El PSC midió el daño a Rubalcaba pero decidió «por unanimidad» desobedecerle
El primer secretario del PSC, Pere Navarro, durante su intervención en el Parlament - efe

El PSC midió el daño a Rubalcaba pero decidió «por unanimidad» desobedecerle

El socialismo catalán admite que su relación es «terrorífica» en términos electorales, pero que no quieren una ruptura

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El PSC adoptó la determinación de romper la disciplina del Grupo Socialista y votar en el Congreso a favor del derecho a decidir «perfectamente consciente» del daño que podía causar a Alfredo Pérez Rubalcaba, y aún así se optó «por unanimidad» por dar el paso adelante. «Creemos que hay riesgo de que se desgaste, lo tuvimos en cuenta, pero ante la tesitura, elegimos lo mejor para el PSC, para Cataluña y para España», admitía a ABC un integrante de la dirección del socialismo catalán. No hubo una sola fisura.

La cuestión se resolvió en la última Ejecutiva presidida por el primer secretario, Pere Navarro, en el transcurso de una larga reunión de más de tres horas en la que participaron treinta y uno de sus treinta y siete secretarios, entre los que no se contaban ni el responsable de Organización, Daniel Fernández, -que está suspendido cautelarmente por su imputación en una operación anticorrupción-, ni Carme Chacón, miembro nato de la cúpula del PSC.

«Estaban todos los pesos pesados, nadie se opuso», añadía la misma fuente para subrayar el cierre de filas absoluto y la convicción del aparato catalán en torno a un planteamiento: la resolución de CiU que apoyaron el martes encajaba sin dudas con la defensa del PSC de una consulta en Cataluña «legaly acordada», y la coherencia obligaba, por tanto, a respaldarla. No obstante, en el Congreso se extendió el rumor de que algunos de los 14 parlamentarios del socialismo catalán se pensaron hasta última hora si obedecer, o bien secundar la posición de Chacón, que se abstuvo en la votación del polémico texto. Al final todos los diputados del PSC excepto ella se pusieron del lado del «derecho a decidir» de CiU, postura que amenaza ahora con desencadenar un cisma en el PSOE, donde las voces del Alfonso Guerra o de los barones territoriales de Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón se han alzado para reclamar una ruptura con los hermanos catalanes, que sin embargo la cúpula del PSC no contempla.

La falta de reflejos de Ferraz

«Nosotros no renunciamos a la “E” de España», aseguran, aunque admiten que en los últimos años, el balance en términos electorales de sus relaciones con el PSOE ha sido «terrorífico». «En la época de Felipe González y con Zapatero, cuando Cataluña votaba contra Aznar, al PSC nos fue bien con esas relaciones… pero tras el varapalo del Estatut la situación es insostenible porque para el ciudadano la cuestión catalanista prima sobre la socialdemocracia, y no ha habido forma de dar la vuelta a eso. Por eso, o hacíamos algo o nos rompemos».

En la mayoría de la familia socialista, al menos en la parlamentaria, ayer prevalecía el abatimiento ante las malas perspectivas de solución a lo que consideran una embestida del PSC que, -como admitía en los pasillos de la Cámara un veterano del PSOE- «se veía venir». «Sabíamos que esto iba a pasar de un momento a otro», añadía el diputado, lamentando la falta de reflejos que ha tenido Ferraz para reconducirlo a tiempo. El pesar por la falta de acción del aparato de Rubalcaba es un clamor.

En el socialismo catalán coinciden en que este encontronazo era cuestión de tiempo, pero destacan que ellos trataron de evitarlo. El PSC aprobó en su congreso de 2011 revisar sus relaciones con el PSOE, particularmente para adquirir libertad de voz y voto con la que responder con identidad propia a cualquier cuestión sobre Cataluña que se planteara en el Parlamento de Madrid. Rubalcaba y Navarro ya habían abordado formalmente esta actualización meses atrás, aunque sin rematar del todo, y últimamente la sensación en las filas catalanas era «que nos estaban dando largas, y largas y largas».

La primera, quizás no la única

La moción presentada por CiU dio al PSC la excusa para enfrentar al PSOE a la cuestión pendiente por la vía de los hechos. «Era el momento, -explican en el PSC- nosotros nos hemos desgastado suficientemente en Cataluña, tenemos 19 diputados cuando llegaron a ser 50;era la forma de precipitar ese protocolo que Rubalcaba dice hoy que quiere revisar y, además, había ya una especie de incomodidad creciente incluso en los sectores más pro-PSOE porque nos estaban dando largas».

De haberse hecho público un nuevo modelo acordado con antelación, sugieren en el PSC, su voto del martes hubiera entrado ya en la «normalidad» y el trauma actual no se habría desbocado. Por el contrario, Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo que aguantar ayer las ironías del PP sobre su falta de capacidad para controlar su propia bancada, va a tener que sofocar ideas tan suicidas como las que proponer crear una marca PSOE en Cataluña-que competiría con el PSC- y, lo que es más grave, puede encontrarse en cualquier momento con que los diputados del PSC vuelven a ponerse del lado de una consulta en Cataluña. Dependerá de que CiU o ERC sepan plantear iniciativas en ese sentido de manera suficientemente moderada.

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