Francisco Nicolás Gómez Iglesias - ABC

El «pequeño Nicolás»: psicótico, trastornado o simple «bandolero del siglo XXI»

Varios expertos analizan el comportamiento del joven que dice estar al servicio de las altas esferas del poder político y económico

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Colaborador del CNI y de vicepresidencia del Gobierno en los asuntos más delicados del Estado. Conseguidor de información privilegiada capaz de dinamitar el independentismo en Cataluña. Mediador para lograr que la infanta Cristina tenga un horizonte judicial «bueno para España». Todo esto y mucho más dice ser Francisco Nicolás Gómez Iglesias, conocido como «el pequeño Nicolás», quien, a sus poco más de veinte años, bien podría haber sido, hasta su detención el pasado 14 de octubre, uno de los hombres más ocupados de España. Siempre, claro está, que sea cierta su versión de los hechos.

[Fotogalería: la vida social de Francisco Nicolás]

El informe forense del que se valió el juzgado tras su detención observaba en Francisco Nicolás «una florida ideación delirante de tipo megalomaníaco». Sin embargo, tras su reciente exposición a los medios y, siempre desde la cautela y limitaciones que implica no haber realizado personalmente una exploración psiquiátrica, cuatro expertos se cuestionan el diagnóstico. A su juicio, se podría apreciar en él síntomas de una psicosis expansiva, de delirios megalomaníacos, de un trastorno de la personalidad, de una personalidad narcisista. Sin remordimientos. Sin consciencia de la mentira. O también todo lo contrario y ser, simplemente, «el nuevo bandolero del siglo XXI».

«A primera vista no parece un psicótico, pues su desparpajo y capacidad para las relaciones sociales no son propias de las psicosis», opina Leopoldo Ortega Monasterio, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Forense. «No obstante existen algunas modalidades de psicosis "expansivas", como podría ser el presente caso, en el que el sujeto se implica activamente en relaciones interpersonales desde sus vivencias delirantes de grandeza».

Tampoco está de acuerdo con el diagnóstico forense el doctor José Carlos Fuertes, psiquiatra experto en medicina legal y forense. «A la luz de los acontecimientos, resulta un diagnóstico probablemente inexacto, siempre hablando por lo visto en los medios».

Una psicosis es una enfermedad mental grave. Quienes la sufren no son conscientes de las mentiras que inventan. El delirio se vive como una convicción. La lógica no sirve para hacer ver la realidad. No hay remordimiento porque hay un convencimiento pleno de los contenidos de su discurso. No existe la autocrítica. «Si ciertamente padece un trastorno delirante se le puede llegar a aplicar un eximente o atenuante ante su comportamiento antinormativo», asegura Ortega Monasterio. Es decir, pese a estar acusado de falsedad documental y estafa, el «pequeño Nicolás» podría ser inimputable.

Patrón general de grandiosidad

Pero existen otras opciones. «Hay algunos datos que apuntan a la probabilidad de que tenga un trastorno de personalidad, al que habría que ponerle un “apellido”», dice Fuertes. En su opinión, las apariciones televisivas de Francisco Nicolás evidencian sus rasgos histriónicos y narcisistas, así como una tendencia a la manipulación, a la seducción, al cinismo y una aceptable inteligencia.

En este sentido coincide con Héctor Peraza, especialista en evaluación psicológica y forense. Aunque prefiere ser cauto, en cuanto a las dificultades de discernir cualquier trastorno con tan solo la información de la que dispone, «sí existen rasgos de personalidad narcisista». Entre sus características, según el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-IV-TR, se encuentra un patrón general de grandiosidad, una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empieza al principio de la edad adulta.

El comportamiento de Francisco Nicolás en el programa «Un tiempo nuevo» de Telecinco, en el que participó el pasado 23 de noviembre, encaja entre las características que detalla Peraza. En sus respuestas no faltan ciertas dosis de chulería —llega a asegurar: «Seducir solo seduzco a las mujeres y espero que siga siendo así»—, muestras de superioridad y críticas a todo aquel que no sea él mismo, desde el presidente del Gobierno «que habla, de forma intolerable, a través de un plasma» hasta la jefa de prensa de Casa Real por sus «comunicados chapuceros» o el gremio de periodistas «que no contrastan su información».

Francisco Nicolás no deja pasar ocasión alguna de demostrar lo importante que parece ser su papel en el engranaje del Estado y el terremoto que podría provocar si decidiera «tirar de la manta». Detalla, sin presentar más pruebas que una captura de pantalla de un correo electrónico, que tiene información sobre las instituciones del Estado que harían dimitir a decenas de personas. Que iba en el coche de la vicepresidenta del Gobierno, tenía contactos con el CNI, con importantes empresarios, e incluso negociaba con la familia Pujol. Y que hasta su detención fue especial porque en ella participaron miembros de Asuntos Internos, la brigada a la que le corresponde investigar y perseguir las conductas delictivas de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía, algo que fuentes policiales atribuyen al hecho de que se hiciera pasar por un miembro del servicio de inteligencia.

Además, el joven no pierde los nervios ante las preguntas, a las que responde con rapidez y seguridad pese a lo comprometedor de algunas de sus afirmaciones. «Una de las características de los trastornos de personalidad de tipo narcisista es su inmensa capacidad para manipular y para comunicarse», explica Héctor Peraza.

La seguridad con la que habla Francisco Nicolás, unido a su aspecto juvenil, que le da un innegable encanto podría explicar la credibilidad de la que gozó en algunos de sus tratos con políticos y empresarios. «En algunos trastornos de la personalidad —pero también en bastantes sujetos normales— existe un "encanto superficial" que puede generar sentimientos de simpatía y de confianza, y conseguir una credibilidad ante sus interlocutores», explica Ortega Monasterio, quién sin embargo se muestra extrañado de que al principio nadie se apercibiera de la «naturaleza magalómana» de su discurso.

Cómo proceder a un diagnóstico

Ahora bien, los expertos consultados coinciden en resaltar que no puede llegarse a conclusiones sin un contacto directo con el paciente, algo que ninguno de los partícipes en este artículo ha tenido. «Diagnosticar un trastorno a simple vista no es riguroso», verbaliza José Carlos Fuertes. No obstante, ¿qué harían en caso de tener acceso al pequeño Nicolás? «El método psiquiátrico por excelencia es la entrevista, y a través de la misma podemos conocer su estado mental y la naturaleza de sus contenidos del pensamiento», explica Ortega Monasterio.

Además, los expertos también podrían recurrir a los tests de personalidad y cuestionarios de simulación. «Son muy fiables», asegura Carlos Hidalgo Villalba, psicólogo clínico y psicológo forense. Ortega Monasterio, por su parte, resalta que son pruebas complementarias las que permitirán perfeccionar y completar una valoración clínica fundamentada en la entrevista.

«Un caradura»

También cabe la posibilidad de que Francisco Nicolás no padezca ninguna patología y simple y llanamente haya visto una ocasión idónea para medrar y sacar provecho de otras personas. Así lo cree Carlos Hidalgo aunque, reitera, desde la distancia de no haber podido realizar un examen personal. «No parece tener perturbado el juicio, ni su capacidad para distinguir el bien del mal, ni para darse cuenta de lo que es real o no. No hay trastorno alguno, hay rostro de cemento armado. Mucho me temo que nos encontramos ante un "jeta", un caradura… un nuevo "bandolero" del siglo XXI».