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España

¿Por qué el independentismo tiene tanto éxito entre los jóvenes catalanes?

Varios expertos hablan de un fenómeno asociado con el sistema educativo catalán, el contexto político y económico, la juventud y la influencia de la familia y los medios de comunicación

Una bandera independentista en los tejados de Barcelona
Una bandera independentista en los tejados de Barcelona - Elaine Larkin
gonzalo lópez sánchez - Madrid - Actualizado: Guardado en: España

Napoleón ya dijo en el siglo XIX que «a no ser que el niño sea educado desde la infancia para ser republicano o monárquico, católico o libre-pensador, el Estado no constituirá una nación; descansará sobre el desconcierto y sobre cimientos inestables». Unas palabras que ahora podrían servir para recordar la importancia de la calidad de la educación en la construcción de un país, fueron evidentemente bien acogidas en el siglo de nacimiento de las naciones modernas. Ya entonces, en las escuelas se propició la aparición de un sentimiento de unidad nacional alemán de raíces prusianas. O la difusión del conocimiento y de la lengua en Francia, para hacer franceses a los franceses, en palabras de Weber, o bien para sentar las bases del Estado italiano, ya en la segunda mitad de aquel siglo.

Si la educación se convirtió entonces en una herramienta para consolidar el poder de los Estados y las naciones durante su nacimiento, al tiempo que otorgaban su regalo de conocimiento y formación, hay investigadores que ven en la reforma educativa catalana ,que instauró el bilingüismo en el año 1983, un paso crucial en la consolidación de los sentimientos catalanistas entre los jóvenes. Del mismo modo, hay otras voces que recuerdan la importancia de los medios de comunicación afines a la independencia, la influencia de la familia o la propia psicología de la adolescencia, para intentar explicar el apego de la juventud catalana a las posturas independentistas, una postura detectada por varios analistas pero respaldada tan solo por datos poco concluyentes.

«Aquellos que han estado más expuestos a la enseñanza en catalán tienen más tendencia a declarar que escogen partidos con una base catalanista», afirman Irma Clots Figueras y Paolo Masellas, los autores de un estudio publicado en la revista «The Economic Journal» en el que se analiza la influencia de la reforma educativa catalana. Han utilizado datos recogidos por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el año 2001, en el que los participantes respondían a preguntas acerca de su sentimiento de identidad, para intentar estimar hasta qué punto era esta catalana o española. A la vista de sus resultados, estos investigadores concluyeron que aquella reforma «es un ejemplo de política de construcción nacional en Cataluña».

El barrio y la familia

Hay otros que no creen que se le pueda achacar tanto peso a la reforma de la educación del año 1983. Es el caso de María José Hierro, del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March, quien destaca la importancia de «la familia y el contexto inmediato de socialización (barrio y amigos)» en la generación del sentimiento de identificación con Cataluña. Después de haber analizado en un estudio la importancia de los padres y la escuela en ese proceso, considera que «el peso de la escuela es limitado». En su opinión, «los chicos traen de sus casas una identidad que se ve reforzada en la interacción con el grupo cercano», un fenómeno favorecido por «la segregación residencial que hace que los hijos de nativos vayan a clase con hijos de nativos, mayoritariamente, y los hijos de inmigrantes vayan a colegios en los que los hijos de inmigrantes son mayoría».

Le apoya en esta postura el investigador Ignacio Molina, del Real Instituto Elcano, que coincide en destacar el papel de la familia y los padres en la generación del sentimiento independentista. Según explica, «es relativamente lógico que el independentismo sea mayor en los jóvenes. No tienen hijos, ni propiedades, ni pensiones cotizadas y, por tanto, valoran de manera distinta la incertidumbre del futuro (…). Son obviamente menos conservadores. Eso (…) les lleva a conectar bien con el mensaje independentista y la idea de construir algo nuevo. En ese sentido, “Podemos” seguramente restará apoyos al independentismo entre la juventud catalana».

La crisis política

Pero, aunque parezca razonable que la familia adopte un papel predominante o que los jóvenes tengan cierta tendencia a abrazar lo nuevo, también parece evidente que el paro, la corrupción y el desgaste de los partidos gobernantes influirán en la formación de la postura política. El sociólogo Roger Civit llegó a una conclusión parecida cuando publicó un estudio para el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales de Barcelona (ICPS), en el que analizó el peso de la edad, la educación y la coyuntura política y económica sobre el apoyo a la independencia. Según sus resultados, el auge del independentismo se debe principalmente al contexto político y económico: «la crisis económica, el desgaste político de los diversos gobiernos españoles y catalanes y, muy especialmente, la crisis institucional sobre el debate estatutario y su resolución por el Tribunal Constitucional», explican que, entre 2005 y 2011, «los partidarios de una Cataluña como Estado independiente se hayan triplicado».

Aquel estudio también le sirvió al propio Civit para confirmar la tendencia independentista de los jóvenes. Tal como explica a ABC, después de estudiar los datos obtenidos por el ICPS en un sondeo realizado a 28.757 personas, Civit encontró que «dentro de los años analizados (1991 a 2011), efectivamente los jóvenes ocupan la primera posición en el apoyo a las posiciones independentistas en prácticamente todos los años». Una tendencia que no resulta sencilla de ver en los datos del estudio 2965 del CIS de 2012, en el que se pregunta a los ciudadanos acerca de su sentimiento de identidad nacional y en el que se agrupa en una sola categoría, los nacidos después de 1975, a los adolescentes y a los que tienen casi cuarenta años.

El nacionalismo banal

La perspectiva a través de la que se observa la realidad también tiene su repercusión a la hora de abrazar unas ideas u otras. Tanto los documentales, como las películas o la misma línea editorial de los informativos y los periódicos, pueden darle a una ideología el aroma de lo romántico o el tufo de lo rechazable. En el caso de las naciones, Michael Billig, en su libro «Banal Nationalism» (Nacionalismo banal), destaca que los medios de comunicación recuerdan continuamente a las personas su identidad nacional. Y destaca que esta búsqueda del aroma nacional no es exclusiva de nacionalismos periféricos, sino propio también de Estados consolidados. Y, en su opinión, este bombardeo identitario llega hasta tal punto que, «incluso a través de la información del tiempo, (…) las naciones consolidadas se ven a sí mismo como naciones».

¿Ideas adolescentes?

Si para que una nación se vea a sí misma como nación se tiene que dar toda una colección de circunstancias, (educación, familia, barrio, coyuntura y medios de comunicación), cabe preguntarse si los propios jóvenes, solo por serlo, ya son especialmente permeables a ciertas ideas o más bien al contrario. En este punto, son muchos los que consideran que la adolescencia es crucial en el proceso de formación de la ideología y las actitudes. Esta idea queda bien reflejada en la hipótesis de los «impressionable years», años impresionables, de Jon Krosnick y Duane Alwin, según la cual los jóvenes serían más sensibles a los acontecimientos que coinciden con esa época de sus vidas.

En ese sentido, la psicóloga del Cristina del Barrio, del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, explica qué ocurre durante esos años tan convulsos: «Los cambios en la adolescencia ligados a las nuevas capacidades cognitivas y al aumento de la reflexión sobre la identidad, propician el interés por las ideologías». Y, entre todas estas ideas al alcance, «la ideología nacionalista no es una excepción. Los adolescentes se preguntan por su pertenencia a una comunidad de origen. Algunos dan más relevancia a esa pertenencia; a otros, esa reflexión les lleva a minimizar el hecho nacional».

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