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Las grandes democracias patrióticas

Día 21/04/2013 - 13.02h
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España puede tomar buena nota del respeto a los símbolos y el patriotismo de las principales naciones occidentales

Naciones donde los escolares prometen todas las mañanas su lealtad a la bandera, o donde se estudia el himno nacional en los colegios. Países en las cuales tanto las manifestaciones de izquierda como las de derechas están encabezadas, incluso delante de la pancarta, por la bandera nacional. No estamos hablando precisamente de dictaduras o de jóvenes democracias. Esto ocurre en Estados Unidos, en Italia, en Francia, en el Reino Unido. Incluso en Alemania, donde se escondieron los símbolos nacionales tras la caída de Hitler, ahora ha resurgido un patriotismo democrático, mayoritario en todos los países de nuestro entorno. Un patriotismo que en España, donde la bandera y el himno están tantas veces tan denostados, produce extrañeza, porque el patriotismo se suele asimilar a la dictadura. Todo lo contrario que en los grandes países occidentales, donde el patriotismo significa democracia, libertad, unidad. Un patriotismo que les hace más fuertes.

Alemania. Neopatriotismo sin complejos

JOSÉ-PABLO JOFRÉ / BERLÍN. «Nie wieder Deutschland» (Nunca más Alemania) fue una popular consigna entre los jóvenes alemanes de los años ochenta. En una simple y compleja frase se resumía el sentimiento de vergüenza y rabia de muchos ciudadanos sobre el país que habitaban: un rechazo abierto y directo a cualquier tipo de nacionalismo, especialmente al alemán. Los años pasaron no sin frustración por la falta de un cierto orgullo patrio, que llegó finalmente con el Mundial de Fútbol de 2006.

Por primera vez, tras 61 años desde la caída de Hitler y 16 de la reunificación, los ciudadanos alemanes –inmigrantes incluidos– salían a las calles con banderas a gritar «Alemania, Alemania», ahora sin vergüenza ni complejos. Este neopatriotismo espontáneo ha sostenido la popularidad de la actual política económica alemana que a su vez se enlaza al fenómeno de posguerra conocido como «milagro alemán». A pesar de mantenerse desde 1949 la anulación a la ley de protección de los símbolos patrios, un sentimiento renació hace siete años: un patriotismo contenido y crítico pero ya sin remordimiento.

EE.UU. Promesa diaria a la bandera

EMILI J. BLASCO / WASHINGTON. Cada día, los escolares estadounidenses prometen lealtad a la bandera. «Prometo lealtad a la bandera de Estados Unidos de América y a la república que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos». Esas palabras se repiten en muchos actos públicos, como las convenciones de los partidos políticos, en las que normalmente representantes militares introducen la bandera al comienzo de cada jornada. Los niños en las escuelas, como los adultos en esos otros momentos, se llevan la mano al corazón mientras recitan la promesa (en algún Estado, como Texas, también se rinde lealtad a la bandera estatal). Es la posición requerida igualmente durante la interpretación del himno nacional.

El Día del Presidente, alrededor de los aniversarios de nacimiento de George Washington y Abraham Lincoln, ambos próximos, y el Día de Martin Luther King, son fiestas laborables. También lo son el Día de los Veteranos o el Memorial Day, fecha dedicada a recordar a los caídos. No toda la actividad del país para esos festivos, pero los centros oficiales están cerrados.

Italia. Una ley para el orgullo nacional

ÁNGEL GÓMEZ FUENTES. ROMA. Los dos últimos presidentes italianos, Carlo Azeglio Ciampi y Giorgio Napolitano, han intentado favorecer el concepto de unidad del país y el patriotismo, haciendo hincapié en sus símbolos como la bandera y el himno nacional. Consecuencia de ello fue la iniciativa del Parlamento italiano, que aprobó casi por unanimidad el pasado año promover la enseñanza en la escuela del himno nacional, conocido como «Himno de Mameli». Al mismo tiempo se instituyó la Jornada de la Unidad de la Constitución del Himno y de la Bandera, a celebrar cada año en la fecha del 17 de marzo, en coincidencia con el día de la unidad de Italia.

Con la difusión del himno que escribió Goffredo Mameli, el objetivo es promover los valores de ciudadanía y de consolidar la identidad nacional. La ley aprobada establece que en las escuelas se organicen cursos e iniciativas para informar sobre el significado del «risorgimento» y sobre las vicisitudes que han conducido a la unidad nacional y a la aprobación de la Constitución. Solamente la separatista Liga Norte se opuso y protestó contra la ley.

Reino Unido. Un flagelo patriótico

BORJA BERGARECHE. LONDRES. Solo un deporte unifica a los británicos: el regate fino de la autoironía y los implacables remates del humor consigo mismos. Las costuras del orgullo colectivo británico están hechas de instituciones milenarias que funcionan eficazmente con la dosis justas de ritos pomposos (bodas reales, inauguración del Parlamento, entierros de próceres de la patria) y las ocasionales ceremonias de contrición (escándalo de los gastos parlamentarios, investigación de las escuchas).

El necesario revestimiento histórico lo ponen, más que las grandes invocaciones abstractas a un pasado imperial, el legado tangible que representan castillos y palacios por todo el territorio, mantenidos por dinastías aristocráticas con ayuda del Patrimonio Nacional. Pero son sobre todo las gestas civiles —la Revolución Industrial, Shakespeare, el Mini o la aspiradora Dyson— las que sostienen un patriotismo de lo tangible que cierra filas cuando toca apretarlas, ya sean los atentados de julio de 2005 o los Juegos de Londres.

Francia. La bandera, siempre al frente

JUAN PEDRO QUIÑONERO / PARÍS. En Francia, el homenaje y respeto a los símbolos e instituciones del Estado y la Nación está profundamente enraizado. Durante un viaje al País Vasco francés, la socialista Ségolène Royal pronunció unas palabras en un mitin en el que algunos asistentes comenzaron a gritar y cantar en euskera. Ségolène Royal terminó su discurso gritando «¡Viva Francia! ¡Viva la República!», para comenzar a cantar el himno nacional, pronto coreado, en pie, por la inmensa mayoría de los asistentes.

En muchos partidos de fútbol donde se han producido incidentes de diversa naturaleza con minorías inmigrantes mal integradas, la reacción espontánea es la del público que se pone en pie para cantar el himno. Y las manifestaciones de izquierda y derecha siempre se abren con alcaldes o diputados que enarbolan la bandera o un fajín con los colores de la bandera. Incluso las jerarquías religiosas judía y musulmana se suman siempre a todas las manifestaciones patrióticas.

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