminuya y que no se quieran independizar. En el momento en que te niegas a que voten es como negarse a una realidad que va a explotar.

—¿Podría solucionarse cambiando el modelo territorial?

Tengo la sensación que si se hace un sistema donde se apoye más la diferenciación de cada comunidad, si se va a intentar dar más autonomía a cada una, en Cataluña al menos sí que habrá más gente que no querrá la independencia. Hay una gran masa a de catalanes que no quieren la independencia pero visto que no se está negociando nada mejor, se suman al sentimiento.

—¿Qué culpa tienen los políticos?

Hacen falta más científicos en la política, que son menos emocionales y van más a las razones lógicas y al problema. Deberíamos de intentar analizarlo todo, por qué uno es independentista y por qué no. En Cataluña estamos tranquilos y lo que creo que hace falta es que nos entendamos, que nos escuchemos. Ya no solo entre catalanes, sino entre comunidades.

El hecho de que yo haya cambiado de opinión la gente lo ve como un milagro. A la gente le da miedo poder cambiar. Tienen que estar abiertos a escucharnos, a poner en duda lo que pensamos nosotros y entender por qué uno llega ahí.