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El «sustituto» de Rajoy: «En Santa Pola viviría mejor que en Moncloa»

Día 25/02/2013
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Francisco Riquelme, registrador de la propiedad desde hace 23 años: «Cuando fue elegido diputado, pidió a la Dirección de Registros que lo arreglasen para que nunca pudieran sacarle los colores

«Ahora no vaya a decir que si Rajoy estuviese de registrador de la propiedad en Santa Pola viviría como Dios», bromea Francisco Riquelme al despedirse. Pero lo cierto es que el «registrador accidental permanente» de esta localidad de 33.000 habitantes en la costa alicantina, que ocupa desde hace 23 años la plaza que por oposición corresponde al presidente del Gobierno, ha admitido en varias ocasiones durante la conversación previa que la vida de Rajoy como registrador sería, al menos, «más fácil».

Francisco Riquelme y Mariano Rajoy fueron compañeros de oposición, cuando el presidente contaba 23 años. «Él era dos años más joven que yo». Pero en realidad, Rajoy solo ha dirigido el Registro de la Propiedad de Santa Pola durante dos años, entre 1987 y 1989 -cuando se convirtió en diputado nacional por Pontevedra-. En aquellos años, cuentan, se alojaba en el hotel Gran Sol de Alicante.

¿Cómo sería la vida de Rajoy si decidiese retirarse de la política y volver, como está en su derecho, a su destino como registrador en Santa Pola? «Probablemente mucho mejor que ahora», responde Riquelme desde detrás de su escritorio, mientras extiende el brazo gráficamente para abarcar la vista de los ventanales: una soleada mañana sobre el tranquilo puerto pesquero. «Si mañana se cansara de la política, podría volver a su destino, con el sueldo que le correspondiera».

Menos ingresos

El asunto de la retribución, eso sí, es más espinoso. El propio Rajoy ha señalado que, como registrador, probablemente ganaría más que como presidente del Gobierno. Depende. Los registradores obtienen unos ingresos en función de los beneficios del Registro que dirigen -que se autofinancian-. Y «la actividad y el volumen de trabajo han caído entre un 50 y un 70% respecto a 2008», aclara Riquelme. De hecho, ha tenido que realizar un ERE en el Registro. «Antes teníamos quince empleados y ahora quedan once».

Pero, cuestiones económicas al margen, Riquelme se muestra convencido de que la actividad como registrador es más agradecida que la de presidente del Gobierno. «Para empezar, no le insultarían, no estaría todo el día en la refriega política ni sufriría los sinsabores que conllevan las épocas de vacas flacas... además de tener un trato directo con el cliente y poder servirlo lo mejor posible».

Si regresara a su Registro, Rajoy se encontraría con una jornada laboral de nueve a dos y de cuatro a seis, para despachar documentos, atender las consultas de los clientes sobre las escrituras... Eso sí, advierte de que el suyo «es un trabajo muy concienzudo, en el que respondemos nosotros personal y patrimonialmente». Es decir, «si cometemos un error, lo pagamos nosotros, no el Estado».

Vocación política

Sin embargo, Riquelme ve poco probable que Rajoy regrese. Al menos a corto plazo. Hay dos cosas que tiene claras sobre el que fuera su compañero de oposición. La primera, su vocación política. La segunda, su rectitud.

Recuerda que desde que se conocieron, apenas veinteañeros, el hoy presidente del Gobierno «me decía siempre: Tengo unas ideas que creo que pueden ser buenas para España. Si me sale bien, perfecto, y si no, me iré a casa». Sobre la rectitud, el registrador accidental de Santa Pola relata una anéctoda más reveladora si cabe.

Corría el año 1989 y, después de su paso por la Diputación de Pontevedra, Rajoy había dedicado los dos últimos años a ejercer efectivamente como titular del Registro. Tras las elecciones generales, el hoy presidente se convirtió en diputado nacional y, según la Ley aprobada por el PSOE en 1984, pasaba a situación de servicios especiales: es decir, conservaba su plaza y destino. El joven Rajoy entró un buen día en la Dirección General del Registro, en el Ministerio de Justicia, y espetó: «Quiero que me arreglen la situación para que nunca me puedan sacar los colores en el Parlamento».

Evidentemente, el arreglo que buscaba Rajoy era imposible por la propia ley aprobada por el Gobierno socialista: su plaza era suya hasta el día en que se jubilase. Eso sí, Riquelme enfatiza que «no recibe ni un euro por mantener la titularidad del Registro», como se ha especulado. Y recuerda que su situación no difiere de la que vivió el juez Garzón en 1993, cuando se convirtió en diputado del PSOE.

Si algún día Rajoy pierde la vocación política que le adivinó su compañero de promoción en 1978, siempre podrá regresar a su plaza de registrador. A vivir «más tranquilo». Eso sí, seguramente antes tendría que someterse a un intenso reciclaje para adaptarse a los nuevos tiempos.

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