Historia

«¿Qué ha hecho España por Europa?», la injusta pregunta de los enciclopedistas franceses

El autor del siglo XVIII encargado del artículo sobre nuestro país, Masson de Morvilliers, abrazó muchos de los tópicos de la leyenda negra: «Tal vez sea la nación más ignorante de Europa. ¡Las artes, las ciencias, el comercio se han apagado en esta tierra!»

«Duelo a garrotazos», una de las pinturas negras de Francisco de Goya
«Duelo a garrotazos», una de las pinturas negras de Francisco de Goya - Museo del Prado
césar Cervera - Madrid - Actualizado: Guardado en: España

«La Enciclopedia Metódica» editada en Francia entre los años 1751 y 1772, bajo la dirección de Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, fue un ambicioso proyecto para recoger los principales conocimientos de la época. Un esfuerzo editorial sin precedentes en plena Ilustración, que fue exageradamente crítico con el papel de España en la historia de la humanidad. Influido por la leyenda negra sobre nuestro país, Masson de Morvilliers, el autor encargado del artículo sobre España, se dedicó a lanzar injustos juicios sumarios: «Tal vez sea la nación más ignorante de Europa. ¡Las artes, las ciencias, el comercio se han apagado en esta tierra!».

«¿Qué se debe a España? Y desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace diez, ¿qué ha hecho por Europa?», planteaba el artículo lleno de prejuicios de Masson de Morvilliers, que respondía a continuación a su propia pregunta: «Nada se le debe». El texto, que formaba parte del tercer volumen de la Enciclopedia y se centraba en la geografía y economía del mundo, estaba plagado de observaciones personales sobre la política, la Inquisición española, las corridas de toros y el desarrollo de las artes y las ciencias en España, catalogado como un «pueblo de pigmeos». Como no podía ser de otra forma, la percepción sesgada de Morvilliers causó una gran polémica en la época. El embajador de España en París, el conde de Aranda, transmitió una protesta al gobierno galo. Por su parte, la Academia Española reaccionó convocando un concurso con el tema «apología o defensa de la nación (enfocado a la ciencia y las artes)». Un español establecido en la corte de Prusia, el padre Denina, contestó a los enciclopedistas franceses con un brillante texto titulado: «Respuesta a la pregunta de qué se debe a España».

La Inquisición, además, consiguió la incautación de la obra «mientras se realizaban las correcciones oportunas» de todos los tomos de la Encyclopedie que habían llegado a Madrid. Pero pese a la rápida respuesta de varios intelectuales españoles e incluso extranjeros recordando la infinidad de contribuciones españolas a Europa, lo cierto es que Morvilliers solo plasmaba la distorsionada visión que tuvo la mayor parte de Europa sobre España hasta bien avanzado el siglo XX. «El apotegma de que África empieza en los Pirineos corre muy válido por Europa. Increíble parece la ignorancia común de cuánto fuimos y de cuánto somos. Cualquiera que haya estado algún tiempo fuera de España podrá decir lo que le preguntan o lo que dicen acerca de su país. A mí me han preguntado los extranjeros si en España se cazan leones; a mí me han explicado lo qué es el té, suponiendo que no le había tomado ni visto nunca; y conmigo se han lamentado personas ilustradas de que el traje nacional, o dígase el vestido de majo, no se lleve ya a los besamanos ni a otras ceremonias solemnes, y de que no bailemos todos el bolero, el fandango y la cachucha», relataba Juan Valera, novelista y diplomático, en 1868 sobre la idea que había de España en el extranjero.

El historiador y político francés François Guizot insistió en el retraso crónico de España siguiendo el tono de Morvilliers medio siglo después. «Mientras que en las partes de Europa en las que la Reforma protestante tuvo un papel importante el espíritu humano alcanzó una actividad y una libertad hasta entonces desconocidas, pero allí donde no penetró, como en el caso de España e Italia, cayeron en la molicie y la inercia», recoge en un libro de historia europea publicado en 1828. El hispanista Joseph Pérez en su libro «La leyenda negra» recuerda que este desprecio hacia los países del sur derivaba de la creencia errónea y extendida en el periodo de Guizot de la superioridad de los países protestantes frente a los que se habían mantenido fieles a la Iglesia Católica.

La racista superioridad de los anglosajones

La falsa creencia de que los protestantes eran superiores a los católicos –algo que se justificaba en el auge del Imperio inglés en ese momento– dio lugar a una doctrina racista que situaba a los anglosajones en lo más alto de la escala evolutiva. La economía parecía darles la razón. Para el economista Max Weber, los protestantes representan el «espíritu del capitalismo moderno», caracterizado por la búsqueda racional del beneficio a través de una profesión elegida libremente. Y hasta mediados del siglo XX no se comenzó a rebatir esta proclamada superioridad del mundo protestante y anglosajón sobre el Catolicismo y los pueblos latinos. Como apunta Joseph Pérez en el mencionado libro, R. H. Tawney fue el primero, en 1926, en poner en entredicho las tesis de Max Webber sobre los vínculos de la Reforma, sobre todo el movimiento encabezada por Calvino, y el capitalismo. Así, Tawney argumentó en su obra que el capitalismo moderno existía ya en el siglo XV en regiones posteriormente católicas como Venecia, Florencia y Flandes. El desarrollo del capitalismo, por tanto, no era un tema religioso.

La decadencia del Imperio español en el siglo XVII fue motivada por razones económicas y no por temas religiosos o psicológicos. No fue su fidelidad al Catolicismo lo que condenó a España a entrar tarde en la era capitalista, sino una serie de circunstancias económicas causadas, sobre todo, por el efecto en los precios de la llegada de grandes remesas de metales brillantes desde el Nuevo Mundo. La enorme diferencia entre precios y salarios en España redujo la acumulación de capital, que sí se produjo en ese periodo en otros países europeos, ralentizando su proceso de transición hacia el sistema capitalista.

No en vano, el derrumbe del poder de los imperios del sur del Mediterráneo, donde también se podía incluir al Imperio otomano, solo era la consecuencia de las fluctuaciones de la Historia. «Todas las fuerzas se agotan. La facultad de dirigir la Historia no es una propiedad perpetua. Europa, que la heredó de Asia hace 3000 años, tal vez no la conserve siempre», advirtió el también francés Ernest Lavisse a comienzos del siglo XX. El caso del Imperio español y su caída ilustran lo que ocurre cuando tus enemigos reescriben el relato histórico una vez conquistado el poder.

La visión negativa sobre España, de la que da fe Masson de Morvilliers en su artículo de la Enciclopedia, tiene su génesis en la propaganda holandesa, francesa e inglesa vertida durante el periodo imperial. La conocida como leyenda negra, plagada de exageraciones y mentiras sobre la historia del primer Imperio global, fue elevada al grado de relato histórico con el ascenso de las potencias que habían rivalizado con España por el cetro europeo. Las aportaciones políticas y culturales de la Monarquía histórica fueron desdeñadas sistemáticamente. «Los ataques contra España fueron causados por el papel que quiso desempeñar en el mundo durante su expansión. Una buena parte de Europa nunca olvidó lo que consideraba la arrogancia, la codicia y la brutalidad de un pueblo que se creía llamado a un gran destino», apunta Joseph Pérez.

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