Alejandro Lerroux y Albert Rivera
Alejandro Lerroux y Albert Rivera - ABC
Historia

Alejandro Lerroux, el controvertido político al que los nacionalistas comparan con Albert Rivera

Fue un periodista y político con gran capacidad de oratoria que, pese a dirigir un partido que llevaba la palabra «radical» en su nombre, llegó a representar el centro político español de principios del siglo XX frente al crecimiento de los nacionalistas. Fue presidente del país en tiempos de la II República

Actualizado:

Uno de los ataques más recurrentes por parte de los círculos nacionalistas contra el partido Ciudadanos es el de compararlo con el Partido Republicano Radical, un actor político difícil de ubicar ideológicamente que emergió en tiempos de la II República para llegar incluso a gobernar el país. El partido se vertebraba casi exclusivamente en torno a la controvertida figura del periodista Alejandro Lerroux, a quien los nacionalistas catalanes de entonces, mucho menos importantes que ahora, le acusaron también de anticatalán, populista y pequeño burgués. No en vano, las lejanas similitudes en las biografías de Albert Rivera y de Alejandro Lerroux, ambos cercanos al centro político, no pasan por el momento de la mera anécdota.

La figura de Alejandro Lerroux García ha quedado completamente solapada por la corrupción desatada durante el tiempo que estuvo en el Gobierno, lo que fue llamado «El escándalo del Estraperlo». Pero antes de este caso de corrupción vinculado con el Casino de San Sebastián, que hirió de muerte al Partido Radical, Lerroux fue un político enormemente popular. Nacido en Andalucía como la madre de Albert Rivera, en concreto en La Rambla (Córdoba), los años de juventud pasados por Lerroux en Barcelona le hicieron sumergirse en la vida pública de Cataluña.

Uno de los elementos biográficos más llamativos de Lerroux es su origen como periodista. A través de un estilo calificado como populista e incisivo por sus enemigos, el cordobés alcanzó a dirigir el diario republicano «El País», así como a estar en la dirección de «El Progreso» y «El Radical», entre otras publicaciones donde colaboró con sus artículos cargados de un fuerte componente ideológico. Se le achacan a las campañas de sus periódicos ser causantes en algunos casos de disturbios obreros de carácter antimilitarista y anticatalanista en un periodo, a principios de siglo XX, de gran inestabilidad política en Cataluña.

De radical a moderado contra los nacionalistas

Licenciado en Derecho pero con alma de periodista, Lerroux militó desde su juventud en partidos republicanos como la Unión Republicana, donde fue diputado electo por Barcelona en 1901, haciéndose famoso por su gran capacidad de oratoria. En 1908, Lerroux decidió formar el Partido Republicano Radical (PRR) como oposición al crecimiento de los partidos nacionalistas catalanes. Aunque su partido incluía la palabra «radical» en el nombre, lo cierto es que llegó a representar el centro político español del primer tercio del siglo XX. Así y todo, su radicalismo venía dado por su anticlericalismo, que le condujo a implicarse en los dramáticos sucesos de la Semana Trágica de Barcelona en 1909.

Precisamente su apoyo a posturas radicales y republicanas en la prensa y la participación de su partido en la Semana Trágica forzaron al exilio a Lerroux en varias ocasiones. Durante la dictadura de Primo de Rivera ocupó un lugar secundario en la vida política española, pero con su participación en la proclamación de la Segunda República Española en abril 1931 emergió de nuevo en posiciones protagonistas. Su partido fue miembro del gobierno provisional que gobernó el país durante los primeros meses de la joven República y que redactó la Constitución de 1931. Pero cuando se produjo el asalto a ABC y la quema de conventos de mayo de 1931, Lerroux escenificó su ruptura con el anticlericalismo y las posturas más violentas de la II República: «En Madrid el populacho, excitado por unos cuantos miserables, se echó a la calle e inició la estúpida y criminal e inmotivada ofensiva contra las iglesias y conventos, quemando y saqueando. Las turbas echaron sobre la República naciente el primer borrón y la primera vergüenza».

Lejos de lo que cabría esperar por sus siglas, el Partido Republicano Radical se postuló ideológicamente en el republicanismo moderado y, de esta manera, pudo estar tanto en gobiernos de izquierda como de derecha. No obstante, su desacuerdo con Manuel Azaña respecto a continuar con la alianza de los republicanos y los socialistas hizo que el Partido Radical se aproximara progresivamente a las posiciones de la derecha. Tras su éxito en las elecciones de noviembre de 1933, donde Lerroux fue el segundo candidato más votado con 102 escaños, el Partido Radical pactó con el vencedor de los comicios, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), para formar gobierno.

La alianza entre los republicanos radicales y la CEDA de José María Gil-Robles permitió a Lerroux ocupar en tres ocasiones la presidencia del gobierno entre 1933 y 1935, además de carteras de gran importancia como la de Guerra y Estado. Sin embargo, la agresiva oposición contra este gobierno de los partidos y sindicatos de izquierda, que llegaron a convocar una Huelga revolucionaria a comienzos de octubre de 1934, dio lugar a uno de los periodos de mayor turbulencia política de la II República e hizo ingobernable el país. La implicación de Alejandro Lerroux y otros miembros del Partido Radical en un escándalo de corrupción dinamitó la coalición.

El escándalo del estraperlo finiquita su carrera

Se conoce como el escándalo del estraperlo, que salió a la luz en octubre de 1935, al caso de corrupción vinculado a la instalación en casinos españoles de un sistema de ruleta fraudulento. Como en la mayoría de países de Europa, el juego de la ruleta estaba prohibido en España, pero en la década de los 30 se popularizaron numerosos modelos de pseudorruletas como el patentado por los empresarios Daniel Strauss, Perle y Lowann, de cuyos nombres deriva la palabra «estraperlo». En 1934, los empresarios alcanzaron un acuerdo económico con varios miembros del Partido Radical para instalar estas ruletas en el Casino de San Sebastián. A cambio de un generoso porcentaje, Alejandro Lerroux ayudó a los empresarios a salvar los escollos legales. Pero cuando el sistema había sido instalado también en el Hotel Formentor (Mallorca), el juego fue prohibido por la policía tras demostrarse que era fraudulento, dado que la rueda se controlaba mediante un botón.

El escándalo saltó cuando Daniel Strauss inició una campaña de desprestigio en la que exigió una indemnización por los gastos de instalación del juego y por los sobornos que decía haber pagado a políticos del Partido Republicano Radical. El informe presentado a Niceto Alcalá Zamora acusaba directamente a Lerroux y a familiares suyos de haberse lucrado con la instalación del juego, lo cual fue utilizado por el presidente de la República para forzar la dimisión del entonces presidente del Gobierno el 25 de septiembre de 1935. Posteriormente, una comisión parlamentaria dictó que Lerroux, que todavía formaba parte del Gobierno, había cometido actuaciones «que no se ajustaron a la austeridad y a la ética que en la gestión de los negocios públicos se suponen». La consecuencia política fue la salida definitiva de Alejandro Lerroux del Gobierno y la dimisión de otros importantes políticos del Partido Radical como Salazar Alonso, ministro de la Gobernación y alcalde de Madrid, y Pich i Pon, gobernador general de Cataluña.

Pocos días después de la salida de Alejandro Lerroux del gobierno de coalición radical-cedista, estalló otro caso de corrupción: «El escándalo Nombela», que implicaba directamente al líder del Partido Republicano Radical en su etapa como presidente. El funcionario de colonias Antonio Nombela acusó a varios dirigentes del partido de Lerroux de haber resuelto de forma fraudulenta un expediente por el que se indemnizaba a la Compañía de África Occidental, propiedad del empresario catalán Antonio Tayá que había conseguido un contrato público para conectar por barco las colonias de Guinea Ecuatorial y Fernando Poo. Este segundo escándalo derrumbó definitivamente la imagen de los radicales y dio al traste con su alianza con la CEDA de Gil Robles.

En las elecciones generales celebradas en 1936, el Partido Republicano Radical sufrió un enorme descalabro político, obteniendo solamente 5 diputados. Así, cuando comenzó la Guerra Civil Española, Alejandro Lerroux se encontraba desaparecido de la vida política y pudo salir del país vía Portugal sin que nadie reparara en ello. Regresó a España en 1947, y falleció dos años más tarde en su domicilio madrileño de la calle del Marqués de Villamejor.